<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888</id><updated>2012-02-17T21:32:50.990+01:00</updated><title type='text'>el block de rapatundas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>32</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-1845273787124195351</id><published>2009-05-12T22:29:00.000+02:00</published><updated>2009-05-12T22:30:26.539+02:00</updated><title type='text'>Un paralelo equivocado</title><content type='html'>En cierta ocasión me desperté del revés y todo ocurrió como nunca debería haber ocurrido, pues me levanté dormido.&lt;br /&gt; Viví la vida como un sueño y acabé pellizcándome los mofletes para saber cuando volvería a la realidad. Comí, bebí, hablé, trabajé…. Y sin embargo me resultó todo tan intangible, tan irreal, como el viaje en una blanca y suave nube.&lt;br /&gt; No obstante, lo peor no fue eso, que aunque desagradable fue penosamente soportable, sino que en la hora de acostarme, al acabar tan largo día, me sumergí en la irrealidad de los sueños y comprendí que me había despertado del revés, en medio de mis propios sueños y sin ninguna posibilidad de poder evitarlos.&lt;br /&gt; Así pues, me convertí en el hombre dormido y, al caer la noche, en un sueño despierto. Dos mundos con un mismo origen, dos mundos paralelos, y un viajero equivocado.&lt;br /&gt; Mis amistades mas reales brotaban por entre los pliegues de mi cerebro, mientras descansaban sobre la almohada, y mi trabajo, mi casa, el origen de mi propia vida, vagaba entre las neblinas de un ser descoordinado, sin ninguna coherencia vital.&lt;br /&gt; No tardaron en encerrarme en un psiquiátrico, en un lugar en donde mis balanceos tuvieran algún tipo de asidero aunque solo fuera material. Una especie de anclaje para mi viaje equivocado.&lt;br /&gt; Mientras, en los sueños, viví la más dura de las fantasías. Pude profundizar y analizar con claridad los momentos imaginados en la profundidad de mi cerebro, retratar los colores de mi imaginación, e incluso tocar los seres imaginados de cada sueño. Volví a la infancia en numerosas ocasiones, acabé aplastado tras caer de una enorme montaña o de un andamio situado en el último piso de un rascacielos, practiqué todo tipo de sexo, y con todo tipo de cosas, animales, personas, incluso monstruos monstruosos.&lt;br /&gt; Viajé, robé, devoré y fui devorado…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Todo eso, todo eso, hasta que desperté del derecho y me dieron el alta en el psiquiátrico en donde estaba ingresado. Luego, me hicieron creer que todo había sido mentira y que la única realidad era la producida por el propio mundo real.&lt;br /&gt; Se olvidaron, no obstante, de catalogar mi propia persona y decir si en realidad yoera un ser real o, sencillamente, un espurio fantasioso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-1845273787124195351?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/1845273787124195351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=1845273787124195351' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1845273787124195351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1845273787124195351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2009/05/un-paralelo-equivocado.html' title='Un paralelo equivocado'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-6845115535107269056</id><published>2008-12-23T22:16:00.001+01:00</published><updated>2008-12-23T22:16:24.939+01:00</updated><title type='text'>La clave</title><content type='html'>El doctor Anigramopoulos observaba la pared de la cueva con cierto detenimiento. Había descifrado casi por completo el significado de los símbolos allí expuestos, plasmados por un vieja raza hacía millones de años.&lt;br /&gt;Si, comprendía que aquellas enormes montañas tan geométricas debían haber sido viviendas. O que aquellos armatrostes de metal eran vehículos sobre ruedas y tal y como los Gramopoulos habían utilizado en su reciente historia.&lt;br /&gt;También comprendía que aquella raza había sido bastante social, que habían aprendido a vivir juntos y que habían colaborado en el desarrollo de su civilización.&lt;br /&gt;Sin embargo, había algo que se le escapaba... aquel símbolo en las paredes, tan sencillo, tan pequeño, le era imposible de descifrar. Y una extraña desazón le recorría por dentro. Sabía que aun siendo tan simple, el símbolo escondía algo fundamental e importantísimo sobre la raza que llevaba estudiando toda su vida.&lt;br /&gt;Esa curva acostada, esa referencia constante en todas las imágenes de los habitantes de aquel lejano pasado.&lt;br /&gt;Activó el ordenador en el aire y empezó a pasar todas las fotos que había podido recopilar en esa cueva llamada Metro... La mayoría eran rostros de la raza desaparecida y la mayoría tenían la curva acostada dibujada sobre sus caras...&lt;br /&gt;Que significaba, que significaba aquel gesto.&lt;br /&gt;El doctor Anigramopoulos desconectó las imágenes, hastiado por haberlas visto mil veces, y subió hacia la superficie de mala gana, y sin haber desentrañado una vez mas el significado de una sonrisa...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-6845115535107269056?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/6845115535107269056/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=6845115535107269056' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6845115535107269056'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6845115535107269056'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/12/la-clave.html' title='La clave'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-868615978023449400</id><published>2008-11-08T11:30:00.000+01:00</published><updated>2008-11-08T11:31:34.257+01:00</updated><title type='text'>Tal palo</title><content type='html'>Las sombras tenían la forma de un par de monjes vistos de perfil. Se asentaban sobre el grueso marco de piedra de la entrada y se movían al ritmo del crepitar de las llamas. Mi fiel Bondadoso las miraba entretenido mientras yo lo acariciaba. De vez en cuando, al par del alboroto de la hoguera, erguía sus orejas como si entendiera el lenguaje de la lumbre y ponía en tensión todas las facciones de su feo rostro.&lt;br /&gt;Estábamos solos en el castillo, abandonados por la suerte, y esperaba la llegada del verdugo: de mi padre, a quien había intentado arrebatarle la corona del reino tras una “soberana” traición.&lt;br /&gt;- Inútil – me parecía oír en el silencio, muy dentro de mí.&lt;br /&gt;Y en verdad que sí. Era un inútil. Me había vendido al enemigo para obtener aquello que la salud de hierro de mi progenitor me negaba y, finalmente, el viejo y toda su cohorte de bellacos sanguinarios habían acabado con mis nuevos aliados, con mis esperanzas y, por seguro, con una vida a la que a lo sumo no quedaría mucho más de cien alientos.&lt;br /&gt;- Inútil – esta vez si: era la voz rota del rey, entrando en el salón -. Encargas un trabajo de hombres a una pandilla de inútiles y el mas inútil, mi propio hijo, se queda a la carón de las brasas, frotándole las nalgas a un chucho apestoso.&lt;br /&gt;Bondadoso, mi perro, lo miró sin mucho interés. La historia, a pesar de haberlo nombrado, no iba con él.&lt;br /&gt;- Padre, yo…&lt;br /&gt;- ¿¡¡¡ Qué le habré hecho yo a ese dios tan miserable!!!?? ¡¡¿¿Qué le habré hecho?!!! ¿¡¡Qué le habré hecho para merecer un vástago tan inútil??!!&lt;br /&gt;Inútil, era sin duda su palabra favorita. No se de quien la habría aprendido en la niñez, pero de buen maestro sin duda.&lt;br /&gt;- ¿Y ahora? – me preguntó, como si mi respuesta valiera algo.&lt;br /&gt;- Yo….&lt;br /&gt;- ¡Cállate! ¡No quiero oír tu voz nunca más!&lt;br /&gt;Cerré la boca compungido, apretando los labios, y esperé mi sentencia.&lt;br /&gt;Bondadoso, a mi lado, se despellejaba tras las orejas con su pata trasera.&lt;br /&gt;-Te cortaré la cabeza… No – se rectificó -, el hijo de un rey no puede morir decapitado. Es un mal ejemplo que no debe cundir. Mejor – continuó -, te desmembraré las extremidades con el galope de mis caballos…. Mas… tu madre no lo vería demasiado bien; sobre todo por los invitados a tu entierro y la mala imagen del descosido.&lt;br /&gt;Paseó un buen rato por el salón, entre las sombras que provocaba la hoguera sobre los tapices de las paredes, hasta que, iluminado en la tibia oscuridad, se detuvo y dijo no sin cierta alegría:&lt;br /&gt;- Ya se. Mañana saldremos de caza, a los bosques de la Traba, y una ballesta te atravesará el corazón de lado a lado y con muy mala suerte. Así, morirás con cierto honor, sin provocar suspicacias, y sobre los campos en donde algún día deberías reinar. Más…&lt;br /&gt;Se detuvo de nuevo, apesarado, y se echó las manos a la cabeza.&lt;br /&gt;- Más si es mi arma la que te siegue la vida, aun ha de haber algún noble que se ría de mi mala puntería y…&lt;br /&gt;- Puede hacerlo cualquier soldado – le apunté con cierta gracia.&lt;br /&gt;- ¿Y negarme el placer de arrancarte yo mismo la vida?&lt;br /&gt;Le miré a los ojos, a aquellos ojos que despedían chispas, culebras, y algún que otro sapo rugoso y rojizo, y antes de que su apestosa boca se abriera para decirlo, lo dije yo mismo:&lt;br /&gt;- Inútil.&lt;br /&gt;Bondadoso miró al rey, quizás esperando una furia desatada, pero pronto, muy pronto, se dio cuenta de que su amo tenía a quien parecerse, por lo que, aburrido, el chucho se volvió hacia la hoguera, estiró todo su cuerpo, y siguió durmiendo ante la falta de novedades.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-868615978023449400?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/868615978023449400/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=868615978023449400' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/868615978023449400'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/868615978023449400'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/11/tal-palo.html' title='Tal palo'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-1874826884570423158</id><published>2008-10-25T09:25:00.000+02:00</published><updated>2008-10-25T09:27:46.773+02:00</updated><title type='text'>Sin escrúpulos</title><content type='html'>Una fría niebla desciende por la ladera. Sobre la hierba brilla el manto de la humedad como si fuera un campo de estrellas. Cruzo las piernas y me siento. Enciendo un cigarro, aspiro el humo, y dejo que el soplo de mis pulmones se mezcle con la atmósfera que me rodea.&lt;br /&gt;Es de noche, muy oscura, sin sonidos ni distracciones.&lt;br /&gt;Solo yo.&lt;br /&gt;Me cubro con una manta: rodeo los hombros y aprovecho un resquicio de la misma para limpiar el sudor de mi frente.&lt;br /&gt;Suena el móvil.&lt;br /&gt;Abro los ojos, desaparece la niebla, desaparece la hierba, desaparece la noche….&lt;br /&gt;- Si.&lt;br /&gt;- Tiene que ser hoy.&lt;br /&gt;- De acuerdo – y apago el móvil.&lt;br /&gt;Cierro los ojos y me encuentro de nuevo en la ladera de una montaña, a un millón de años luz de mi planeta y esperando que baje el demonio de la cumbre en donde está escondido.&lt;br /&gt;Espero.&lt;br /&gt;Enciendo otro cigarrillo.&lt;br /&gt;Por detrás de una pequeña loma atisbo una figura errática que camina sin rumbo, haciendo eses, como si fuera una cometa sin cola empujada por el viento.&lt;br /&gt;Es el demonio.&lt;br /&gt;Saco el rifle de su funda, apago el cigarrillo.&lt;br /&gt;El demonio sigue bajando, confiado en su soledad.&lt;br /&gt;Apunto….&lt;br /&gt;Sin embargo, hay algo que me confunde. Un sonido, un extraño sonido que jamás creí poder oír en semejante ser.&lt;br /&gt;El demonio está llorando. Llora de rabia y a borbotones. Su horrible rostro esta lleno brillantes lagunas y de la nariz respingona cuelga un enorme lagrimón.&lt;br /&gt;Me levanto y dejo que me vea.&lt;br /&gt;Se sorprende y deja de llorar.&lt;br /&gt;- Tienes que volver – le digo.&lt;br /&gt;- No quiero.&lt;br /&gt;- Lo siento – le digo mientras levantó el largo cañón del rifle -. Es una orden.&lt;br /&gt;- No lo hagas.&lt;br /&gt;Apunto…. Disparo…. y desaparece la niebla, desaparece la montaña, desaparece todo.&lt;br /&gt;Me encuentro en mi hogar, con mi vida, con mis cosas… y con una lucha interna resuelta. Vuelvo a ser yo, en mi justo equilibrio.&lt;br /&gt;Y suena el móvil.&lt;br /&gt;- ¿Ya lo has hecho? – me pregunta mi jefe de nuevo.&lt;br /&gt;- No, aun no.&lt;br /&gt;- ¿Y a qué esperas?&lt;br /&gt;Cuelgo.&lt;br /&gt;Cierro los ojos, veo a mi demonio, a mi horrible demonio interior, preso de mil cadenas, encerrado en la cárcel de mis carnes y de mis pensamientos, y me dirijo hacia mi lugar en el mundo, a hacer lo que haga falta, a hacer lo que me pida y sin protestar.&lt;br /&gt;Sin escrúpulos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-1874826884570423158?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/1874826884570423158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=1874826884570423158' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1874826884570423158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1874826884570423158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/10/sin-escrpulos.html' title='Sin escrúpulos'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-4008512417470525734</id><published>2008-09-18T16:11:00.001+02:00</published><updated>2008-09-18T16:11:55.228+02:00</updated><title type='text'>White</title><content type='html'>Redlong abatió todos sus folios contra la pared y se levantó de su sillón muy enfadado. Desde hacía meses, casi un año, no era capaz de articular mas de cinco párrafos seguidos, como si su inspiración narrativa hubiese sido arrancada de su mente para siempre y sus neuronas literarias hubiesen sido absorbidas por la nada sideral; y así, sus plazos con las revistas para las que trabajaba empezaron a vencer, dejando que su cuenta corriente quebrara al no recibir pecunio económico alguno.&lt;br /&gt;  Redlong estaba desesperado. Su casa, su coche, su familia... Todo aquello que había construido alrededor de sus palabras podía derrumbarse ante la miseria y, lo peor de todo, es que no sabía de las causas de su desazón lingüística.&lt;br /&gt;  Al parecer, su fin como escritor, la gran sequía, la tumba perpetua de su musa, había llegado. &lt;br /&gt;  No obstante, quedaba una salida, una única oportunidad a la que siempre se había negado amparándose en la honestidad y en el buen trabajo; pero que, llegados estos momentos y ante lo que ahora vivía, parecía obligado a hacer:&lt;br /&gt;  Redlong acudió a las oficinas de los laboratorios NILL-BOK, situados en el edificio más alto de Bolonia, y pidió una entrevista con uno de los sub-directores.&lt;br /&gt;  Mister Hansen recibió a Redlong en su amplio y luminoso despacho, decorado con numerosas esculturas metálicas de acero inoxidable que hacían referencia al mar, tanto a los habitantes de las profundidades como a los vehículos marinos, y en el que cada objeto parecía fruto de una extraña perspectiva, como reflejados en espejos cóncavos, o deformes.&lt;br /&gt;  - Este, Mr. Redlong, es, aunque no lo parezca, un Clipper: el velero que revolucionó el tráfico marítimo.&lt;br /&gt;  A Redlong poco le importaban las explicaciones artísticas de Hansen. Sin embargo, sabía que era un preámbulo hacia la consulta que había venido a realizar y aguantaba estoicamente la perorata del alemán.&lt;br /&gt;  - Interesante...&lt;br /&gt;  - Este, este.... es un narval.... y aquello un elefante marino...&lt;br /&gt;  - Vera, Mr. Hansen... yo...&lt;br /&gt;  - Tranquilo Redlong. No se preocupe por nada. Yo ya se a que ha venido.&lt;br /&gt;  - Sin embargo, quería dejar las cosas claras.&lt;br /&gt;  - No tiene que dar explicación alguna. Lo que le está sucediendo es bastante común y nuestros laboratorios han conseguido el remedio perfecto.&lt;br /&gt;  - Pero....&lt;br /&gt;  - Si, Redlong... Comprendo sus precauciones al respeto. Se trata, de momento, de un asunto ilegal, al margen de la ley y, mientras no se aclaren las cosas, puede estar usted tranquilo con nuestra total discrección. Somos los más interesados en que lo suyo no llegué a oídos de nadie y NILL-BOK, aparte de garantizar el perfecto funcionamiento de su producto, le deja muy claro que incluso esta entrevista no ha existido nunca. &lt;br /&gt;  - ¿En que consiste?&lt;br /&gt;  - Usted sabe de sobra lo que es el dopaje en el deporte.&lt;br /&gt;  Redlong asintió.&lt;br /&gt;  - Pues bien, hemos creado una sustancia capaz de activar la parte creativa del cerebro y potenciar la imaginación hasta los extremos más insospechados.&lt;br /&gt;  - ¿Me puede dar algún ejemplo...algún resultado tangible?&lt;br /&gt;  - Por supuesto que no. Pero tenga por seguro que muchos de los más grandes éxitos artísticos que tenemos hoy en el candelero son obra y ayuda de nuestro producto....de nombre... llamémoslo White.&lt;br /&gt;  - ¿Porqué lo comparaba antes con el dopaje de los deportistas? ¿No es una comparación un tanto desafortunada?&lt;br /&gt;  Mister Hansen sonrió. Al parecer, el literato gustaba de las comparaciones; también de las aclaraciones. Sin embargo, el hombre no podía ocultar del todo su desesperación, la marcada necesidad que tenía de la droga que muy pronto iba a tomar.&lt;br /&gt;  - Cuando usted consuma el White recuperará y aumentará su producción literaria. Como el deportista, llegará antes y mejor a la meta. No obstante, y ahí esta el quid del asunto, también tiene su lado negativo.&lt;br /&gt;  -¿Cual?&lt;br /&gt;  - Su creatividad será nutrida con sus otras dotes cerebrales. Me explico: Su adicción por las letras será tal que se desprenderá de muchas de sus actividades cotidianas y se centrará mas en su trabajo... Tampoco quiero exagerar; pero será algo muy similar a lo que le ocurre a esos brokers de la bolsa que están enfrascados entre los números y los gráficos incluso cuando salen de la bolsa o de sus oficinas.&lt;br /&gt;  - Me está asustando... Y pensé que estaría deseando venderme el producto.&lt;br /&gt;  - Lo estoy. Y se lo venderé, por supuesto, pero antes ha de saber de sus consecuencias. El White es nuestro último producto, anhelado por cientos de artistas como si fuera la musa de la inspiración hecha realidad, y no vamos a engañar a nadie con el objeto de ganar un poco mas.&lt;br /&gt;  - ¿Cuánto?&lt;br /&gt;  - El cincuenta por ciento de sus derechos de autor.&lt;br /&gt;  Redlong abrió los ojos desmesuradamente. Nunca, ni con su mujer, había compartido el cincuenta por ciento de nada.&lt;br /&gt;  - Eso es una barbaridad.&lt;br /&gt;  - Dependerá de sus ingresos, señor Redlong - dijo Hansen removiendo tranquilamente el trasero encima del sillón -. Actualmente - añadió cruelmente -, dicha mitad no nos daría ni para tomarnos un café.&lt;br /&gt;  Redlong bajó la cabeza para ocultar todos sus sentimientos: vergüenza, rabia, indignación; y se dio cuenta de que lo que mas deseaba en esos momentos era poder escapar de allí, alejarse de cualquier tipo de ayuda externa de la que nunca antes había necesitado. No obstante, no lo hizo, y cuando salió de la oficina, unos minutos después, fue para bajar hasta el sótano del edificio en donde iba a recibir su primera dosis de White.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Redlong se sentó ante el ordenador, abrió un documento en blanco, y estuvo un buen rato dejándose cegar por tan inmaculado deslumbramiento. Se levantó del sillón, abrió las ventanas de par en par, y dejó que la brisa empujara con suavidad el visillo de las cortinas.&lt;br /&gt;  Nada. No sucedía nada extraño.&lt;br /&gt;  Quizás era demasiado pronto para saber de los efectos de lo que le habían inoculado o, quizás también, todo había sido un gran timo en el que se había dejado caer.... desesperado.&lt;br /&gt;  Se sentó de nuevo. A rumbo, pulso una tecla con su índice, y sobre la pantalla nació una: "ñ". Una diminuta y característica letra que apareció coqueta y distinguida entre la inmensidad del documento, un pequeño símbolo que poco significaba y que, sin embargo, se resaltaba entre el infinito.&lt;br /&gt;  Ñ: de engañado, de ñoño, de sueño, de amaño, de...&lt;br /&gt;  De repente, sus manos se vieron presa de un cierto nerviosismo, trastablillándose sus dedos encima del teclado, y comenzó a escribir lo primero que se le venía a la cabeza: En un principio simples dislates sin orden ni significado que simplemente rellenaban la hoja en blanco del ordenador. No obstante, no bien llevaba diez o doce líneas cuando vio todo mucho más claro. Las cincuenta o sesenta palabras allí escritas tenían tantas vueltas, tantas historias, tantos diferentes significados, que por obra y gracia de su imaginación, iban a tener una historia en común... El poder se estaba trasladando desde su mente hacia sus extremidades y, Redlong, con una enorme y satisfecha sonrisa, empezó a volcar toda esa energía en una historia que muy pronto conmovería al mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  El éxito no tardó en llegar. Su editor, sus críticos habituales, su cuenta corriente, le agradecieron su vuelta a la vida narrativa y la novela fue todo un bet-seller. Incluso un afamado hombre de negocios le propuso que él sería el próximo ganador de un conocido certamen literario y, como no, confiado en sus posibilidades acepto el reto con tanta fe y tanta seguridad que incluso tuvo el valor de pedirle un cuantioso adelanto del millón de euros en que iba a consistir el futuro premio.&lt;br /&gt;  El mundo dejó de ahogarlo, dejó de ser gris; el mundo le pidió excusas por haberlo tratado tan mal y lo recompensó con creces por todo cuanto había padecido. Sentía, además, una verdadera pasión por su trabajo y no pasaba un solo día sin completar sus cinco mil palabras de rigor. Le era tan fácil desarrollar sobre el papel lo que argüía su imaginación que todo cuanto le estaba viniendo en forma de fama y dinero eran como regalos caídos del cielo.&lt;br /&gt;  Un buen día, después de su segunda novela, recibió la llamada de Cesar Valladolid, el propietario de la revista mensual "Cuentos y Fábulas", la publicación más exigente escrita en castellano. La llamada cogió por sorpresa a Redlong, que, aunque era un buen escritor, no creía estar al nivel de quienes en dicha revista trabajaban: algún que otro nobel, premio nacional, o premio Cervantes. Media docena de elegidos cuyas letras estaban impresas desde hacía años entre los clásicos del siglo.&lt;br /&gt;  - ¿Señor Redlong?&lt;br /&gt;  - Si.&lt;br /&gt;  - Permita que me presente: Me llamo Cesar Valladolid, y el motivo de mi llamada es el de invitarlo a publicar un cuento en nuestro próximo número de abril.&lt;br /&gt;  -¿Cómo?&lt;br /&gt;  - Si le interesa y no tiene otros compromisos apalabrados, me gustaría poder contar con su colaboración.&lt;br /&gt;  - Naturalmente que me interesa.&lt;br /&gt;  - Entonces...&lt;br /&gt;  - Cuente conmigo.&lt;br /&gt;  Un mes mas tarde, la foto de Redlong era portada de "Cuentos y fábulas" y su nombre comenzó a mentarse por todos los foros del país con reportajes en la prensa, entrevistas en la radio y en la televisión, y alguna que otra discusión salida de tono en la que los envidiosos expulsaban sapos y serpientes en contra de él. Pero, esto último, era normal: era un elegido, lo sabía, y se gustaba casi tanto de los rencores como de los dulces comentarios de sus admiradores.&lt;br /&gt;  La colaboración de invitado en la revista pasó a ser continua y compartió el espacio de la revista con cuatro escritores mas, convirtiéndose en habitual.&lt;br /&gt;  Estaba en la gloria hasta que...&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;  Su status literario comenzó a verse amenazado por sus compañeros de edición. No es que estuviera bajando la guardia en cuanto a su trabajo. No. Seguía en su nivel habitual, quizás mejorándose con el tiempo; sin embargo, los demás escritores de la revista, como tocados por un ángel del cielo, comenzaron a escribir verdaderas joyas en forma de cuentos y poesía, y raro era el número en que no destacara uno de ellos y él, Redlong, sin embargo, se quedara con las simples aprobaciones superficiales de la crítica.&lt;br /&gt;  Estaba claro que si no escribía algo importante dentro del año pronto iba a pasar a la reserva, desplazado por algún novato emprendedor e imaginativo, y no quería volver a caer en el pozo por nada del mundo.&lt;br /&gt;  Era el momento apropiado para pasarse por los laboratorios NILL-BOK y aumentar la dosis de la milagrosa medicina:&lt;br /&gt;  - Bienvenido Mr. Redlong - le dijo el alegre sub-director del laboratorio, el señor Hansen, un soleado miércoles de Junio.&lt;br /&gt;  - Hola.&lt;br /&gt;  Había cambiado por completo la decoración de su despacho y, si antes el tema que inspiraba todos los detalles era de origen marinero, ahora los cuadros y las esculturas se centraban en el cuerpo masculino, en desnudos inocentes que rebelaban al hombre como una criaturilla más de la naturaleza.&lt;br /&gt;  - ¿A qué debo tan grata visita? No creo que, viendo lo que veo, tenga demasiadas quejas - repuso Hansen ante su inmaculado traje de cara marca italiana.&lt;br /&gt;  - Y ustedes, con mi cachito de cincuenta... cincuenta, tampoco.&lt;br /&gt;  Hansen lo señaló con el índice, como aprobando su agudeza.&lt;br /&gt;  - ¿Y bien?&lt;br /&gt;  - Necesito aumentar la dosis.&lt;br /&gt;  - ¿Por?&lt;br /&gt;  - Considero que estoy en un punto de estancamiento, que mi meta está un poco mas arriba, y...&lt;br /&gt;  - Es usted muy ambicioso.&lt;br /&gt;  - Como ustedes.&lt;br /&gt;  - Efectivamente.&lt;br /&gt;  - ¿Y bien?&lt;br /&gt;  - Estamos para servirle señor Redlong. Ahora bien...&lt;br /&gt;  - ¿Qué?&lt;br /&gt;  - Eso supondrá que el cincuenta por ciento sea un porcentaje bastante escuálido para lo que va a recibir.&lt;br /&gt;  Redlong, como la última vez que había estado allí, se revolvió inquieto en su asiento.&lt;br /&gt;  - ¡Pero no es justo! Si yo prospero, mi fortuna aumenta y la mitad de mi fortuna también.&lt;br /&gt;  - Pues váyase tranquilo, por esa puerta, señor Redlong.&lt;br /&gt;  - ¿Cuánto? - dijo al fin el escritor, sabiendo que no tenía demasiadas opciones.&lt;br /&gt;  - El ochenta por cien de sus ingresos.&lt;br /&gt;  Redlong abrió la boca con la sorpresa. Entregar el ochenta por cien de su salario iba a ser de lo más doloroso que había hecho en toda su vida. ¿En cuantas de sus novelas hacía mención a la explotación, incluso al esclavismo, y ahora, ahora, se convertía en uno de sus más miserables personajes?&lt;br /&gt;  - Acepto - dijo sin mas, con toda seriedad, y sabiendo que cuando menos, las sanguijuelas de ese laboratorio no le usurpaban la fama, la gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Aumentó. Todo aumentó. El nivel de sus trabajos, el caudal de sus ingresos, su fama, su relevancia mundial... y la de sus compañeros de revista, al cabo del tiempo, también. &lt;br /&gt;  Cuando Redlong creía haberse puesto a la par de los mejores, volvió a suceder que se encontró ante la mejor generación de escritores del último medio siglo y no pudo menos que admirar entre lágrimas y envidias que iba a necesitar de otro empujoncito:&lt;br /&gt;  Mas dosis, mas porcentaje para los laboratorios NILL-BOK, y, al cabo del tiempo, mismos resultados...&lt;br /&gt; Estaba luchando contra un enemigo imbatible que, seguramente, disponía de sus mismas armas pero que iban algo adelantados con respecto a él. Si, no le cabía la menor duda. Los demás autores estaban dopados hasta las tetas con su misma medicina y, seguramente, trabajaban gratis por  la simple gloria.&lt;br /&gt;  Pero eso no le iba a suceder a él. No iba a dejarse la piel por un premio Nobel, por compartir estantería con los grandes clásicos. De eso nada. Si había un límite para él, ya lo había tocado. Dejaría de tomar esa mierda que tantas y tantas historias provocaba desde su cabeza hasta el papel y volvería por sus fueros, cuando para articular un par de párrafos tenía que esforzar su vista.&lt;br /&gt;  Por todo ello, por esa decisión de alejarse de lo artificial, voló hasta Bolonia, hacia los conocidos laboratorios NILL-BOK, y pidió una entrevista con Hansen.&lt;br /&gt;  - Voy a dejarlo todo.&lt;br /&gt;  - ¿Cómo dice?&lt;br /&gt;  - Que voy a dejarlo todo. No puedo seguir con esta farsa.&lt;br /&gt;  - ¿Se da cuenta de lo que pierde con esa decisión?&lt;br /&gt;  - Lo se. Pero me es imposible llegar a la cima. Ustedes han suministrado el White a gente más capacitada que yo para el trabajo y...&lt;br /&gt;  - No.&lt;br /&gt;  - ¿?&lt;br /&gt;  - Hemos suministrado el White a unos cuantos actores, a siete u ocho pintores, a un par de políticos... y a un escritor de tratados filosóficos.&lt;br /&gt;  Redlong se quedó mudo. No podía ser. El tipo que tenía enfrente tenía que estar mintiendo.&lt;br /&gt;  - Sin embargo, también hacen uso de nuestros servicios - añadió Hansen.&lt;br /&gt;  - ¿Quienes...&lt;br /&gt;  - Sus compañeros en la revista "Cuentos y fábulas", por ejemplo.... ¿no lo sabía?&lt;br /&gt;  El escritor movió, atolondrado, la cabeza. No entendía nada.&lt;br /&gt;  - ¿Existe luego otro producto? - dijo al fin.&lt;br /&gt;  Hansen movió de lado a lado su cabeza, negando.&lt;br /&gt;  - ¿Entonces?&lt;br /&gt;  - NILL-BOK es una gran empresa. Tiene su sección biogenética, su sección bioquímica, y, finalmente, su sección tecnológica.&lt;br /&gt;  - ¿Tecnológica?&lt;br /&gt;  - Si, maquinitas llenas de cables que hacen de todo...&lt;br /&gt;  - No.&lt;br /&gt;  - Si, señor Redlong.&lt;br /&gt;  - No puede...&lt;br /&gt;  - Claro que puede. Usted ha estado compitiendo con unos fabulosos, y nunca mejor dicho, programas de informática que generan arte, belleza, sentimientos, y enormes cantidades de gloria a quienes suplen simplemente en el trabajo.&lt;br /&gt;  - No.... &lt;br /&gt;  Redlong vio como se detenía el tiempo. El mundo era una mierda. La literatura, aquello que hasta hacía unos momentos había amado con todo su ser, el fruto de unos circuitos.&lt;br /&gt;  - Además, señor Redlong, es mucho más limpio que el White. No tiene porque preocuparse por sus efectos en la salud y...&lt;br /&gt;  - ¡Pero es un engaño!&lt;br /&gt;  - El White también lo era... y supongo que el vino que tomaba Cervantes y todos sus parientes del gremio.&lt;br /&gt;  Redlong se levantó. Debía abandonar aquel lugar cuanto antes. Estaba en la cueva del diablo y necesitaba respirar un poco de bien cuanto antes.&lt;br /&gt;  Sin embargo, cuando estaba a punto de atravesar el umbral de la puerta, el señor Hansen, sub-director de los laboratorios NILL-BOK, susurró por detrás un porcentaje bastante aceptable y, con lágrimas en los ojos, Redlong detuvo su paso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-4008512417470525734?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/4008512417470525734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=4008512417470525734' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/4008512417470525734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/4008512417470525734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/09/white.html' title='White'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-8208358528722711970</id><published>2008-09-03T21:27:00.000+02:00</published><updated>2008-09-03T21:29:43.474+02:00</updated><title type='text'>A conciencia</title><content type='html'>El tipo puso el disco encima de la mesa y lo empujó hacia mí, deslizándolo con suavidad sobre el oscuro barniz, dando un cierto suspense o emoción a dicho movimiento.&lt;br /&gt;- ¿Está ahí? - pregunté.&lt;br /&gt;El tipo asintió.&lt;br /&gt;Miré con resignación el disco y busqué la billetera en mi chaqueta. Tenía que pagar por el trabajo realizado y lo iba a hacer incluso antes de haber visto el contenido.&lt;br /&gt;El tipo, un tal López, se dio cuenta de que iba a cobrar los seis mil euros acordados y carraspeó nervioso, haciendo patinar la nuez sobre su cuello de arriba abajo y a una velocidad de vértigo.&lt;br /&gt;No obstante, me equivoqué de bolsillo y eso me dio tiempo a alargar la conversación.&lt;br /&gt;- ¿Es habitual?&lt;br /&gt;- ¿Lo qué?&lt;br /&gt;- Esto - dije señalándole el disco -: los cuernos. Descubrir un engaño.&lt;br /&gt;- Bueno, menos de lo que parece. Por lo general se trata de malos entendidos, o de celos, y lo mas corriente, cuando sucede, es que ya se sepa del engaño y se acuda a un investigador privado en busca de pruebas que verifiquen el hecho... El hecho ante un mas que posible litigio judicial. Ya sabe, cosas de dinero.&lt;br /&gt;Encontré la cartera en el otro bolsillo, en el izquierdo, y la coloqué sobre la mesa al lado mismo del disco.&lt;br /&gt;- Entonces... soy un caso raro.&lt;br /&gt;- No, tampoco es eso. Lo que le ha ocurrido a usted, también sucede. Tengo descubierto un buen número de casos similares. De eso puede estar seguro, solo que...&lt;br /&gt;- ¿Qué? - inquirí ante su pausa.&lt;br /&gt;- Sólo que, ya digo, no es lo más habitual.&lt;br /&gt;Abrí la billetera y busqué los billetes en su interior.&lt;br /&gt;Uno, dos, tres...&lt;br /&gt;- ¿Las imágenes son muy... son...?&lt;br /&gt;- Son nítidas - me respondió.&lt;br /&gt;- ¿Y...?&lt;br /&gt;- Fuertes. Son fuertes.&lt;br /&gt;- ¿Cómo de fuertes? - pregunté.&lt;br /&gt;La nuez del investigador privado volvió a hacer un recorrido relampagueante por el gaznate. El hombre quería cobrar de una vez y no le gustaba el cariz que estaba tomando la conversación en esos momentos.&lt;br /&gt;- Usted mismo - me dijo señalando el disco.&lt;br /&gt;Chasqueé la lengua dentro de mi boca en claro gesto de fastidio, prendí de malos modos la punta del cigarrillo, por una esquina, y miré en mi derredor, contemplando la clientela de la cafetería con tan poca fijación que la gente me parecían maniquíes sin rostro.&lt;br /&gt;- Es que no quiero verlo - dije azorado.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;- Si, ya se que es la prueba de la infidelidad, y que le ha costado mucho trabajo, pero... como comprenderá... Es muy doloroso para mí.&lt;br /&gt;- ¿Entonces?&lt;br /&gt;- Me gustaría fiarme de su palabra.&lt;br /&gt;- Ah... - asintió nervioso el hombre, aunque no se si porque al final comprendía mi situación o, si al contrario, porque por un momento pensó en que quizás yo no tenía la intención de pagarle.&lt;br /&gt;- Pues es verdad - dijo rápidamente -. Su mujer le engaña.&lt;br /&gt;Saqué los seis mil euros de su refugio y se los entregué.&lt;br /&gt;El tal López suspiró sin disimulo alguno. Sin duda, estaba necesitado de dinero. Se levantó con energía, como un tiro, y sin despedirse ni pagar el café que había tomado se largó de la cafetería.&lt;br /&gt;Yo, por el contrario, me quedé un buen rato allí sentado, mirando el reflejo plateado del disco, escuchando el murmullo constante de las conversaciones, viendo como pasaban los coches por la avenida.&lt;br /&gt;- Me cobra - le dije al camarero.&lt;br /&gt;Me alcé de mi sitio sin muchos ánimos e hice el amago de dejar el disco allí mismo, sobre la mesa. Más, me pudo la razón y lo metí en el bolsillo con la intención de deshacerme del mismo mas adelante.&lt;br /&gt;Salí a la calle y una suave brisa se encontró con mi rostro y con mi mente abotargada.&lt;br /&gt;No puede ser, no puede ser, no puede ser, me decía por mis adentros, recorriendo todos y cada uno de los gestos de mi mujer en el retrato de mi memoria, analizando su inacabable multitud de proclamas de amor... recordando su sabor, su olor, su sonido.&lt;br /&gt;No puede ser.&lt;br /&gt;Abrí la tapadera de un contenedor y tiré el disco en su interior.&lt;br /&gt;De camino a casa, lloré como un niño que se ha perdido entre la multitud, a borbotones.&lt;br /&gt;Afligido, incrédulo, e indeciso... racionalmente muerto y con el corazón hecho trizas, caí en la cuenta de lo mucho que me dolía la situación y cuando llegué a casa no pude hacer lo que inicialmente tenía previsto: No pude mandarla a la mierda.&lt;br /&gt;Ya lo haría mas tarde.&lt;br /&gt;Pero no fue así. No lo hice. Ni al día siguiente ni al otro. Yo amaba con locura a mi mujer y solo hasta que cierto día, seis meses después, un correo electrónico con remite anónimo me llegó al buzón de mi ordenador, caí en la cuenta del engaño en el que estaba viviendo. El correo me indicaba una dirección de una página web en donde pude ver a mi mujer corriéndose como una perra en los brazos de otro hombre, sorbiendo una polla que no era la mía, refregándose y gozando lo indecible tal y como indicaban sus libidinosos gestos, ronroneando.... gritando de placer, pidiendo mas y mas y mas.&lt;br /&gt;Ese día sufrí una especie de shock nervioso y mi relación matrimonial acabó para siempre. Las imágenes se clavaron como un machete afilado sobre mi cerebro y luego, durante un año, fui un zombie sin vendas ni destino sobre la faz de esta tierra.&lt;br /&gt;Y ahora, que ya me empiezo a encontrar medianamente recuperado, aunque no tengo demasiado claro dicho destino, sigo sin comprender ciertas cosas de ese pasado... de quien me envió el correo, de quien colgó el video en internet... quizás el mismo investigador privado... Y sobre todo, de como pasé seis meses al lado de una mujer que me la estaba dando...&lt;br /&gt;... me la estaba dando a conciencia.&lt;br /&gt;Mi conciencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-8208358528722711970?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/8208358528722711970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=8208358528722711970' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/8208358528722711970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/8208358528722711970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/09/conciencia.html' title='A conciencia'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-6745021158255704795</id><published>2008-08-11T10:06:00.003+02:00</published><updated>2008-08-11T10:55:10.848+02:00</updated><title type='text'>Sin reservas</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/SJ_znqNmtYI/AAAAAAAAADY/nWZBfJBJjiI/s1600-h/vitruvio.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/SJ_znqNmtYI/AAAAAAAAADY/nWZBfJBJjiI/s400/vitruvio.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5233169154699605378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidido a poner fin a mi pobre existencia, alquilé un buen traje con el que despedirme adecuadamente del mundo. Jamás me había vestido de etiqueta y esa era  la ocasión perfecta para hacerlo. Además, me afeité la barba y dejé que la tez blanquecina de mi cara viera la luz por primera vez en cuatro años.&lt;br /&gt;  Y una vez puestos…. ¿Porqué no?... me corté la larga melena de mis pelos, me duché, y me perfumé con una colonia de cincuenta euros el frasco.&lt;br /&gt;  - Que cachondo – me dije en cuanto me vi ante el espejo.&lt;br /&gt; Si, y casi tuve pena de mi mismo, por lo que añadí en tono lamentoso:&lt;br /&gt; - Menudo desperdicio.&lt;br /&gt;  Y es que tenía treinta años, estaba en el pleno apogeo de mis facultades físicas, también mentales, y al verme de pronto en el espejo, sin la inmundicia habitual, pues que me entró la morriña del pasado y un grupúsculo de lágrimas se reunieron en torno a mis pupilas.&lt;br /&gt; Pero era un hombre de palabra y no me iba a volver atrás en la idea de acabar con mi persona.&lt;br /&gt; No obstante, el final no tenía porque ser algo triste y dramático e iba a disfrutarlo hasta el último suspiro.&lt;br /&gt; Salí a la calle. Hacía fresco pero no llovía. Empezaba a anochecer y la juventud corría a refugiarse entre la cerveza y el humo de sus propios cigarros.&lt;br /&gt; - ¿Tiene hora, señora?&lt;br /&gt; - Son las ocho.&lt;br /&gt; - ¿Me permite hacerle una preguntita?&lt;br /&gt; - Claro, joven.&lt;br /&gt;  La mujer detuvo su marcha por la acera, se colocó bien las gafas y apretó los ojillos con la intención de distinguir mis rasgos, quizás por si me conocía. Estaba más cerca de los setenta que de los sesenta y, por su amable disposición, no parecía muy apurada.&lt;br /&gt; Era realmente curioso, pero estaba seguro de que esa misma disposición no sería posible un par de horas antes cuando mi aspecto de huraño y de vagabundo habría vuelto sorda toda su amabilidad.&lt;br /&gt;  - Verá… Si se fuera a morir muy pronto, ¿de cuanto tiempo necesitaría para despedirse correctamente de la vida?&lt;br /&gt; La señora, que esperaba una pregunta más normal, sobre una dirección, una calle, abrió sus ojillos tras las lentes y tardó un buen rato en reaccionar.&lt;br /&gt;  - ¿Qué es… una encuesta?&lt;br /&gt; - Claro, señora.&lt;br /&gt; - Pero es que no entiendo muy bien la pregunta.&lt;br /&gt; - Digamos que Dios le da un tiempo para dejar su conciencia tranquila.&lt;br /&gt; - Esto… Yo…&lt;br /&gt; - ¿Un día sería tiempo suficiente?&lt;br /&gt; - Si, si – me respondió la señora mas por deshacerse de mi que por otra cosa.&lt;br /&gt;  - ¿Veinticuatro horas?&lt;br /&gt;  - Si, si.&lt;br /&gt; - Gracias, señora.&lt;br /&gt; Veinticuatro horas, decidí entonces. Ni un minuto más. Tenía veinticuatro horas hasta las ocho del día siguiente e iba a aprovechar cada segundo que me quedaba por vivir.&lt;br /&gt; Porque el paso del tiempo no es una cuestión baladí: limita los movimientos posibles y hace que estos se tornen irreparables. Así, si quería que mis últimos actos de vida fuesen a tono con el traje que llevaba puesto no debía desperdiciar ni uno solo de mis movimientos, por lo que reparé en una pequeña lista de prioridades y me dispuse a realizarlas todas y hasta llegar a mi propia muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Los amigos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, algún día tuve amigos…. Algún día.&lt;br /&gt;En mi época de estudiante tenía mi pequeño grupo de supervivencia social y los lazos que me unían con Miguel, con Ramitos, con Rony, y con Berto, eran lo suficientemente fuertes como para no sentirme solo durante dicha etapa. Teníamos los mismos intereses u objetivos y nos unía una especie de marca juvenil que nos hacía ligeramente diferentes de los demás: La escalada. Nos encantaba trepar por cuanto acantilado se nos ponía por delante y éramos capaces de pasarnos todo el fin de semana por subirnos a una roca.&lt;br /&gt; Sin embargo no estábamos lo suficientemente preparados y Rony, que era el referente principal de la pandilla, el mejor de todos, empezó a azuzarnos con sus bravuconadas, a buscar el más difícil todavía, y hasta meternos en una ladera inestable a la que nunca deberíamos haber ido. &lt;br /&gt;Aun recuerdo la expresión de Berto mientras se caía hacia atrás desde una altura considerable, quizás cincuenta o sesenta metros; con sus ojos abiertos, su ceño fruncido, y sus manos intentando asirse en el vacío. &lt;br /&gt; Yo no pude hacer nada por él. Estaba a mi lado, riéndose de mis resoplidos por alcanzar una vertiente, cuando vi como sus pies resbalaban en la roca hasta perder el apoyo. Al minuto siguiente, Berto estaba allá abajo, tirado sobre la gravilla de la cantera que hacía un rato estaba intentando coronar. &lt;br /&gt; No pude hacer nada…. Sin embargo, tardé una temporada en comprenderlo. Me encerré en mi casa y no quise saber nada de ninguno de mis amigos. Se que Rony llegó a subir un ocho mil, que Ramitos abrió una clínica dental, y que Miguel, de su natural simpatía, acabó presentando un programa de variedades en una televisión comarcal… Por lo demás, todos intentaron sacarme de mi refugio durante un año o más, pero al final desistieron por cansancio.&lt;br /&gt;- Hola Berto – le dije a mi amigo.&lt;br /&gt; Su lápida sucia y enmohecida guardó silencio.&lt;br /&gt;  - Quizás no debería estar aquí – añadí -. Pronto, muy pronto, me voy a morir y, si es verdad que hay otra vida, pues seguramente acabaremos encontrándonos. Si…. Ya me enteré que quedaste amarrado a una silla de ruedas y que solo podías moverte del cuello para arriba… Y que todos te abandonaron: tus amigos, tu madre, que se murió de pena, y tus ganas de vivir, que finalmente desistieron de buscarte el aliento.&lt;br /&gt;  “ Ya ves. Como puede cambiar la vida en un minuto. Estabas riéndote, mofándote de mi, y después…. Después la nada. &lt;br /&gt;  Te preguntarás también porqué no fui a verte. Y la respuesta es bien sencilla: No quería verte… al menos así, postrado como un vegetal, y aun hoy, si estuvieras vivo, no te visitaría ni por todo el oro del mundo.&lt;br /&gt;  Se que lo comprendes, y aunque te duela y aunque me duela, lo comprendes.&lt;br /&gt;  En cuanto a mi vida, a lo que me queda de vida, ya ves que no voy a dejar que me pase lo que a ti. Yo voy a elegir el momento y el lugar. Yo voy a elegir cómo.&lt;br /&gt;  Ya, ya… Si pudieras hablar, me estarías reprendiendo, intentando convencerme de lo equivocado que estoy, de lo mucho que me queda por vivir… Pero no puedes.&lt;br /&gt;  Estás muerto, Berto. Y muy pronto, yo también lo estaré.&lt;br /&gt;  Chao Berto – me dije para los adentros dándole la espalda a la tumba -. Eras el peor escalador de todos… sin duda. Pero eras un tipo muy especial.&lt;br /&gt;  Chao.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La familia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Timbré en el telefonillo del portal y me respondió una voz infantil y maravillosa.&lt;br /&gt; - Abre cielo – le dije a mi hija.&lt;br /&gt; Tras saludar a unos vecinos que estaban esperando el ascensor decidí subir por las escaleras. Sus miradas, acusadoras, me turbaron ligeramente y subí los escalones de dos en dos.&lt;br /&gt; Tania estaba fuera, me esperaba descalza y encima de un ruedo en forma de Luna.&lt;br /&gt;  - Papi!!!!!!!!! – exclamó sorprendida al ver mi aspecto.&lt;br /&gt; Saltó sobre mi regazo y empezó a comerme a besos. Supongo que no se acordaba de cómo sabían mis mejillas y decidió enjabonarlas con su saliva.&lt;br /&gt; - ¿Y la barba?&lt;br /&gt; - Me la robó un gnomo.&lt;br /&gt; - ¿Y este vestido? – me preguntó tirando de la corbata.&lt;br /&gt; - Se lo robé a un ogro.&lt;br /&gt; - … zapatos?&lt;br /&gt; - … a Homer Simpson.&lt;br /&gt; - … colonia?&lt;br /&gt; -  A Blancanieves y sus siete porritos.&lt;br /&gt; Mi hija era un saco de mimos y yo no iba a privarle de los míos. La veía muy de cuando en cuando, una vez al mes o cada dos, y si por algo me tenía en su memoria era precisamente debido a nuestras mutuas tonterías.&lt;br /&gt;  - ¿Quién es, Tania? – preguntó su madre desde el interior de lo que en algún tiempo había sido mi casa.&lt;br /&gt;  - Ya lo sabes, mamita, ya lo sabes.&lt;br /&gt;  - Claro que lo sabe – le dije a la niña pegando mi boca en su oreja y haciendo que se retorciera con las cosquillas.&lt;br /&gt;  - Pues dile que pase.&lt;br /&gt;  - No, gracias – le respondí a Rosa -. La última vez que me dejaste pasar por poco me matas con una esas tortillas tan sosas que haces.&lt;br /&gt;  Tania se río de mi pequeña maldad.  &lt;br /&gt; - ¿Entonces? – dijo Rosa.&lt;br /&gt;  - Solo quería ver a la niña.&lt;br /&gt;  Me senté allí mismo, encima del ruedo, y dejé que Tania se tirara encima mía desde la altura de tres o cuatro escalones.&lt;br /&gt;  - Me voy a morir – le dije de repente a la niña.&lt;br /&gt;  - ¿Ahora? – me preguntó sorprendida y como si fuera a presenciar mi defunción en ese mismo momento.&lt;br /&gt;  - No, dentro de unas pocas horas.&lt;br /&gt;  - ¿Tas enfermo?&lt;br /&gt;  - No hija, no. Estoy cansado, muy cansado.&lt;br /&gt;  - ¿De trabajar?&lt;br /&gt;  - De vivir. Estoy cansado de vivir. Ya he visto todo lo que tenía que ver y ya me sobra la vida.&lt;br /&gt;  - ¿Es qué nadie te quiere, papi?&lt;br /&gt;  - Que va!!!!!!! Soy el tipo mas afortunado del mundo – dije guiñándole un ojo -. Además de los perros vagabundos de la ciudad y del oso hormiguero del bosque, tengo una hija que me quiere demasiado.&lt;br /&gt;  - ¿Quieres ver los angelitos?&lt;br /&gt;  - Claro… quiero ver si tienen pilila.&lt;br /&gt;  Se río descaradamente y la abracé. &lt;br /&gt;  La abracé por ultima vez.&lt;br /&gt;  - Bueno, ya me voy – le dije.&lt;br /&gt;  - Chao papi – me dijo – Hasta pronto.&lt;br /&gt;  Se metió dentro, apurada, seguramente debido a alguna serie de dibujos que debían dar en la tele y yo bajé las escaleras del mismo modo que las había subido: de dos en dos y con el estómago hecho un nudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    La luz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me desplacé por todos los lugares que mi alma reconocía. Los rincones de la ciudad formaban parte de mi mismo y quise paladear dicha fotografía en vivo.&lt;br /&gt;  La calle Real y sus escaparates luminosos, el puesto de palomitas de la esquina, la tienda de discos del sótano, el adosado del suelo repleto de cáscaras de pipas, y la plaza de Rosalía al fondo, con su palmera gigante asomando por una de sus esquinas.&lt;br /&gt; Los cantones, la zona de copas, el puerto, la estación de ferrocarril, mi viejo colegio, el cine.&lt;br /&gt; Cerré los ojos y aspire un bocado del pasado. &lt;br /&gt; ¿Por qué diablos le tenía cariño a ese lugar tan decrépito? No reconocía ninguna de las voces que escuchaba a mí alrededor y, sin embargo, parecían las voces de siempre.&lt;br /&gt; Abrí los ojos.&lt;br /&gt; Allí estaba la taberna de Amparo, famosa por sus bocadillos de calamares, famosa por ser refugio de los trasnochadores y demás razas del mal vivir y, por supuesto, por Amparo, por su sempiterno mandil de cuadros y su….”ya me pagarás cuando puedas”.&lt;br /&gt;  - ¿Qué va a ser muchacho?&lt;br /&gt;  - Un quinto…. O sino, un tercio.&lt;br /&gt;  - Yo a ti te conozco.&lt;br /&gt;  - Claro, Amparo. Soy de la tropa… ya sabes.&lt;br /&gt;  -  Si, ya se. Ver no veo mucho, pero solo de oír ciertas voces, ya caigo ya. Pero ya hace mucho tiempo de eso… ¿Verdad?&lt;br /&gt;  - Algunos años.&lt;br /&gt;  - ¿Y como te va?&lt;br /&gt;  - Bien.&lt;br /&gt;  - ¿Has dejado esa mierda?&lt;br /&gt;  Amparo me hablaba con toda la naturalidad del mundo. Era franca y directa y yo le respondía de la misma manera. A cualquier otra persona, con tanto atrevimiento, ya le habría dado puerta.&lt;br /&gt;- Si, estuve a la muerte por culpa de una hepatitis y aproveche mi estancia en el hospital para desengancharme.  &lt;br /&gt; - Eso está muy bien.&lt;br /&gt; - Claro… Aquello no era vida.&lt;br /&gt; - ¿Trabajas?&lt;br /&gt; - No.&lt;br /&gt; - ¿Y qué piensas hacer?&lt;br /&gt; - Me voy de aquí. He venido simplemente a despedirme y me voy…&lt;br /&gt; - ¿Te has despedido de tu familia?&lt;br /&gt; - Si, de mi hija, y de mi mejor amigo. Me he despedido de la ciudad.&lt;br /&gt; Amparo abrió una cerveza para ella y bebió a morro de la misma, sin mucho estilo, pero como hacía siempre, limpiándose a continuación los labios con la mano.&lt;br /&gt;  - Estás invitado – me dijo.&lt;br /&gt;  - Gracias.&lt;br /&gt;  - En fin, - dijo acercando la boca de su botella a la mía, amagando un brindis – que tengas un buen viaje.&lt;br /&gt;  - Lo ha de ser, Amparo, lo ha de ser.&lt;br /&gt;  Y bebí hasta acabar con la cerveza.&lt;br /&gt;  La señora Amparo me miró con mucha pena, como si supiera el destino de mi viaje, y se metió a continuación en su pequeña cocina.&lt;br /&gt;  - Hasta luego – dije.&lt;br /&gt;  - Hasta luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  La noche&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Habían pasado veinticuatro horas desde el momento en que me había vestido para la ocasión. La barba volvía a asomar por encima de sus raíces y el traje empezaba a dibujar alguna que otra arruga un tanto caprichosa.&lt;br /&gt; El sol se había ocultado por detrás de una nube, impidiéndome un atardecer de película, y un fino manto de lluvia se pulverizaba en el aire.&lt;br /&gt; Estaba sereno, muy tranquilo, casi a mi pesar. Esperaba tener el pulso acelerado, la respiración entrecortada, pero no, nada de eso, sino todo lo contrario. Mis últimos minutos de vida estaban siendo demasiado normales.&lt;br /&gt; Entré en una ferretería y pedí un paquete de presillas de plástico.&lt;br /&gt;  - ¿Así?&lt;br /&gt;  - No, más gruesas.&lt;br /&gt;  Salí de la ferretería y me dirigí hacia la ensenada, donde el mar giraba haciendo una curva que se comía la tierra y en donde las alcantarillas de toda la ciudad se juntaban para hacer la gran fiesta de los desperdicios. Cientos, miles de litros, se tiraban al mar sin control alguno, convirtiendo aquella ensenada en un lugar solo apto para las ratas y las lombrices.&lt;br /&gt; Me introduje por la boca del gran tubo, entre los olores y las riadas de mierda, y tuve que encender el mechero para ver en la oscuridad. Mi intención era la de buscar algún lugar lo mas inaccesible posible y en donde, con suerte, las alimañas de las alcantarillas acabaran con mi cuerpo. No obstante, tras reptar cien metros por la corriente arriba, me encontré con una cerca de hierro, que me impedía seguir avanzando y, tras comprobar que no podía atravesarla, me apoyé contra ella y comprendí que aquel era el lugar.&lt;br /&gt;  Estaba encharcado. El traje, que había sido el orgullo del día, debía estar perdido, ribeteado con toda clase de detergentes, aceites, incluso excrementos. Menos mal que no había la luz suficiente para poder verlo… &lt;br /&gt; Saqué las presillas de plástico del bolsillo de la chaqueta y me até a la verja de hierro oxidado: primero los pies, luego una mano, y al final, utilizando los dientes tiré de la presilla hasta inmovilizar mi otra mano.&lt;br /&gt; Así, tal como si fuera el hombre de Vitruvio encadenado, me prendí para siempre y de forma que ya no podía soltarme. Si seguía lloviendo, seguramente moriría ahogado; si no lo hacía, si paraba de llover, moriría de hambre, devorado por las alimañas, y con el tiempo suficente para quizás lamentar mi decisión…. &lt;br /&gt;  Porque era mi decisión y yo siempre había sido un hombre de palabra.&lt;br /&gt; Siempre. Aunque eso, era algo que iba a quedar entre mi conciencia y la mierda que circulaba por entre mis piernas.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Adiós pues. Adiós apestoso mundo cruel.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-6745021158255704795?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/6745021158255704795/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=6745021158255704795' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6745021158255704795'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6745021158255704795'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/08/sin-reservas.html' title='Sin reservas'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/SJ_znqNmtYI/AAAAAAAAADY/nWZBfJBJjiI/s72-c/vitruvio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-1786004107962762285</id><published>2008-06-07T12:05:00.001+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:04.167+01:00</updated><title type='text'>Trabajo temporal</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqNbB3JoYI/AAAAAAAAAB4/NWT5-IiIung/s1600-h/azotea.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqNbB3JoYI/AAAAAAAAAB4/NWT5-IiIung/s400/azotea.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105548623073616258" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;- Verás: Durante cinco años he estudiado los perfiles psicológicos del suicida, desde él que avisa, al que no, él que lo hace por despecho, él que lo hace por cansancio, desgana... o por simples asuntos amorosos. En fin, por un sinfín de razones que me chapado a lo largo de dicho tiempo y para lo que me han contratado hace seis meses... &lt;br /&gt;- ¡Qué dice... &lt;br /&gt;- Digo que ya ves como he acabado: subido aquí, debajo de la cornisa de este edificio, contratado temporalmente por la policía nacional, y viendo como se arremolina la gente ahí abajo. &lt;br /&gt;- Por mi se puede ir. No pienso cambiar de opinión. &lt;br /&gt;- Ese es el problema. No me puedo ir de aquí. Si mi jefe ve como te abandono.... zas.... ya no me renuevan el contrato. &lt;br /&gt;- Váyase a la mierda con su contrato! &lt;br /&gt;- ¿En donde crees que estamos muchacho? ¿En una terraza de verano? Esto mismo... esto es la mierda. &lt;br /&gt;- Entonces me tiraré cuanto antes y ya... &lt;br /&gt;- Para, para, para... ¡Quieto ahí! ... Por favor. &lt;br /&gt;- ¿¡Qué cojones te pasa ahora!? &lt;br /&gt;- ¿¡Qué qué me pasa!? ¿¡Qué qué me pasa!? Pues que eres mi quinto caso de suicido; mi quinto caso de suicidio en seis meses... casi uno por mes. &lt;br /&gt;- ¡¿Y qué?! &lt;br /&gt;- Pues que los cuatro casos anteriores han sido un completo fracaso para mí. &lt;br /&gt;- ¿Cómo? &lt;br /&gt;- Que la han espichado. Muerto. Han convertido mi labor en inútil y soy el hazmerreir de la comisaría. Y, además, ya sabes, estoy a punto de renovar y no se si me pasarán por alto un fiambre más. &lt;br /&gt;-¿? &lt;br /&gt;- Si, no me mires así. En el fondo ,que la palmes o no, me importa un carajo. Cada perro se relame sus propios testículos y no voy a ser yo quien te diga lo equivocado que estás. &lt;br /&gt;-.... &lt;br /&gt;- Es mas, a estas alturas de la vida casi te lo recomendaría, que te tiraras. La vida es una porquería, el amor de tu vida, esa chica perfecta, seguramente está poniéndote los cuernos en estos mismos momentos con tu mejor amigo, y por quererte ya no te quiere ni la puta de tu madre. &lt;br /&gt;- ¡Oiga! ¡Sin faltar! ¡Si no quiere venirse conmigo para ahí abajo! &lt;br /&gt;- No me amenaces capullo... ¡Tiene cojones! Perdiendo el tiempo con un mequetrefe como tú y aun tienes las santas narices de levantarme la mano. &lt;br /&gt;- ¡Váyase por favor! &lt;br /&gt;- No puedo. Ya te lo expliqué antes. Y no llores niñato, o quieres que vean un cadáver llorón, un cadáver mojigato lleno de lágrimas.... Total, vas a ser el único que vas a llorar en tu sepelio. &lt;br /&gt;- Usted está loco. &lt;br /&gt;- Loco si, pero con los pies en el suelo... ¿Sabes qué van a decir de ti despues de que tus sesos se desparramen por el asfalto.? &lt;br /&gt;- ¿Qué.... &lt;br /&gt;- Que te faltaba una o dos herviduras, que siempre te lo notaron, lo majara que estabas, y que además eras muy debilucho de carácter... Un membrillo emocional.&lt;br /&gt;- ¡Y a mi que me importa lo que digan! &lt;br /&gt;- Nada, por supuesto. Pero lo dirán. Habrás paseado por la vida como un sonámbulo, sin pena ni gloria alguna, y dentro de cuatro días la gente tendrá problemas de memoria hasta para acordarse de tu nombre. &lt;br /&gt;- Es que yo... &lt;br /&gt;- ¿Tu qué? &lt;br /&gt;- Es que nadie... Es que no tengo a nadie.... A nadie. &lt;br /&gt;- ¿Y eso es un problema sin solución? &lt;br /&gt;- A nadie. &lt;br /&gt;- Pero no llores chaval.... no llores.... ¡ Por mis santos cojones! ¡Qué me estás poniendo triste! &lt;br /&gt;- No tengo a nadie. &lt;br /&gt;- Dame la mano... &lt;br /&gt;- ¿Para qué? &lt;br /&gt;- Ya sabes. &lt;br /&gt;- ¿Para que te renueven el contrato? &lt;br /&gt;- Por lo menos.... &lt;br /&gt;- Mierda, mierda, mierda.... &lt;br /&gt;- Ven aquí.... &lt;br /&gt;- Mierda... &lt;br /&gt;- Gracias chaval, me has hecho un gran favor....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-1786004107962762285?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/1786004107962762285/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=1786004107962762285' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1786004107962762285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1786004107962762285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/06/trabajo-temporal.html' title='Trabajo temporal'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqNbB3JoYI/AAAAAAAAAB4/NWT5-IiIung/s72-c/azotea.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-3096099294847540144</id><published>2008-06-04T16:01:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:04.456+01:00</updated><title type='text'>Vagainmundo</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsqpx3JofI/AAAAAAAAACw/VfPTXxlPINc/s1600-h/miedo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsqpx3JofI/AAAAAAAAACw/VfPTXxlPINc/s400/miedo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105721499802247666" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Apenas tengo recuerdos... Solo de mi padre, que me dijo que me parió la ventisca en una noche de invierno. Sin embargo aquí estoy, en tu pueblo, dispuesto a buscarte, dispuesto a encontrarte.&lt;br /&gt;  No sé como me llamo, no se de donde vengo, aunque sí se quien eres...  El reclamo de mis intereses en esta vida.&lt;br /&gt;  Me llaman Vagainmundo. Tengo el pelo grasiento y largo, aunque cubierto casi siempre por un sombrero de ala ancha. Mis ojos son agudos, siniestros, cada cual de su color, y se reviran constantemente hacia los dos lados, buscándote. Soy alto, y mis piernas, de tanto andar, musculosas, muy robustas. Mi tez es oscura, quemada por los soles de cada día. El rostro, ancho, propio de un germano o un escandinavo... Y me llaman Vagainmundo.&lt;br /&gt;  - Identifíquese.&lt;br /&gt;  Es un policía municipal, a la entrada del pueblo, y situado justo al lado de una urbanización de lujo.&lt;br /&gt;  Me quito el sombrero, miro hacia el sol, volteo los ojos hasta ponerlos en blanco, y comienzo mi plegaria:&lt;br /&gt;  - Isis, madre de terrenal de los demonios, protégeme de la ira, de la sangre, y de todos cuantos pecadores hubiere por estas tierras...&lt;br /&gt;  El policía pierde parte de su firme compostura, me examina con una nueva impronta, la de su condescendencia, y me dice:&lt;br /&gt;  - Está bien, prosiga... Pero no se detenga en el pueblo.&lt;br /&gt;  Me pongo el sombrero en la cabeza, sorteó la moto del policía, y dejo que una sonrisa mane sobre la superficie de mi rostro.&lt;br /&gt;  - Isis, madre toda poderosa, alimenta mi demonio, engórdalo con la maldad.&lt;br /&gt;  Llego a la plaza del pueblo. Los cuatro chiquillos que juegan a la pelota detienen su partida. Demudados de su anterior alboroto, me observan en silencio. Le guiño el ojo al mas pequeño y éste corre asustado a los brazos de su madre.&lt;br /&gt;  Entro en una cafetería, y cesan las palabras. Sin conseguirlo, la docena larga de clientes tratan de identificar la extraña silueta que se recorta con la luz exterior y, como si no supieran de lo que estaban charlando hacía unos segundos, tardan un buen rato en reanudar sus peroratas.&lt;br /&gt;  - ¿Qué quiere? - me dice el camarero, con un tono excesivamente seco.&lt;br /&gt;  Antes de responder, me tomo todo el tiempo del mundo, asentando todas mis pertenencias junto a la barra, sentándome sobre un taburete, y contemplando las evasivas miradas de los demás clientes. &lt;br /&gt;  - Un vaso de agua.&lt;br /&gt;  - ¿Un botellín?&lt;br /&gt;  - No. Un vaso de agua.&lt;br /&gt;  El camarero mira al que debe ser su jefe, el propietario, y éste asiente.&lt;br /&gt;  Me sirve el vaso de agua y yo ni lo toco.&lt;br /&gt;  Pasan los minutos, la hora, y el camarero se acerca a mi lado.&lt;br /&gt;  - ¿No hay sed, amigo?&lt;br /&gt;  - ¿Me conoce? - le respondo.&lt;br /&gt;  - Esto...&lt;br /&gt;  - ¿Porqué me considera entonces su amigo?&lt;br /&gt;  El camarero, un poco asustado, retrocede dentro de la barra, y busca algo que hacer.&lt;br /&gt;  Entonces, casualidad o no, entras tú, mi único objetivo.&lt;br /&gt;  Tú.&lt;br /&gt;  Un bonita chaqueta de cuero marrón cubre tu ropa de marca. El impecable peinado de tus melenas enmarcan la belleza de tu rostro, inmaculado como el de las mil mujeres que me sonríen desde las vallas publicitarias. Guapa como en la orla en la que te conocí.&lt;br /&gt;  Y ahora, al entrar, me eludes y te diriges al fondo de la barra.&lt;br /&gt;  Todos te saludan, todos te conocen, pues a todos  habrás palpado con tus delicadas manos... señora doctora.&lt;br /&gt;  - ¿Lo de siempre Doña Amalia?&lt;br /&gt;  - Si Carlos, lo de siempre... el cortado.&lt;br /&gt;  Me levanto y todos los presentes alzan su mirada hacia mí. Tú no. Tú lees el periódico entretenida.&lt;br /&gt;  Y, en el pulcro silencio que nos rodea, me acerco hasta ti.&lt;br /&gt;  El camarero abre su boca para decir algo, me mira, y la cierra.&lt;br /&gt;  - Amalia - te digo, de pie y justo a tu lado, rozando tu hombro con la cremallera de mi pantalón.&lt;br /&gt;  Tomas un pequeño sorbo de la taza, acabas de leer el párrafo del periódico, y por fin me prestas atención:&lt;br /&gt;  - ¿¡Si?!&lt;br /&gt;  En tu rostro surge la extrañeza. No te habías fijado en mi hasta este momento.&lt;br /&gt;  - ¿Quién es usted? - me preguntas antes de que yo te diga algo.&lt;br /&gt;  - ¿No te acuerdas de mi?&lt;br /&gt;  Te apartas un poco, como si te sintieses amenazada.&lt;br /&gt;  - No - me respondes.&lt;br /&gt;  - ¿Seguro?&lt;br /&gt;  - ¡Deje en paz a la señora! - me dice el camarero.&lt;br /&gt;  Hago caso omiso de tal consejo e insisto:&lt;br /&gt;  - ¿No te acuerdas de mi?&lt;br /&gt;  Amalia. &lt;br /&gt;  Y dudas por primera vez. Algo se despierta en tu interior.&lt;br /&gt;  - Soy yo - digo asintiendo con la cabeza.&lt;br /&gt;  - No puede ser.&lt;br /&gt;  Me ha reconocido. Por fin.&lt;br /&gt;  - ¡Noooo....! - chilla desaforadamente, presa de un pánico repentino.&lt;br /&gt;  - Isis, madre terrenal de mil demonios....&lt;br /&gt;  Entonces, uno de los clientes del bar se abalanza sobre mi y me tira junto a una de las mesas del local.&lt;br /&gt;  Me levanto muy despacio. Recojo el sombrero del suelo y lo coloco en mi cabeza, ciñéndolo sobre la frente.&lt;br /&gt;  La expectación es máxima. Amalia, la joven doctora, respira alterada, fruto de su nerviosismo. &lt;br /&gt;  El cliente que me ha dado el empujón ha cogido una botella de detrás de la barra y la empuña como lo haría con su tranca un mamporrero.&lt;br /&gt;  - ¡Lárguese! - me grita.&lt;br /&gt;  Sonrío.&lt;br /&gt;  Mi misión ya ha sido cumplida.&lt;br /&gt;  - Solo quedáis tres - le digo a la joven doctora.&lt;br /&gt;  -... tress... - susurras entre los dientes.&lt;br /&gt;  - Si, Amalia.&lt;br /&gt;  - ... no puede ser.&lt;br /&gt;  - Tres por visitar. Tres de una docena de petulantes  y orgullosos estudiantes de medicina jugando con el cadáver de un pobre vagabundo... jugando a cambiar sus vísceras de sitio, jugando a...&lt;br /&gt;  - .... no puede ser - dices con el rostro compuesto de terror.&lt;br /&gt;  - Es - grito, clavando mi mirada en la suya.&lt;br /&gt;  Y te desmayas. Te desvaneces y pierdes el sentido.&lt;br /&gt;  El tipo de la botella hace amago de golpearme, pero lo detengo con un solo gesto.&lt;br /&gt;  Me acerco hasta  la barra de la cafetería, bebo el vaso de agua, y salgo del local hacia la plaza del pequeño pueblo.&lt;br /&gt;  El sol luce extraño en el exterior.&lt;br /&gt;  Y a todo esto, he de deciros que soy Vagainmundo, y aunque no se como me llamo, se que me quedan tres estudiantes, ahora médicos, por visitar. Tres medicuchos a los que asustar un poco... devolver la moneda por convertir el cadáver de mi padre, a quien tanto me parezco, en un guiñapo lleno de recortes y mutilaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  - Isis, madre terrenal de los demonios....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Llegué al atardecer, junto al gran río de agua salada... Saqué mi catalejo de pirata de la mochila y busqué en el horizonte los trapos de mi viejo velero bergantín. &lt;br /&gt;  En la arena, las gentes, semi-desnudas, me miraban con atención, y los niños me señalaban.&lt;br /&gt;  - Por Isis....&lt;br /&gt;  Una señora muy mayor, con su ajada piel repleta de pellejos, levantó sus anteojos y me preguntó si podía bañarse. &lt;br /&gt;  - Por mi puede ahogarse - le respondí sin perder de vista la línea que separaba el mar del cielo.&lt;br /&gt;  - Mal-educado...&lt;br /&gt;  Comencé a caminar por donde rompían las olas y  observé con atención los restos que el mar había dejado durante la tarde... Ningún resto digno de ser nombrado: por lo que supuse que la batalla aun no había tenido lugar.&lt;br /&gt;  Poco a poco, fue oscureciendo, y las gentes, lentamente, despejando su presencia de mi lugar.&lt;br /&gt;  Junté unos pocos leños, matojos, y demás ramallaje venido con la marea, e hice una hoguera en medio de la playa.&lt;br /&gt;  - Isis, madre de todos los demonios....&lt;br /&gt;  Y al son de las llamas bailé en honor de mi madre hasta caer desfallecido, dejando que el vapor de mi sudor se deslizase con mi mirada hacia las estrellas.&lt;br /&gt;  De repente, cuando mi ser estaba empezando a viajar por mis adentros, surgió un ruido atronador de entre las dunas y un pequeño sol asomó de las mismas.... dos.... tres.... cuatro motos que empezaron a rodearme con sus sonidos desgarrados, girando como locas hasta hacerme tapar los oídos con la palma de las manos.&lt;br /&gt;  - ....&lt;br /&gt;  Apagaron los motores y se bajaron de la moto, a cuatro o cinco metros de donde yo estaba. Llevaban ropas oscuras y su tranquilo estar denotaba una total tranquilidad.&lt;br /&gt;  - Identifíquese - me dijo uno de los motoristas tras quitarse el casco.&lt;br /&gt;  Encogí el gaznate cuanto pude y con voz ridícula e infantil bramé tembloroso:&lt;br /&gt;  - Soy un pobre desgraciado... un pobre que no tiene donde dormir... que tiene hambre...  y sueño.&lt;br /&gt;  El grupete sonrió divertido.&lt;br /&gt;  - Nombre... Diga su nombre.&lt;br /&gt;  - ¿Quienes son ustedessss?&lt;br /&gt;  - El Seprona.... Guardia civil.&lt;br /&gt;  Mentían. La motos eran de diferente marca y dos de ellos calzaban botines deportivos.&lt;br /&gt;  - Díganos su nombre - insistió el que llevaba la voz cantante mientras uno de ellos se ponía por detrás de mi, a mis espaldas.&lt;br /&gt;  - Déjenme en paz - lloriqueé -. Mi trabajo en este mundo ya se ha acabado.&lt;br /&gt;  - Trabajo... ¿Qué trabajo?&lt;br /&gt;  Me acordé de las divertidas visitas médicas que me habían llevado por toda la península durante los últimos años y dije:&lt;br /&gt;  - Soy sepulturero - bramé.&lt;br /&gt;  Se hizo un extraño silencio. No esperaban que mi voz cambiara de tono repentinamente y que la respuesta fuera tan anodina.&lt;br /&gt;  - Isis, madre de todos los demonios, engorda mi....&lt;br /&gt; El que estaba a mis espaldas me dio una patada entre las paletillas y fui caer de bruces en la hoguera. Durante lo que parecieron unos interminables segundos, y mientras los cuatro motoristas se pasaban una botella de licor, saboreé el calor del fuego. &lt;br /&gt; Cegado por las mil visiones que mi madre me había mostrado en ese pequeño infierno, olisqueé la bruma del mar y percibí la extraña presencia de mis enemigos.... de mis verdaderos enemigos.&lt;br /&gt;  - Perdonen - les dije a aquellos simpáticos muchachos -. Pero debo irme...&lt;br /&gt;  - Ehh...¡!&lt;br /&gt;  - Perdonen - gemí bobaliconamente y como si fuera una puta pendenciera lavando la herramienta del trabajo.&lt;br /&gt;  - ¿A donde crees que vas? - me dijo uno de ellos, que aun no había hablado y que ahora blandía en el aire unas cadenas.&lt;br /&gt;  - Al infierno...&lt;br /&gt;  - Espera - me gritaron al unísono cuando eché a andar por la playa.&lt;br /&gt;  Hice caso omiso de su advertencia. Ellos no se daban cuenta, pero en algún sitio muy cercano había sucedido un desembarco de rutilantes ángeles en busca de mi despiadada alma y yo debía buscar un refugio... Al menos, mientras no llegaran los míos.&lt;br /&gt;  Sentí el abrazo de las cadenas alrededor de mis piernas y visité de nuevo la arena, solo que esta vez no tenía mucho tiempo para charlar con mi madre y me levante con una repentina agilidad.&lt;br /&gt;  Saqué la catana de la base de la mochila y la hice silbar en el aire.&lt;br /&gt;  Primera advertencia.&lt;br /&gt;  - ¿Qué es? - dijo uno de los muchachos algo nervioso. &lt;br /&gt;  - No sé... Está muy oscuro - respondió otro.&lt;br /&gt;  Segunda advertencia.&lt;br /&gt;  - ¿Qué es? - insistió de nuevo. Pero ya no obtuvo respuesta.&lt;br /&gt;   En pie, solo quedaban tres.&lt;br /&gt;  - ¿Miguel....? ¿Qué te pasa Migue....&lt;br /&gt;  Tercera advertencia.&lt;br /&gt;  Dos.... solo dos.&lt;br /&gt;  - ¡Mierda! Yo me voy - gritó con cierta histeria el de las cadenitas antes de regalar su último soplo a este mundo.&lt;br /&gt;  Cuarta advertencia.... &lt;br /&gt;  El último de los muchachos trataba de arrancar la moto con gran ahínco; parecía como si lo persiguiese el diablo. Sin embargo, que curioso, en ese preciso momento, cuando más necesitaba de su montura para alejarse del infierno, esta parecía reírse de él.....&lt;br /&gt;  Blogloglogloglo.....Blogloglogló....&lt;br /&gt;  - Ahogada - le dije socarronamente - Está ahogada.&lt;br /&gt;  Miré el terror de sus ojos. La Luna se reflejaba agónicamente en un iris empantanado por la certeza de quien sabe que va a morir.&lt;br /&gt;  - Isis, madre de todos los demonios...&lt;br /&gt;  Quinta.... última advertencia.&lt;br /&gt;  Y salí corriendo de allí para ocultarme en una pequeña gruta que había entre las rocas. Mis enemigos estaban muy cerca.... podía olerlos, y mi velero bergantín, muy lejos...&lt;br /&gt;  Contuve la respiración cuanto pude y recé durante toda la noche para que no me encontraran.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Al amanecer, cuando supe que Vagainmundo seguía siendo un hombre afortunado, me santigüé de abajo arriba y de izquierda a derecha hasta dibujar seis cruces.&lt;br /&gt;  Y salí hacia la playa.&lt;br /&gt;  En la arena no había restos de ninguna batalla... Solo cuatro desafortunados cuerpos que, descabezados, bailaban al son de las olas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  He renegado en tantas ocasiones del placer que ya solo disfruto con el dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Los incólumes ángeles blancos me han apresado en plena travesía mesetaria cuando me dirigía hacia la capital y me llevan hacia el purgatorio.&lt;br /&gt;  Unas correas de cuero me sujetan sobre la camilla mientras el gota a gota se balancea sobre mis ojos.&lt;br /&gt;  En la parte trasera de la ambulancia en la que viajo me acompañan tres adoradores de la cruz roja que, hipócritas, fingen preocuparse por mí.&lt;br /&gt;  No obstante, trato de sacar provecho de la obligada situación y disfruto de las diversas drogas que han emponzoñado la sangre de mis venas. Ya llegará la ocasión en que pueda abordar su irredenta bondad... en que pueda aprovechar las fisuras de su honesta perseverancia para poder regresar junto a los míos.&lt;br /&gt;  - Isis...&lt;br /&gt;  - ¿Quién es esa Isis? - dice la única mujer del grupo.&lt;br /&gt;  - Una diosa Egipcia - le responde un compañero.&lt;br /&gt;  La miro fijamente, sin parpadear.&lt;br /&gt;  Ella se da cuenta, pero lo disimula.&lt;br /&gt;  - ¿Y porqué la nombra continuamente?&lt;br /&gt;  - Es su madre...&lt;br /&gt;  - ¿Qué?&lt;br /&gt;  - El tipo es huérfano de madre y se ha inventado el rollo de Isis para suplir su falta.&lt;br /&gt;  - Curioso - dice ella.... por sus labios... sedosos.&lt;br /&gt;  - Puta - le susurro con cariño.&lt;br /&gt;  Un tanto ofendida, la mujer se acerca al gotero, abre un poco mas la espita del líquido, y un mar de sueño inunda todo mi cuerpo.&lt;br /&gt;  Maravilloso.&lt;br /&gt;  Es un buen momento para pelear con mis pesadillas:&lt;br /&gt;  Me arranco la camisa del cuerpo y delante de una imagen de la Virgen María empiezo a lacerar mi espalda hasta despertar a todos los vampiros sedientos de mi alma. El primero: mi padre, que veloz ha acudido a lamer los surcos que dibuja mi líquido vital.&lt;br /&gt;  - Hijo mío.... ¿En qué te has convertido?&lt;br /&gt;  - En tu peor imagen.&lt;br /&gt;  - Yo solo quería que fueras un vulgar ladronzuelo.&lt;br /&gt;  - Ellos no me han dejado.&lt;br /&gt;  - Ellos...&lt;br /&gt;  - Si, padre. Son Cristianos...&lt;br /&gt;  - Comprendo.&lt;br /&gt;  - Se inmiscuyen y abordan. Son conquistadores. Me han clasificado en el margen oscuro y quieren derrotarme.&lt;br /&gt;  - Ríndete, hijo.&lt;br /&gt;  - Ya me he rendido... Pero Isis no.... no deja que Vagainmundo desaparezca. Soy uno de los pocos que puede hacer resurgir la realidad... y un día, cuando nos reunamos...&lt;br /&gt;  Mi padre sonríe. Me fijo en las numerosas cicatrices que atraviesan su cara y me doy cuenta de que estoy hablando con un muerto.&lt;br /&gt;  - Adios padre.&lt;br /&gt;  Y la sonrisa de mi padre surge bajo el rostro de mi primer tutor... El tirano Dominico Aurelio que me adoptó como su criado.&lt;br /&gt;  - ¿Qué diantres haces miserable? ¿No tienes otra cosa que hacer?&lt;br /&gt;  Me encojo como un perrillo y espero a que me atice... pues siempre tengo la culpa.&lt;br /&gt;  - ¡Demonio! ¡Qué eres un demonio!&lt;br /&gt;  - Perdóneme...&lt;br /&gt;  - ¿Dónde está el queso y el pan? ¡Ya te los has comido, maldito!&lt;br /&gt;  - No... Pero....&lt;br /&gt;  - ¿Qué?&lt;br /&gt;  Y cuando se acerca, le beso la mejilla.&lt;br /&gt;  Recibo un guantazo que me arroja sobre las tablillas del suelo y susurro aquello que nunca quiere oír:&lt;br /&gt;  - Lo quiero... Yo lo amo padre Aurelio... Deseo mojarme con usted....&lt;br /&gt;  - ¡Cállate! ¡Demonio!&lt;br /&gt;  Y le enseño la carne de mi pene mientras susurra el nombre de su dios por encima de sus vetustas gafas.&lt;br /&gt;  - Fantástico - digo.&lt;br /&gt;  Y despierto en la ambulancia.&lt;br /&gt;  - ¿Qué es fantástico? - me pregunta el ángel que me cuida tras descuidar su lectura.&lt;br /&gt;  - Ser aborrecido por quien te ama.&lt;br /&gt;  Se queda un poco traspuesto con mis palabras y, quitándoles importancia, reanuda su viaje por las páginas de un estúpido libro.&lt;br /&gt;  - ¿Porqué tardamos tanto? - le pregunto.&lt;br /&gt;  - Están comiendo... Estamos en una estación de servicio y los demás están comiendo.&lt;br /&gt;  Sonrió. Mi ángel parece una buena persona.&lt;br /&gt;  Peor para él.&lt;br /&gt;  - ¿Podías ayudarme? - le digo educadamente.&lt;br /&gt;  - No - me responde con sequedad.&lt;br /&gt;  - Tengo llagas.... amigo...&lt;br /&gt;  - Ya te las curaran.&lt;br /&gt;  - ¿No sabes lo que es eso, verdad? &lt;br /&gt;  - Lo sé... pero cállese. Ya se las trataran en la clínica.&lt;br /&gt;  - ¿Clínica... ? Antes lo llamabais manicomio.&lt;br /&gt;  - Lo que tu quieras - me dice de mala gana.&lt;br /&gt;  Sin embargo, yo continuó hablando de mis llagas, de mis problemas estomacales.... incluso le cuento un chiste que le hace gracia.&lt;br /&gt;  - Si solo pudieras moverme un poquito - le digo finalmente.&lt;br /&gt;  El ángel suspira y niega mi petición con un cierto pesar.&lt;br /&gt;  Una lágrima recorre mi rostro hasta fundirse entre mis sucios cabellos.&lt;br /&gt;  Trato de hablar y no puedo.&lt;br /&gt;  - ¿Qué?&lt;br /&gt;  De repente me he quedado sin voz, completamente afónico.&lt;br /&gt;  Unos espasmos nerviosos sacuden mi cuerpo.&lt;br /&gt;  Se acerca y me agarra por los hombros. El movimiento es incontenible. La camilla está a punto de salirse de su sitio.&lt;br /&gt;  - Mierda - dice el ángel.&lt;br /&gt;  Y entonces, cuando está lo suficientemente cerca, le muerdo en el cuello con fuerza y un chorro de sangre caliente mancha mis labios.&lt;br /&gt;  El cerdo grita.&lt;br /&gt;  - Suéltame - le ordeno.&lt;br /&gt;  Y, despavorido, dando tumbos, sale corriendo de la ambulancia y deja las puertas traseras de la ambulancia abiertas.&lt;br /&gt;  Se que dispongo de muy pocos minutos.&lt;br /&gt;  - ¡Socorro! - grito -. ¡Socorro!&lt;br /&gt;  Un joven acude veloz a mi llamada.&lt;br /&gt;  - Ayúdeme.&lt;br /&gt;  - ¿Qué pasa? - pregunta extrañado, sin llegar a subirse a la ambulancia.&lt;br /&gt;  - Es una urgencia... Debe sacarme de aquí.&lt;br /&gt;  Duda. El joven duda demasiado y, cuando por fin accede al interior del vehículo, distingo las siluetas de los demás ángeles recortadas en el exterior.&lt;br /&gt;  Si hubiera dado con un niño... o con un anciano... quizás hubiera sido Vagainmundo otra vez.&lt;br /&gt;  - Lárgate capullo - le digo entonces al sorprendido joven.&lt;br /&gt;  Miró sonriente a mi ángel femenino, relamo la sangre que pinta mis labios, y espero tranquilo a que abra la espita de mis sueños.&lt;br /&gt;  - Venga puta, que tengo sueño.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     El purgatorio es un lugar demasiado limpio. Todos los ángeles hacen hincapié en la limpieza y las únicas inmundicias que acabas mirando son los moradores del mismo: silenciosos policías que te espían desde la esquina, deportistas de élite que quiebran a los fantasmas, inquisidores de mil preguntas sin sentido, y peligrosos criminales que se esconden bajo la capa de la locura... Junto a ellos, pobres diablos de mirada encarnada a los que alguna enfermedad ha confinado lejos de sus familias.&lt;br /&gt;   Una pena, tanta inmundicia, tanta suciedad, pero los santos ángeles han puesto a nuestra disposición una jaula de oro en donde escondernos del resto de la humanidad y, con resignación, nos aprestamos para las curas.&lt;br /&gt;  De sobra saben que soy una buena persona. Apenas llevo aquí cien días y casi he borrado la mala imagen que provoqué el mismo día de mi ingreso, cuando mordí sin querer a aquel pobre ángel en la ambulancia. Los fármacos provocan toda clase de alucinaciones y yo mismo fui objeto de una de ellas...&lt;br /&gt;  - ¿Verdad, señor doctor?&lt;br /&gt;  - Claro, Eugenio, claro... Debes controlar tu alimentación y empezar con el deporte.&lt;br /&gt;  - ¿Me van a dejar salir al patio?&lt;br /&gt;  - Si....en el primer turno, a las diez de la mañana.&lt;br /&gt;  - Gracias, señor doctor. Dios se lo pague.&lt;br /&gt;  Y me levanto, ocultando una sonrisa... &lt;br /&gt;  Dios se lo pague, Dios se lo pague, Dios se lo pague.... &lt;br /&gt;  Al salir de la consulta, un ángel me acompaña por los pasillos. Las visitas al jefe son todas guiadas y los demás enfermos me observan con curiosidad cada vez que hago tal viaje. Son conscientes de que escondo algo,  aunque no saben que, y me miran de reojo. Vagainmundo es una gran incógnita dentro del purgatorio y, pobres diablos, sino me tuvieran tanto miedo, solo tendrían que preguntármelo.&lt;br /&gt;  - Bien-aventurado, el hombre que no anduvo en consejo de impíos, y en camino de pecadores no se paró, y en cátedra de pestilencia no se sentó.&lt;br /&gt;  - ¿Qué dices?&lt;br /&gt;  No le respondo. Es tan estúpido mi acompañante que no me merece el menor comentario.&lt;br /&gt;  Por la amplias cristaleras veo como las nubes ciñen el sol contra el cielo: los últimos avatares del invierno que luchan contra la llegada del buen tiempo, por lo que empiezo a calcular las posibles rutas de mi camino.&lt;br /&gt;  Me encierran en la cueva: una habitación acolchada y sin objetos; un lugar placentero para quien no tenga nada que hacer: silencioso, templado, con una luz tenue y amarilla que me convierte en el sano adorador de mi señora durante todas las horas del día.&lt;br /&gt;  Mi madre me visita continuamente. Está preocupada por mi tardanza entre los nuestros y no hace más que azuzar mi indolencia, reprochar mi falta de astucia al dejarme capturar por ellos....&lt;br /&gt;  Mi madre es muy buena, sabe como revolverme por dentro y hace que los resentimientos se desborden por encima de mis cabales... sino, como querría irme de este paraíso, de esta habitación acolchada en donde están convirtiéndome en un hombre.&lt;br /&gt;  No obstante, a la noche, apagan las luces y solo me oigo a mi mismo... el lento latido de mi corazón, el respirar profundo, y el miedo.... el pánico de saber quien soy. Por lo que solo me queda rezar.&lt;br /&gt;  Y ver.....&lt;br /&gt;  Un barco vikingo atravesando la niebla... Una sirena de ambulancia... Una mujer desnuda, corriendo... Un ejercito de muertos saliendo de una ciénaga....Todos mis enemigos rodeándome... El silencio, en el desierto...Y luego, una ciudad, repleta de vida, de hombres y mujeres esperando una respuesta que nunca llega, de almas en pena que se ahogan en la civilización cristiana... la maldita simiente que plantó Jesucristo en el mundo y que dividió a los hombres entre buenos y malos. El que puso el acento sobre el pecado, El que dio perspectiva del pasado, El que murió en la cruz para redimirnos de lo nuestro en pos de lo suyo: Un infierno terrenal hecho a su medida... repleto de ángeles que te señalan con el dedo:&lt;br /&gt;   - Ese es bueno, ese es malo, ese es bueno, ese es.... - susurran ellos, los que sujetan los pilares del cristianismo, el occidente magnánimo que se inmiscuye en la intimidad de las personas.&lt;br /&gt;  Y me hacen llorar. Su heredada terquedad me hace llorar.&lt;br /&gt;  - ...Os degollaré, os degollaré - susurro entre lágrimas.... -. Pronto.&lt;br /&gt;  Pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Mis amigos están preparados. Son los habitantes del purgatorio y, aunque se comportan como si fueran mis siervos, prefiero considerarlos solo como amigos. Así, cuando los abandone, sufriré con gusto el dolor de mi traición.&lt;br /&gt;  Empezamos:&lt;br /&gt;  Beni es un gran actor y, sino fuera por una demencia paranoide que lo sume en una aguda esquizofrenia, estaría trabajando de titiritero en cualquier teatro. Le hago un simple gesto con la mano y cae fulminado en medio del patio.&lt;br /&gt;  Adan, el italiano, un repugnante violador al que le he prometido una joven virgencita, se acerca veloz junto a Beni y, alarmado, gritando como un poseso y de forma atronadora, dice que está muerto.&lt;br /&gt;  Por detrás, se produce un alboroto. Todos lamentan lo sucedido, echándose las manos a la cabeza.&lt;br /&gt; Mientras, Dumbo se sube encima de Kubala, arrimándose contra la pared, y cubre la cámara de vigilancia del patio con una camiseta de los Sex Pistols. Después, saca del bolsillo un pequeño mechero que yo mismo le he robado al jefe y dirige la llama hacia el pitorro de un detector de humos situado en la misma entrada.&lt;br /&gt;  Salta la alarma.&lt;br /&gt;  A los dos minutos, tres ángeles y un guardia de seguridad pasan como un suspiro por mi lado y se dirigen hacia el centro del patio, en donde se encuentra Beni. Un segundo guardia se asoma desde la azotea, contemplando toda la escena con gran diligencia, comentando la situación por un teléfono móvil.&lt;br /&gt;  A lo lejos, se oyen las sirenas de los bomberos.&lt;br /&gt; - Capullito - grito con mi voz mas aguda, mirando hacia el cielo... hacia las insinuantes y algodonosas nubes que lo decoran. &lt;br /&gt;  Beni    escucha la clave que habíamos acordado, deja de hacer el muerto, y se levanta como si nada, sacudiéndose las hierbas secas del pantalón y como si unos segundos antes estuviera echando una siesta, tranquilamente.&lt;br /&gt;  Los tres ángeles y el guardia se ven sorprendidos por lo que acaba de hacer Beni y, tras la estupefacción inicial, sonríen sin mucha gracia, su tensión se relaja hasta hacerles bajar la guardia y, sin darse mucha cuenta de lo que sucede, mientras aun desaprueban la actitud de Beni, se encuentran completamente rodeados.&lt;br /&gt;  - Ahora - digo.&lt;br /&gt;  Y los quince o dieciseis enfermos mentales a los que he embaucado con mis patrañas se desinhiben de todos sus complejos y, como si fuera una cura en una sesión de psicoterapia, empiezan a golpear a sus carceleros con saña, resarciéndose quizás de los malos tragos que les han hecho pasar.&lt;br /&gt;  - Baje por favor. Los van a matar - le digo entonces al guardia de la terraza, con un tono apremiante, para que no piense demasiado, pues no vaya a ser que por su cabeza se cruce una idea lúcida, precavida.&lt;br /&gt;  Y el muy idiota baja, atraviesa la puerta como un cohete y se topa conmigo.&lt;br /&gt;  - Estás muerto - le digo un segundo antes de confirmar mis dos palabras.&lt;br /&gt;  Gracilmente, le rompo el cuello, sin que apenas se dea cuenta, y anoto tal detalle en mi cabeza, como si fuera un favor personal mientras cae... muerto.&lt;br /&gt;  Un poco más adelante, los tres ángeles y el guardia reposan sin sentido sobre la hierba del patio. Mis amigos tienen más decisión de lo que piensa el jefe y así me lo han demostrado. Estoy verdaderamente orgulloso de todos ellos, de la asquerosa inmundicia que representan allí unidos.&lt;br /&gt;  - Desnudad a ese - le digo a Dumbo y a Kubala, señalando a uno de los ángeles caidos que, mas o menos, tiene mi misma estatura.&lt;br /&gt;  Cinco minutos después, cuando entran los bomberos en el recinto, yo personalmente, con mis ropas de ángel, les abro un par de puertas y les señalo el posible lugar del inexistente incendio.&lt;br /&gt;  El jefe, el gran doctor, contempla todo el ajetreo desde su despacho y no se siquiera si responde al saludo que le lanzo desde el aparcamiento del purgatorio antes de subirme al volante de una furgoneta de la cruz roja.... seguro que no: Es un hombre muy atareado, quizás muy poco dado a las despedidas. &lt;br /&gt;  Evidentemente, no me he acordado de que me firmaran el alta, aunque estoy complentamente seguro que de allí salgo recuperado del todo, completamente rehabilitado, y supongo que eso es lo único importante.&lt;br /&gt;  - Isis....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Los vientos me son favorables.&lt;br /&gt;  He estado fuera de este país durante seis largos meses, disfrutando de las peculiaridades de los seguidores de Alá, envíando a alguno que otro a disfrutar de su erótico harén celestial, y mostrando al desierto cuan desagradable puede ser la recia pisada de un demonio.&lt;br /&gt;  Aunque no es empeño de mi voluntad regresar a la tierra de mi padre y empezaba a integrarme en la sociedad de los almuedanos, la llamada de quien dirige mi destino me hizo cruzar el estrecho de Gibraltar y desembarcar a la postre entre los hijos de esa prostituta llamada Europa.&lt;br /&gt;  Mi aspecto es ahora saludable. Dispongo de una piel tan curtida como la del buey y mi cabello es largo y seco, a prueba de cualquier picadura de insecto. Mi rostro vuelve a asemejarse al de mi difunto progenitor y los pulcros hombres occidentales, quizás por mi buen olor, se sienten incómodos a mi lado.&lt;br /&gt;  Todo sigue igual, o parecido, por lo que, a pesar de Alá, ya siento nostalgia de todo lo que queda detrás de mi, en la inagotable tierra amarilla de la madre Africa.&lt;br /&gt;  Aquí hay más alfalto sobre los caminos, más vehículos sobre el asfalto, y el movimiento es una exagerada ley de obligado cumplimiento&lt;br /&gt;  - ¿Te acerco?&lt;br /&gt;  Lo miro. Es un hombre de mediana edad, con un rostro bonachón que irradia una cierta alegría en sus sonrosadas y prominentes mejillas.&lt;br /&gt;  - ¿A donde vas?&lt;br /&gt;  Yo no le he pedido nada, ni siquiera hacía de autoestopista. Sin embargo, ha detenido su camión del reparto a mi lado.&lt;br /&gt;  Me subo.&lt;br /&gt;  - ¿De donde eres? - pregunta.&lt;br /&gt;  En el interior suena una ópera; no logro distinguir cual... y apagó la radio o le bajo la voz, no se; pongo las sudorosas botas llenas de polvo encima de la guantera del salpicadero, echo el sombrero encima de mis cansados ojos, y me dispongo a descansar.&lt;br /&gt;  - ¡Oiga...&lt;br /&gt;  Y duermo, a pesar de su airada protesta, con ganas.&lt;br /&gt;  - Oiga - me sacude el hombre una hora mas tarde.&lt;br /&gt;   Y me despierto.&lt;br /&gt;  - Hasta aquí llego por hoy, amigo. Debe bajarse - me dice diligentemente, con suavidad, sin apurarme.&lt;br /&gt;  Lo contemplo por el rabillo del ojo, sin asustarlo demasiado, y veo como una gota de sudor le resbala desde la frente hasta la rolliza papada.&lt;br /&gt;  - ¿Qué reparte? - le pregunto.&lt;br /&gt;  - Patatas.&lt;br /&gt;  - ¿Nada más?&lt;br /&gt;  - Llevo un par de sacos de pan para la tienda del pueblo.&lt;br /&gt;  - Pan y patatas - me digo en voz alta.&lt;br /&gt;  - Si quiere... coja una barra - me dice el hombre, que está deseando que me baje y, seguramente, jurando y perjurando por sus adentros que no le va a parar a nadie nunca mas.&lt;br /&gt;  - Gracias - le digo -. Es usted muy amable.&lt;br /&gt;  Y tras coger una barra de pan tan gruesa como el brazo de un hombre, me bajo, le extiendo la mano al buen hombre y se la estrecho como caballero que soy.  &lt;br /&gt;  - Sálvese - le digo desde el arcén del camino.&lt;br /&gt;  - Claro - me responde al mismo tiempo en que le da un buen acelerón a su vehículo.&lt;br /&gt;  Pan y patatas, pan y patatas, pan y patatas...&lt;br /&gt;  El camino es largo y duro, y no hay como un buen estribillo para suavizar el recorrido.&lt;br /&gt;  Miró hacia la sierra montañosa que viste el norte y cojo un sendero que, zizagueante, se dirige hacia ella. Se que los ángeles no gustan de la naturaleza salvaje y, si tengo suerte, podré reunirme con alguno de los míos. Mientras, arranco la miga del interior de la barra y me como la corteza sobrante a la salud de todos cuantos por mi se han marchado de este mundo.&lt;br /&gt;  Siento una extraña felicidad al caminar por entre las zarzas y empiezo a presentir sucesos futuros que me rediman de la agónica soledad en la que vivo.&lt;br /&gt;  Necesito de alguien a mi lado. Quizás una mujer sin demasiados escrúpulos, una mala arpía que sonría por la mañana mientras sujeta una daga entre los dientes... una mujer que comprenda la situación en que me encuentro y que, como yo, adore a mi madre... En fin, una de las mías, capaz de verter la sangre por encima de cualquier inocente antes de fornicar con cualquier demonio.&lt;br /&gt;    En fin...&lt;br /&gt;  Al caer la noche se me agudizan los sentidos. Mi alma es nocturna desde que era un crío, cuando vivía con el tirano Dominico Aurelio, y disfruto como las alimañas del manto oscuro y protector.&lt;br /&gt;  Por eso, cerca de un risco empinado y rocoso, olisqueo una extraña presencia en el ambiente y dejo que mis instintos me guíen hasta dicha anormalidad.&lt;br /&gt;  Se trata de un campamento. Una extraña tribu urbana que no se como catalogar hace sonar sus istrumentos alrededor de una hoguera y, entre gritos y sonrisas, beben exageradamente de dos o tres botellas. El calor los invita a estar desnudos y, desde el parapeto en donde me coloco, contemplo maravillado los dibujos que estampaban la piel de esos individuos: Cruces diábolicas apoyadas sobre dos puntos, los seises del diablo pintados de rojo, espinas que rodean los biceps de los hombres, serpientes que reptan por  los torsos de una mujer.... y en los brazos, en el cuello, y como adornos de todos ellos, colmillos atravesados por un cuero sin curtir... Se trata sin duda de auténticos apócrifos de la civilización, renegados como yo de la sociedad, y solo me falta saber si son de los míos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;   Son ocho. Están borrachos. Uno de ellos no se tiene en pie y, tras alcanzar la verticalidad, cae de nuevo al suelo. Tres son mujeres, y las tres son bellas. Tienen instaladas dos tiendas de campaña y de una a otra han tirado un cable para tender sus trapos. Los macutos, cantimploras, y demás enseres, se apoyan contra una balsa neumática que está medio desinchada, dada de vuelta sobre la hierba. Clavados en un cepo, un par de machetes, y encima del mismo cepo, una pequeña pistola que parece de aire comprimido.&lt;br /&gt;  Están muy confiados y en fiesta y, si son de los míos, no se si mereceran mi saludo. De todas formas, después del recato y del pudor africano, se me van los ojos hacia los pechos de las tres mujeres y acabo bajando los pantalones.... Encuentro el bicho entre las piernas y, poco a poco, empiezo a estrujarlo con la mano. Tarda un buen rato en endurecerse pero, cuando se empina, pierdo noción de donde estoy y empiezo a caminar hacia el campamento como un sonámbulo.&lt;br /&gt;  Supongo que asusto a los presentes y, cuando salgo del trance, después de mojar la tierra con mi semen, me veo rodeado por los machos de la pequeña tribu.&lt;br /&gt;  - ¡Es un puto vagabundo! - dice uno de ellos.&lt;br /&gt;  La simple descripción de lo que soy por parte del que ha hablado parece tranquilizar a todos los demás y una de las chicas incluso suelta una risita.&lt;br /&gt;  - ¡Se la estaba meneando el hijo de la gran puta!&lt;br /&gt;  - Señores, tengan piedad de este pobre hombre - digo con mi voz trágica, la que utilizan los niños para disculparse.&lt;br /&gt;  - Dejad que se vaya - oigo por detrás de mi de una de las féminas.&lt;br /&gt;  Me vuelvo. Es toda una hembra, de grandes mamas y amplias caderas. Tiene la cabeza afeitada y la cara llena de remaches.&lt;br /&gt;  - Gracias señora - digo anticipándome a cualquier decisión, dando por buenas sus palabras, y echando a andar.&lt;br /&gt;  - Eh - me gritan los demás, obligando a detener mi marcha.&lt;br /&gt;  - ¡Quieto ahí gusano!&lt;br /&gt;  Quizas acaban de sentenciarse.&lt;br /&gt;  Me miro las palmas de las manos y las elevo hacia el cielo, realizando una ofrenda espiritual.&lt;br /&gt;  No obstante, no tengo aun muy clara la decisión; si mandarlos al infierno directamente o estudiar antes su atrevimiento.&lt;br /&gt;  Finalmente, pospongo el derramamiento de sangre para mas adelante.&lt;br /&gt;  - ¿Qué quereis? - pregunto amenazante, susurrando entre los dientes y alzando el mentón como si este fuese un baluarte.&lt;br /&gt;  No recibo una respuesta...  inmediata. Extrañados por mi nueva aptitud, desafiante, se impone el silencio en el grupo. Contemplo sus rostros, alterados por el reflejo de las llamas, y veo que son más jóvenes de lo que creía, con ropas que solo disfrazan sus cuerpos.&lt;br /&gt;  - ¿Qué quereis? - repito divertido, dando un paso hacia adelante, hacia ellos.&lt;br /&gt;  Las brasas, crepitando donde la hoguera.&lt;br /&gt;  - Puede contarnos una historia - dice la chica sin pelo, inteligentemente, rompiendo el silencio y un poco nerviosa.&lt;br /&gt;  Me gusta. Esa chica me gusta.&lt;br /&gt;  - ¿Cómo te llamas? - le pregunto.&lt;br /&gt;  - Irene - me responde, bajando la mirada... su tierna mirada.&lt;br /&gt;  - Paz - musito.&lt;br /&gt;  Me acerco a su lado y noto una cierta tensión en el resto del grupo. Quizás alguno tiene demasiada prisa en morir.&lt;br /&gt;  - ¿Qué quieres que te cuente, Irene?&lt;br /&gt;  - ¿De donde vienes... donde has estado?&lt;br /&gt;  Coloco los dedos índice y corazón delante de mi cara y, como si fuera a pasar la página de un periódico, mojo ambas llemas con la punta de la lengua, cruzo las piernas como un alfeñique, tal si fuera un muñeco arlequín, y me siento en el suelo sobre mis posaderas.&lt;br /&gt;  - Sentaos - ordeno.&lt;br /&gt;  Y obedecen... Alguno entre risas y alguno, debido a cuanto licor llevaba ingerido, con gran pesadez. Ella, Irene, sin embargo, suspira, como si supiese que su vida se acaba de alargar cuando menos unos minutos.&lt;br /&gt;  Empiezo:&lt;br /&gt;  - Cristo, redentor de todos los pecados, causante del mal. Cristo: el problema, la enfermedad, el fin de la humanidad y de todos sus individuos... Un faro situado al borde del abismo, embelesando la historia con la piedad, y plantando su simiente en occidente para extenderla de norte a sur y de este a oeste. Cautivador del destino... Vosotros sois la prueba: mismos miedos, mismos deseos, mismos sentimientos de culpa o remordimientos. Una conciencia única clavada con la cruz de ese impostor.&lt;br /&gt;  Los miro. Veo que escuchan mis palabras, aunque no creo que las comprendan.&lt;br /&gt;  - Isis, madre de todos los demonios, creadora del infierno y de todas sus puertas... Si pudiérais ver lo que yo veo: un mundo encadenado, rígido, yermo de hombres y mujeres, que viven como autómatas... vidas enteras desperdiciadas en pos de la nada... Si pudiérais ver lo que yo veo, mancharíais la tierra con la sangre liberadora de vuestros prójimos hasta empantanar el mundo de dolor... el dolor redentor de todas las miserias.&lt;br /&gt;  Me levanto. Los miro, uno a uno, y me miran.&lt;br /&gt;  No merecen morir. Son tan jóvenes y han sido tan educados conmigo.&lt;br /&gt;  Sin embargo, me puede el deber. Saco la catana de la mochila y le rebano el cuello a los dos jóvenes que considero mas enteros... de hombría, también de sobriedad.&lt;br /&gt;  Dos menos.&lt;br /&gt;  Aullo como un lobo, se produce el alboroto, sucede el despertar, y una de las chicas grita histéricamente... por poco tiempo.&lt;br /&gt;  Quedan cinco.&lt;br /&gt;  Y así, de un modo extremadamente sencillo, despueblo la pequeña tribu. El miedo, el alcohol, y la sorpresa, paralizan cualquier reacción defensiva por su parte y apenas tengo oposición o lucha.&lt;br /&gt;  No obstante, cuando no escucho otro aliento que el mío, hago un rápido repaso visual sobre los cadáveres allí amontonados y caigo en la cuenta de que me falta uno... él de Irene.&lt;br /&gt;  - Bonita, bonita, bonita - le susurro a la Luna, ahora como un lobezno.&lt;br /&gt;  Me fijo en el cepo y veo que falta uno de los machetes.&lt;br /&gt;  Sonrío. Mas que preocupado, me siento bien, muy bien, complacido por su intrépida evasión&lt;br /&gt;  - Bonita, bonita, bonita. Auuuuuuuu.....Ven con papaito, ven bonita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bosque es un punto de origen primigenio, el lugar ancestral. Enaltecidos, los sentidos renacen de su adormilado letargo y por eso los cristianos huyen de tanta espesura, buscando luz, grandes claros en donde ninguna sombra amilana sus almas temerosas... cobardes.&lt;br /&gt;  El bosque es mi amigo, por lo que, enfundado con la tranquilidad que me inspira su compañía, decido dar una oportunidad a la superviviente, a Irene: Con los ojos cerrados, me coloco enfrente a la hoguera, orino sobre la misma, y espero allí mismo, a que sea valiente y atrevida. A la luz de la lumbre, me convierto en un blanco perfecto: si ella está cerca, no va a tener otra oportunidad igual para clavarme el machete. Mientras tanto, recorro en mi imaginación su insinuante figura, la suavidad de la blanca piel desnuda; cuento sus curvas, sus gestos, todos los remaches que atraviesan su rostro, y percibo el miedo irracional que debe estar padeciendo, sabiéndose muy cerca de un demonio, desamparada en medio de la nada y con la imagen de sus difuntos amigos plasmada en rojo sobre su retina.&lt;br /&gt;  Con la ceniza aun húmeda por la orina, pinto tres cruces en mi cara: una en cada mejilla y otra, un poco más grande, en la cara. Miro al cielo y atisbo la llegada de un nuevo amanecer en el incipiente resplandor del horizonte.&lt;br /&gt;  Me dispongo pues para la captura.&lt;br /&gt;  Ella tiene dos posibilidades evidentes: O ascender por las abruptas rocas de la sierra, en cuyo caso, indefectiblemente, acabará en mis manos; o elegir el camino del descenso por donde yo mismo he llegado, hacia la meseta: un lugar despoblado de vegetación y en donde su bonita figura sería lo más destacable en varios kilómetros a la redonda.&lt;br /&gt;  Puede, también, quedarse quieta, intentando pasar desapercibida entre unos matorrales y esperando que, hastiado, abandone su busqueda... Pero no es tan tonta, o eso creo: Irene captó desde el primer momento el brillo de mis ojos y por nada del mundo quiere estar cerca de Vagainmundo... Por nada.&lt;br /&gt;  No obstante, de repente, hay algo que no me cuadra, que no coincide con todo lo que llevo articulado en torno a la huida de Irene... Me fijo en la balsa medio desinflada que tengo delante y...  &lt;br /&gt;  Grito como un animal.&lt;br /&gt;  Amanece.&lt;br /&gt;  Maldita mi estampa.&lt;br /&gt;  Subo por la empinada ladera de un cúmulo rocoso, apurando el paso y dejando abajo, muy abajo, el desolado campamento en donde he pasado la noche. Debo llegar cuanto antes a la cumbre, cuanto antes, y no dejo ni un respiro entre las profundas bocanadas de aire que, con su fuerza, hieren mis pulmones.&lt;br /&gt;  Así, cuando estoy en lo mas alto, me arrodillo sobre el granito del suelo y miro hacia el horizonte:&lt;br /&gt;  A mi pesar, veo un río en la lotananza.&lt;br /&gt;  Me humillo mil veces y de mil maneras por la estúpida confianza de la que he sido cautivo durante la noche y caigo en la cuenta de que esa astuta mujer se me puede ir de las manos. He perdido unas horas valiosas regocijándome de mi superioridad y el río, raudo y veloz, desliza sus aguas lejos... lejos de mi. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Estoy cerca. Lo presiento. Estoy cerca de tí...  Irene.&lt;br /&gt;  Han pasado dos años desde el día en que te conocí, allá en medio de la verde naturaleza, cuando estabas con tus amigos junto al caudaloso río por el que lograste evadirte de mí.&lt;br /&gt;  Fuiste una chica lista, muy lista, y tuve que huir luego, antes de que llegaran los malvados guardianes de la ley quizás por tierra y por aire, no los llegué a ver, y antes de ser atrapado como una miserable alimaña.&lt;br /&gt;  Busqué refugio entre la humanidad... ¿Dónde sino se podía ocultar mejor Vagainmundo? ¿Donde sino en la capital de España, entre personajes tan grotescos y extraordinarios como yo... por el metro, por los sucios suburbios de las afueras, junto al gran basurero municipal...?&lt;br /&gt;  Pero ahora estoy cerca.&lt;br /&gt;  Antes de huir del campamento en donde te conocí, tuve la paciencia necesaria para registrar las pertenencias de los muchachos y obtuve como un gran regalo el documento nacional de identidad... de ti, querida Irene. &lt;br /&gt;  Así, desde hace dos años habitas entre mis pesadillas y, según pasa el tiempo, mirando ese DNI, tus ojos me miran miserablemente, de forma obsesiva, pidiéndome a gritos que te aniquile de una puñetera vez. Menos mal que suelo hacer bien los deberes y ya estoy en el pueblo en el que nacistes Irene: Se llama Piedrahita y pertenece a la provincia de Avila. Tiene cuatro o cinco mil habitantes, está situado junto a la sierra de Gredos, y en esta época del año, época de semana santa, tan cristiana y devota por la resurreción de Cristo, el pueblo se llena con todos los parientes venidos, como yo, de Madrid.&lt;br /&gt;  Son las doce de la noche.&lt;br /&gt;  - ¿La casa de los Silva? - le pregunto al tabernero.&lt;br /&gt;  Este me mira de reojo, desconfiado.&lt;br /&gt;  - Vengo a trabajar para ellos - explico.&lt;br /&gt;  - Aquí hay muchos Silva, señor. Además... - me señala el oscuro exterior, y añade -: Es muy tarde para presentarse en casa de nadie.&lt;br /&gt;  Eres idiota, pienso, aunque no te lo digo.&lt;br /&gt;  - ¿Lorenzo Silva? - pregunto de nuevo, acordándome del nombre del padre de Irene.&lt;br /&gt;  Un cliente que está a mi lado, tomando un vaso de vino con gaseosa, detiene el vidrio en el aire y me dice:&lt;br /&gt;  - ¿ El Lorenzo... el encargado de la finca de la Diócesis?&lt;br /&gt;  Asiento, aunque no estoy seguro.&lt;br /&gt;  - ¿Y vienes a trabajar en esa finca?&lt;br /&gt;  Asiento de nuevo.&lt;br /&gt;  - Trabajo hay.... joer... si hay... Pues aun te queda un buen rato hasta allí.&lt;br /&gt;  - ¿Luego?&lt;br /&gt;  - La finca está pegada a Zaperdiel de la Cañada, a unos doce o trece kilómetros de aqui.&lt;br /&gt;  - ¿Hacia Avila?&lt;br /&gt;  - No, pal norte. Hacia Peñaranda de Bracamonte.&lt;br /&gt;  - Gracias - digo solemnemente, quitando el sombrero de la cabeza, y saliendo de la ajetreada tarbena en la que me encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Dos horas de caminata después entro en un pequeño pueblo. Carece de alumbrado público, las casas son en mayoría de planta baja, y sus habitantes dormitan tranquilamente. A la entrada misma del pueblo me siento sobre una roca desnuda, contemplo el firmamento, y veo tu rostro, madre, dibujado en las estrellas. Estás tan satisfecha de mi persistencia, brillas tanto esta noche, que por seguro esperas que, en sacrificio, te ofrezca hasta la última gota de sangre de esa chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Amanece. Es la hora.&lt;br /&gt;  Sin embargo, noto algo extraño. No oigo ruido alguno, y hasta en las cuardras, el ganado permanece en silencio. Golpeo suavemente sobre una vieja puerta de madera y nadie me responde. Repito lo mismo en la siguiente casa.... y nada.... y en la siguiente.... nada. Una gastada puerta de aluminio, decorada con una docena de pegatinas de las diferentes marcas de helados, de pipas, de golosinas, me dice que estoy ante la tienda-taberna del pueblo. Empujo la puerta, pero no, también está cerrada.&lt;br /&gt;  Empiezo a desconfiar.&lt;br /&gt;  Recorro las empedradas calles del pueblo, algunas de auténtica roca viva, y entro en la plaza principal del pueblo, situada junto a la Iglesia. &lt;br /&gt;  Miro a mi alrededor, y tiemblo.&lt;br /&gt;  Un ligero sonido, apenas perceptible, comienza a resonar por entre las calles que confluyen hacia la plaza en la que me encuentro. Es como un retemblar, ligero, muy tenue, pero que va aumentando en intensidad.&lt;br /&gt;  De repente, apareces tú.&lt;br /&gt;  ¿Qué está pasando?&lt;br /&gt;  Apareces vestida con un simple camisón, un camisón largo, blanco, rasgado a la altura de tus costillas.&lt;br /&gt;  Irene.&lt;br /&gt;  Y detrás, golpeando unos bastones, golpeando los mangos de las azadas, de los aperos de la labranza, contra la dura roca del suelo, aparecen hombres, mujeres, ancianos y niños. Golpean una y otra vez en el suelo y se acercan a la plaza, por todo mi derredor,en muchedumbre. Golpean y golpean. De sus cuellos prenden unas largas cadenas y van descalzos.&lt;br /&gt;  Al frente de todos ellos, un viejo cura sin crucifijo porta en sus brazos el cuerpo de un cordero muerto y degollado.&lt;br /&gt;  Caigo en la cuenta de que me estabais esperando, que no estoy en una procesión de semana santa, y se que estoy llegando al fin.&lt;br /&gt;  En vuestros ojos, tan tranquilos, solo veo una determinación:&lt;br /&gt;  Enviarme al infierno.&lt;br /&gt;  Me veo rodeado. Saco la catana de la mochila y, antes de que ésta atraviese cuerpo alguno, recibo mil bastonazos.....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cuando recupero el sentido veo el atardecer: enrojecido, fugaz, demasiado rápido.&lt;br /&gt;  Miro hacia el suelo, hacia mis pies sangrientos, y te veo querida Irene.&lt;br /&gt;  - Hola - digo.&lt;br /&gt;  - Hola - me respondes.&lt;br /&gt;  Sonrío. Sonrío desde la cruz en la que me han clavado. Sonrío, y tu compartes mi sonrisa.&lt;br /&gt;  - Por fin.... Por fin te encuentro - digo, con la voz quebrada por la emoción.&lt;br /&gt;  - Si.&lt;br /&gt;  - Pensé que nunca os encontraría.... Sois de los míos.... Sois los míos.&lt;br /&gt;  - Bienvenido - me dices, con dulzura.&lt;br /&gt;  Soy feliz. Por fin estoy entre los míos.&lt;br /&gt;  Coges una hoz, apoyas el filo de su aguda punta en la boca de mi vientre, y clavas con fuerza.&lt;br /&gt;  Siento el frío metal en mi interior.&lt;br /&gt;  Tiras de la hoz hacia abajo y abres mi barriga en dos, despanzurrando mis entrañas con violencia y  hasta que estas, sin sujección alguna, caen en el sucio suelo, junto a la base de la cruz.&lt;br /&gt;   Miro al cielo, noto ya que me sobra todo el aliento, y recito tu nombre por última vez:&lt;br /&gt;  - Isis, madre de todos los demonios....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Fin....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-3096099294847540144?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/3096099294847540144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=3096099294847540144' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/3096099294847540144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/3096099294847540144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/06/vagainmundo.html' title='Vagainmundo'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsqpx3JofI/AAAAAAAAACw/VfPTXxlPINc/s72-c/miedo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-965220579576251747</id><published>2008-04-20T09:07:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:04.663+01:00</updated><title type='text'>El mensajero de Venecia</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqKzB3JoWI/AAAAAAAAABo/O63ESqxbBJo/s1600-h/palacio+venecia.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqKzB3JoWI/AAAAAAAAABo/O63ESqxbBJo/s400/palacio+venecia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105545736855593314" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Disculpen mi mala letra; esos borrones que se disipan por toda la página, e incluso la torcida horizontalidad de los renglones…. Disculpen. Pero no puedo sino escribir desde la grupa de mi caballo y no siempre el pulso de mi mano se acompasa con él de la bestia que me traslada. Llevo varias semanas persiguiendo el amanecer y quizás lo persiga durante el resto de mi vida.&lt;br /&gt;  Y todo por culpa de unas palabras, de un escrito que quizás nunca debí leer, pues en tan curiosa hora se me ocurrió echar por tierra mí trabajo al posar mis ojos sobre el canto de una sirena:&lt;br /&gt;  Yo era un hombre feliz, afortunado con la cómoda dicha que me había tocado vivir. Y aunque era un simple mozo al servicio del Archiduque de Venecia, destinado en el correo entre los distintos estados de Italia, mi juventud y gallardía, y los cuatro ducados que portaba, me hacían sentir como un príncipe viajero cada vez que entraba bajo los arcos de una posada o de un palacio. Las criadas estaban pendientes de mis largas zancadas, de mi ligero porte reverencial, o de mi voz juvenil anunciando el correo, y no tenía ninguna otra ambición que superase tan pequeñas idolatrías, por lo que, con eso, con la mirada atenta de las muchachas y con una buena cama donde echar a descansar mi osamenta, era suficiente para mí.&lt;br /&gt;  No obstante, mi duquesa, la señora Enriqueta, la más bella de las princesas de Palermo, enfermó repentinamente de la cabeza, o eso me dijeron, y se le dio por escribir cartas de amor…. Docenas de misivas de amor dirigidas hacia un destino que aun hoy desconozco. &lt;br /&gt;  Evidentemente, Andrea, el archiduque, no consintió que ni una de esas cartas saliese de palacio, dando una orden estricta al respeto a todos sus vasallos, y el problema pareció zanjado con tal precaución. Y digo pareció, porque al cabo de unos días la duquesa se hizo con una excelente compra de cristallos, de vidrio Lombardo, mucho mejor incluso que el que provenía de la isla de Murano, y cuando todos creíamos que aquella cristalería descansaría junto el gran capital de la señora, donde los metales y las telas, ésta empezó a utilizar los recipientes de cristal como si fueran los mensajeros de sus cartas, tirando dichos recipientes sobre las suaves olas del mar de Venecia y a modo de pequeños barcos que navegaban sin destino desde la vera de palacio.&lt;br /&gt;  Cuando el duque se enteró de tal faena, siendo consciente de que le iba a ser muy difícil frenar la astucia y las argucias de su mujer, consideró que no debía reprenderla ni con palabras ni con hechos y me encargó la extraña tarea de recuperar todas cuantas botellas tirase su esposa a las mojadas fauces del mar. Así pues, puse mis cinco sentidos sobre tal tarea y a veces, la mayoría, logré recuperar las cartas con una gran facilidad. Mi señora solía lanzar la botella cuando oscurecía, se quedaba un rato contemplando como ésta se alejaba de palacio y, cuando la perdía de vista, se retiraba a sus aposentos. Yo salía entonces con mi caballo, como si fuera a repartir el correo, y en el otro lado de la ensenada, antes incluso de que la botella cruzare el puente de San Bartolomé, solía encontrar el pequeño objeto marino. No obstante, con la luna llena, las mareas eran mucho más grandes, con corrientes raudas y veloces, y alguna que otra botella se perdía por boca de la ensenada tras cruzar el puente, por lo que mi caballo y yo nos debíamos emplear a fondo por las playas colindantes de la costa, en ocasiones durante todo el día, en ocasiones incluso durante dos. Pero cumplía con mi trabajo y rara era la semana en que no llevase una botella a las manos de mi señor, el archiduque de Venecia.&lt;br /&gt;  Ahora bien, cierto día en que las mareas y el viento lograron alejar mi trabajo a varias millas de palacio, ocurrió algo que cambió mi destino: Al alba, desde primeras horas de la mañana, perseguí con la vista y a lomos de mi caballo el pequeño recipiente de cristal, y aunque a veces parecía venir hacia mí, hacia la orilla de la playa, al final acababa alejándose hacia la línea del horizonte y volvía a subirme al caballo para tener una mejor visión de lo que allí buscaba. Nunca hasta ese día había perdido una botella y pensé que quizás esa iba a ser mi primera vez. Era lo normal… que sucediera tal menester, que se alejara por en medio del mar y que ni mi vista ni la de mi caballo volvieran a ver el brillo destellante del dichoso vidrio. No obstante, ese contratiempo no tuvo lugar ese día, ni ningún otro. La botella acabó en medio de unas rocas, golpeando su panza contra los oscuros mejillones que vivían apostados a ambos lados de una pequeña grieta, y yo subí y baje por los resbaladizos peñascos del acantilado hasta llegar junto a las espumosas olas que abatían la botella y la carta que ésta llevaba dentro.&lt;br /&gt;  Jugándome la vida, con más suerte que pericia, logré hacerme con el objeto, y cuando salí de la encrespada orilla rocosa, rascado en piernas y brazos y húmedo como un pescado, resbalé como un idiota sobre un pequeño montón de algas y la botella fue a caer justo encima de la única piedra que había en esa esquina de la playa.&lt;br /&gt;  Crasss…&lt;br /&gt;  Rompió. La botella rompió en cuatro o cinco pedazos y el pergamino, enrollado sobre sí mismo, perdió el sello de cera que lo sujetaba y el papel se abrió para regocijo del viento que con fuerza soplaba, por lo que tuve que correr como un diablo, subir y bajar por las dunas de la playa, atravesar junqueras, barrizales, y pequeñas pozas repletas de verdín y de ranas, y hasta llegar junto a una enorme higuera que, como un guardia celestial, detuvo el papel entre sus hojas antes de que se perdiera en los confines del mundo conocido. &lt;br /&gt;  Empapado otra vez, pero de sudor, conseguí hacerme con el papel, y me derrumbé a los pies del majestuoso árbol  perdiendo incluso el sentido y la conciencia, y mi caballo, que vino detrás de mi y que debía pensar que estaba un poco loco, me dio unos lengüetazos en el rostro y acabó por despertarme unos minutos después.&lt;br /&gt;  Así, abrí los ojos, sentí el papel que mi mano apretaba sobre el pecho sudoroso y, distraído por mi azarosa peripecia, me atreví a leer lo que ponía la tinta negra del pergamino:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                    Que tristeza me embarga&lt;br /&gt;                                     Ante el conocimiento perpetuo&lt;br /&gt;                                      De que quien vive bajo tu sombra&lt;br /&gt;                                      De convivir ha siempre con la negrura….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  No era una carta de amor, sino de desesperanza. Aquellas palabras, tan amargas, encogieron mi corazón y mi alma.&lt;br /&gt;  Mi señora, mi bella señora, gritaba su desamor desde su hogar y nadie la escuchaba.&lt;br /&gt;  Seguí leyendo, contagiándome del espíritu que la mala suerte se había ocupado de romper contra una pequeña piedra. Cada estrofa era más bella, y a la vez más terrible. Me di cuenta de que quizás yo era el primero en leer tales lamentos y no pude reprimir una sentida lágrima.&lt;br /&gt;  Volví a leer de nuevo toda la carta, todo el contenido…&lt;br /&gt;  Y volví a hacerlo, como si no pudiera despegar mis ojos de aquellas letras y hasta que aprendí el mensaje de memoria, tiñéndome con toda aquella amargura. Por primera vez en mi vida no me sentí satisfecho con el trabajo, pues era un fiel colaborador de tal desesperanza, responsable también de su dolor, y como embargado por el embrujo de un profundo desahogo me decidí por buscar un tesoro de luz y color para mi señora….&lt;br /&gt;  Es un decir… por supuesto. Ahora bien, gracias a aquella lectura abandoné mi trabajo en palacio, pues jamás de los jamases habría podido retener otra botella más, y me dediqué a otros menesteres menos sencillos en la ruta de la seda con Nicolás Polo, mi padre, y con mi tío Mateo… Buscando, quizás, un tesoro de luz y color.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-965220579576251747?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/965220579576251747/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=965220579576251747' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/965220579576251747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/965220579576251747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/04/el-mensajero-de-venecia.html' title='El mensajero de Venecia'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqKzB3JoWI/AAAAAAAAABo/O63ESqxbBJo/s72-c/palacio+venecia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-1642394638141825055</id><published>2008-03-24T20:18:00.002+01:00</published><updated>2008-03-24T20:23:26.594+01:00</updated><title type='text'>El cobrador</title><content type='html'>Soy un cobrador.&lt;br /&gt;Si. Ese... ese soy yo.&lt;br /&gt;Cada vez que estás entusiasmado, cuando por fin crees que lo has conseguido, y la emoción te embarga todos los sentidos, ahí surjo yo: el cobrador, el tipo que va a poner las cosas en su sitio, en su justo lugar.&lt;br /&gt;Soy el encargado de que nadie despiste a la reina monotonía;la línea gris y sempiterna que hace que nazcan las arrugas de tu cara; el frío gélido y aséptico de la desilusión.&lt;br /&gt;Porque el mundo es tal porque existe un equilibrio, un estar, un tic-tac. El mundo es tal porque estoy yo, el cobrador, el susurrador de los desencantos, el que dice que eso no tiene gracia, el que te dice lo feo e inútil que eres, el espejo de las desgracias, la fuente de las lágrimas, el equilibrista de los sentimientos mas exhacerbados...&lt;br /&gt; El cobrador.&lt;br /&gt; Sin mi, todo sería un caos. Un mundo repleto de soñadores, carcajadas constantes y sonoras, una droga sin fin... Un mundo lleno de lelos, de idiotas, de alegría superflua y sin contenido.&lt;br /&gt; Pero sin mi nada funciona, nada. Así, cada vez que te subes a la cima del mundo, cada vez que crees ver la felicidad, cada vez que sientes la alegría, estoy yo para recordarte que ya se acaba, que ya está bien de tonterías, que ya has perdido la vez y te toca pagar, vaciar tus bolsillos de tanta maravilla e insuflarte con el aire viciado de la rutina.&lt;br /&gt; Gracias... ya volveré. &lt;br /&gt; Porque yo soy ese. Yo soy el cobrador.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-1642394638141825055?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/1642394638141825055/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=1642394638141825055' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1642394638141825055'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1642394638141825055'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2008/03/el-cobrador.html' title='El cobrador'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-6964444644056901118</id><published>2007-09-27T22:41:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:04.861+01:00</updated><title type='text'>Habitación 1437</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RvwWuVrSA-I/AAAAAAAAADI/6fBTbxqySBw/s1600-h/luna-noche.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RvwWuVrSA-I/AAAAAAAAADI/6fBTbxqySBw/s400/luna-noche.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114988262134514658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Siete insanos días me han tenido al borde de la muerte:&lt;br /&gt;Tras sufrir un aparatoso accidente de automóvil a doscientos kilómetros por hora, el primero de los días me costó las dos piernas, un bazo, siete costillas rotas, y la visión de mi ojo derecho. El parte médico decía muchas cosas más, pero también había perdido algo de memoria al respecto… o quizás, seguro, me resistía a acordarme de nada.&lt;br /&gt;El segundo día, en la sala de recuperación, fue peor, pues desperté ungido de dolor, entre vómitos sangrientos, y apretado por mil vendas sudorosas. Quería escapar de mí pero me era imposible. Estaba prendido de cuanta astilla rota había, de cuanta deforme inflamación había, de cuanto, cuantísimo, dolor.&lt;br /&gt;El tercero me fui de compras…. Me compré un poco de aliento para seguir respirando, un poco de saliva para enjuagar y sentir la boca. Y comprobé que aun sabía llorar, y gritar como nunca pensé que lo haría.&lt;br /&gt;El cuarto, el cuarto ni siquiera me desperté…. Mejor así. Mejor.&lt;br /&gt;El quinto si, el quinto desperté y le dije a la enfermera que me matara. Se lo dije en serio y me soltó por su boca algo similar al cencerro de un burro en una galería de colores: una sonrisa estúpida y exagerada que daba cuenta de su falta de piedad. Yo, de poder hacerlo, si que la habría matado. Si. Doy fe de ello.&lt;br /&gt;El sexto día fue el día de las visitas. Pero tenía la agenda llena y no pude atender a nadie. Que pena. Ni a papa, ni a mama, ni a Irene, ni a Raquel, ni a Benito, ni a Dios, ni a Jesucristo y todos sus ángeles.&lt;br /&gt;Finalmente, hoy, el séptimo día, me he salido del borde de la muerte.&lt;br /&gt;Si, a un lado estaba la muerte y a otro lado estaba yo: deseosos los dos por bailar, por estrellar nuestros labios en un apasionado gozo de amor en la noche definitiva, en la larga noche sin límite,  sin alba.&lt;br /&gt; Y si tengo que decir la verdad, ya no se muy bien quien estaba en el borde: Si ella, con su largo vestido blanco, sus ojos oscuros y profundos; o yo, dubitativo ante su ver, ante su postura altiva y cautivadora.&lt;br /&gt; No se porqué no sucedió lo previsto. Quizás fue la música. Porque yo estaba decidido. Me habría dejado morir entre sus brazos sin dudarlo ni un segundo. Me habría dejado morir en la profunda oscuridad de su sexo. Pero me dilaté en la espera y la canción feneció en si misma, alejándose en el silencio....&lt;br /&gt; Así, cuando una nueva canción sonó en la pista, ella ya bailaba con otro, ciñéndose los dos en el arrumaco mas apasionado que contempló hombre alguno... fiesta, fanfarria, y pasión... y una punzada de dolor y de celos que me hirió con fuerza bajo mis costillas rotas, doblándome como un alfeñique en las manos de un gigante.&lt;br /&gt; Mi compañero de habitación, otro desgraciado como yo, murió en ese mismo instante, tensando sus magullados músculos por última vez, y yo me alejé....&lt;br /&gt; Me alejé del borde de la muerte, allí presente, a dos baldosas de mí, en la otra cama, dibujado en la sonrisa tranquila de mi compañero de habitación.&lt;br /&gt; Que suerte… &lt;br /&gt;- Habitación 1437.&lt;br /&gt;- Si.&lt;br /&gt;- Mi compañero…. No se… Algo le pasa.&lt;br /&gt;- Ahora mismo vamos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-6964444644056901118?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/6964444644056901118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=6964444644056901118' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6964444644056901118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6964444644056901118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/09/habitacin-1437.html' title='Habitación 1437'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RvwWuVrSA-I/AAAAAAAAADI/6fBTbxqySBw/s72-c/luna-noche.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-7627774723737286629</id><published>2007-09-02T11:37:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:05.047+01:00</updated><title type='text'>Patriota</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqEsR3JoQI/AAAAAAAAAA4/nmOL7iEzM08/s1600-h/bandera+iwo+jima.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqEsR3JoQI/AAAAAAAAAA4/nmOL7iEzM08/s400/bandera+iwo+jima.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105539023821709570" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Era&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; el día indicado, el día que había estado esperando, y que aparecía marcado en rojo en todos los calendarios de la casa.&lt;br /&gt; Me levanté de la cama y tiré de la persiana hasta inundar de luz la habitación. Mis ojos, doloridos por la repentina exposición a la claridad, se encogieron con fastidio. Miré hacia el pequeño despertador y supe que eran las nueve de la mañana. Buena hora. Hinché los pulmones con fuerza, recordando todo cuanto debía hacer ese día, y me fui por el pasillo adelante, hacia el baño, en donde una ducha de agua fría acabó de espabilarme.&lt;br /&gt; Me hice el desayuno: un simple café oscuro y sin azúcar, y puse un poco de música para ambientarme: una melodía irlandesa, gaitera y alegre, con ciertas reminiscencias épicas: un eco sonoro de lo que yo mismo debía hacer.&lt;br /&gt; En el ropero, entre la media docena de perchas del colgador, encontré mi uniforme: un pantalón vaquero al que le había arrancado la etiqueta de la marca y un polo azul claro manchado de sangre a la altura de mi pecho. La sangre de mí querida Enriqueta.&lt;br /&gt; Mierda.&lt;br /&gt; Una inoportuna lágrima se deslizó por mi mejilla hasta perderse entre los retorcidas líneas de los dibujos de una pequeña alfombrilla.&lt;br /&gt; Mierda.&lt;br /&gt; No, no debía ponerme triste, el recuerdo de Enriqueta no debía entorpecer mi determinado propósito, pues ese era el día indicado, el día para el que me había estado preparando con tanto ahínco. Aunque.... estaba allí. Si. Allí estaba Enriqueta, tirada sobre la acera, sobre mi propio regazo, dejando escapar su vida, que era la mía, en un último aliento de desesperación.&lt;br /&gt; Mierda.....&lt;br /&gt; Abrí la puerta del trastero y en el fondo del departamento de la derecha, detrás de la escoba y la fregona, encontré un abultado fardo. Tiré de él, hasta sacarlo del trastero, y lo coloqué suavemente sobre el terrazo del pasillo. Cogí mi navaja suiza y despanzurré el envoltorio del fardo hasta dejar sus tripas al aire: La culata  del FR F1 y su mirilla telescópica brillaron por encima de todo lo demás, y el olor del aceite con que había limpiado dicho fusil inundó el ambiente de mi hogar. &lt;br /&gt; Contemplé el fusil con gran orgullo... El arma. Y sonreí.&lt;br /&gt; Un capitán de la mercante argelino, que antes, en los tiempos de la colonia, había militado en la legión extranjera del ejército francés, y al que le solía comprar el tabaco de contrabando en sus visitas al puerto de mi ciudad, me ofreció el FR F1 por dos mil euros y no lo dudé ni un instante. Y no lo dudé, porqué me hacía falta. Estaba en guerra desde hacía casi un año y no podía seguir escondiéndome mas, ocultándome del enemigo como si fuera un cobarde.&lt;br /&gt; Y no. Yo no era un cobarde. Y aunque estaba rodeado por todas partes, por fin me había hecho con la munición adecuada para el fusil: un buen montón de balas de siete milímetros y medio, y una buena bandera. Si, mi bandera, que había tejido durante mi reclusión invernal con el vestido de noche de mi querida Enriqueta. El mismo vestido que llevaba puesto el día que nos conocimos.&lt;br /&gt; Extendí la bandera en el pasillo y me erguí, contemplando desde mi altura las dos armas: el fusil de precisión del ejército francés y la bandera: un trapo gris plata ribeteado por un verde oscuro que, a modo de hiedra, envolvía el brillo de su interior.&lt;br /&gt; Puse la mano sobre mi pecho, cerré mis ojos, y musitando su nombre, juré fidelidad a mi nueva patria, a mi nuevo país y a mi nueva ley.&lt;br /&gt;  -Así pues, yo, Marcos Navas Fernández, reniego de todo el pasado, de todo lo ocurrido, y hoy voy a dar respuesta a quienes sin motivo me han intentado destruir... acabar con mi existencia... y sin conseguirlo.&lt;br /&gt; Cogí el fusil, mi bandera, apagué las gaitas de la música, y salí del refugio de mi casa.&lt;br /&gt; Me subí en el ascensor y pulse el diez, la altura más alta de mi edificio. Mi corazón empezó a acelerarse.&lt;br /&gt; Salí a la azotea, al aire libre,  por entre un depósito de agua y el garito de los motores del ascensor. Una barandilla blanca,  no muy segura, me sirvió de apoyo para contemplar las vistas de mi ciudad.....&lt;br /&gt; No, ya no era mi ciudad. Todo cuanto veía era territorio enemigo: El este, el oeste..... el norte, el sur..... Todo....&lt;br /&gt; ¿Todo?&lt;br /&gt;  No. Todo no.&lt;br /&gt;  Con dolor, despegué la bandera de mi pecho y la icé con cuidado por entre los cables de la antena colectiva y hasta que el viento la hizo ondear en lo más alto de mi nueva patria.&lt;br /&gt;  Si querían guerra, la iban a tener. Desde luego que si.&lt;br /&gt; Así el rifle hasta que este alcanzó la horizontalidad y lo acaricié como si tuviera vida propia. Coloqué el dedo en el gatillo, y me acerqué a la mirilla telescópica. El trafico era fluido, como siempre, y mis enemigos numerosos.&lt;br /&gt;  Sonreí. Era el día indicado. &lt;br /&gt; Y apreté... por mi país, por mi bandera… por mi patria.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-7627774723737286629?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/7627774723737286629/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=7627774723737286629' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/7627774723737286629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/7627774723737286629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/09/patriota.html' title='Patriota'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqEsR3JoQI/AAAAAAAAAA4/nmOL7iEzM08/s72-c/bandera+iwo+jima.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-6960251678267432195</id><published>2007-08-31T17:53:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:05.147+01:00</updated><title type='text'>Defraudadores categóricos</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtg_Hh3JoPI/AAAAAAAAAAw/Rgh5lbSaQJA/s1600-h/cego1.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtg_Hh3JoPI/AAAAAAAAAAw/Rgh5lbSaQJA/s400/cego1.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5104899576205779186" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Si compañero. Hemos defraudado al mundo. Entre los dos podíamos haber hecho grandes maravillas: convertir lo banal en extraordinario; y lo mezquino, miserable y ruin, en una gesta heroica sin precedente alguno. &lt;br /&gt;Si compañero…. Unidas nuestras sinergias nada habría podido con ambos los dos. Seríamos los reyes del mundo.&lt;br /&gt;Sin embargo, ya ves: ni hemos tenido hijos con los que prolongar la estirpe de la patria, ni hemos estudiado lo suficiente como para inventar una mísera vacuna. Nuestro afán por la política jamás pasó de la barra del bar y esas ideas tan prometedoras fenecieron entre las colillas del suelo. Si, incluso aquella novela que ambos escribimos y que tú ibas a llevar al cine acabó por perderse en el disco duro de un viejo ordenador en blanco y negro…. y el sol brillante y esplendoroso de aquellos tiempos se entumeció hasta dormirse en el mas ridículo y prometedor de los fracasos.&lt;br /&gt;Tú te dedicaste a lo tuyo y yo…. Y yo me convertí en Rapatundas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bienvenido... otra vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-6960251678267432195?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/6960251678267432195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=6960251678267432195' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6960251678267432195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6960251678267432195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/08/defraudadores-categricos.html' title='Defraudadores categóricos'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtg_Hh3JoPI/AAAAAAAAAAw/Rgh5lbSaQJA/s72-c/cego1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-6656506078861860881</id><published>2007-07-03T19:35:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:05.263+01:00</updated><title type='text'>Cuestión de equilibrio</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqG2h3JoRI/AAAAAAAAABA/ygaaDOOYunI/s1600-h/organo.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqG2h3JoRI/AAAAAAAAABA/ygaaDOOYunI/s400/organo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105541398938624274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;T&lt;/strong&gt;ocar el órgano en aquella iglesia era lo único que me invitaba a seguir respirando. Todos los fines de semana, recorría más de cien kilómetros hasta encontrarme en aquella  aldea perdida en los montes de Lugo. Por contra, y para poder disponer de la llave de la vieja iglesia románica, el cura me había hecho la oferta de tocar en cuantas celebraciones o funerales se ofreciesen en el templo. Así, si quería accionar aquellos fuelles, recorrer con la vista los enormes tubos que se perdían en el cielo, debía ambientar con mi órgano las despedidas funerarias, las bodas, y las comuniones.... Y a veces lo hacía con tanto entusiasmo, con tanto ardor, que el cura tosía tres o cuatro veces con fuerza para que el órgano y yo volviésemos de nuestro viaje a "ningures" y así, tras la vuelta al silencio, él pudiera continuar con la homilía.&lt;br /&gt; Sin embargo, lo que parecía un hobby, un simple pasatiempo para derrochar mi capacidad musical, acabó convirtiéndose en una obsesión, en un amor desatado por hacer circular el aire por el interior del dichoso instrumento, por lo que llegué a pasarme noches enteras tocando música barroca, o romántica; e incluso probando ciertas piezas que llegué a componer en alguna de esas largas vigilias.&lt;br /&gt; Con el tiempo, mi mujer acabó mandándome al carajo, señalándome la puerta de atrás, por supuesto. Igual que mi jefe, que se hartó de darme permisos y de mis torpes disculpas para no trabajar, por lo que, después de ser despedido, acabé instalándome cerca de la iglesia, para lo que arrendé una vieja casa con un buen terreno de labradío en su derredor en el que, mas mal que bien, planté algunas coles, algunos grelos, y algunas otras legumbres. Así, de ser un urbanita con las manos tan finas como las de una baronesa, pasé a conocer las durezas de la tierra en forma de callos en la palma de mis manos, y de la calefacción o el aire acondicionado de una oficina me acordé en cuanto llegó el rigor del invierno, o el derroche agónico del verano. Todo por tocar un viejo órgano de viento, convertido en una pasión como nunca había tenido otra en mi vida, ni siquiera en mi época moza en mis andares con las mujeres.&lt;br /&gt; Los vecinos de la aldea empezaron a mover la cabeza cada vez que se cruzaban conmigo. No comprendían mi afición y quizás dudaban de mi cordura. No obstante, era muy buena gente y en ningún momento me dijeron nada al respeto. Simplemente, sabían que el órgano estaba funcionando mas ahora que en los últimos tres siglos y que, en sus celebraciones eclesiales, iban a tener la música gratis.&lt;br /&gt; Pero un día todo cambió.&lt;br /&gt; La normalidad es normal porque no sucede nada extraordinario. Si el sol sale por allí,  se oculta por allá.... Si la marea sube, la marea baja.... Y si todo el mundo se comporta como es debido, las cosas funcionan. Es una lógica inapelable, las buenas gentes lo saben, incluso las malas también. Por eso, cuando apareció el lobo después de tres lustros sin hacerlo y mató cuarenta ovejas, entre los más sabios del lugar se arqueó la ceja de la sospecha y sobre sus entrecejos nació una profunda arruga que no era nada “normal”.&lt;br /&gt; Cuarenta ovejas de una tacada después de tres lustros: Todas tiradas por la hierba en dantesca imagen de una ferocidad desproporcionada.&lt;br /&gt; Y, mientras los lugareños enterraban los animales, surgió una conversación que en apariencia no tenía mucho que ver con el lobo:&lt;br /&gt; - Lucita abortó el pasado lunes.&lt;br /&gt; - ¡No me digas! Igual que Begoña, a filla de Xan da Revolta - respondió sorprendido Armando.&lt;br /&gt; - Vaya.... Hay pocos niños en la aldea, y las dos últimas en empreñar....no lo logran.&lt;br /&gt; - Vaya... vaya casualidades.&lt;br /&gt; Sin embargo nadie cree en las casualidades. Acuden a ellas para explicar lo inexplicable, pero en el fondo, donde nacen los razonamientos, saben que todo tiene una causa, una motivación, una razón de ser.&lt;br /&gt;  - Lleva sin llover seis meses - comentó Miguel tras un corto silencio.&lt;br /&gt; - Si, ya no hay pasto. Menos mal que tengo una poca hierba en el silo, que sino iba a tener que enviar las vacas a comer a casa del alcalde.&lt;br /&gt; - No se como voy hacer. Tengo el pozo en las últimas. Ayer bajé a limpiarlo y no me cubría ni el tobillo.&lt;br /&gt; - Ya verás como todo cambia en Octubre y después llueve a mares.&lt;br /&gt; - A ver...&lt;br /&gt; Porque, razonan, que si ahora falta el agua, después vendrá toda junta, como si en el cielo se almacenara en una especie de pantano y al menor descuido se pudiesen abrir sus compuertas. &lt;br /&gt; Sin embargo:&lt;br /&gt; - Merda!!! - dijo Armando veinticuatro horas después al ver como las llamas devoraban gran parte de la masa forestal de la aldea.&lt;br /&gt;- Todo el monte queimado... Arrasado desde el río hasta la carretera.&lt;br /&gt; - Y con los pinos de cuatro años – añadió Miguel.&lt;br /&gt;- Merda.... merda, merda, merda....&lt;br /&gt; Lo que estaba pasando no era normal. &lt;br /&gt;Por lo que, sin saberlo, sin ser consciente de nada, los despropósitos se acumularon en mi derredor poco a poco, piedrecita a piedrecita.&lt;br /&gt; No obstante, continuaba enamorado de mi órgano y que murieran cien o mil ovejas y se quemaran un millón o dos millones de robles, pues, la verdad, no me inquietaba demasiado. Era feliz, o creía serlo, y los problemas, desde que el mundo era mundo, siempre habían existido.&lt;br /&gt; Sin embargo, unos días después se produjo un suceso que agravó por completo la situación:&lt;br /&gt; Durante el funeral por la muerte de un emigrado en Argentina, sin el cuerpo presente, el párroco comenzó a tener unos ligeros principios de vómito mientras contaba la historia del hijo pródigo. Las arcadas fueron a más y el párroco se murió cuando todos pensaban que hacía los típicos gestos para que yo dejara de tocar.&lt;br /&gt; Por supuesto, no acabó la historia del hijo pródigo.&lt;br /&gt; Una hora más tarde, mientras los camilleros recogían su cuerpo yo noté como algunas miradas se posaron sobre mí. La gente murmuraba por lo bajo ciertas cosas de las que yo no era partícipe y un ligero escalofrío recorrió mi espina dorsal.&lt;br /&gt; La suerte, la mía, estaba echada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  El resto de la historia quizás sobra. Si, porque volvió a llover, naturalmente; y no ardió mas monte ese año, pues no había mucho que quemar, y el otoño enfrío los tojos y las silveiras. Además, Lucita empreñó y tuvo una preciosa niña al año siguiente... Del lobo, no se volvió a saber. y el nuevo cura, el nuevo cura hacía las misas sin coro ni órgano y era un buen tipo, organizador de excursiones por todas las tierras de España, Andorra incluida.&lt;br /&gt; En cuanto a mi, ya lo saben, tuve que irme de la aldea. No porque me echaran o me dijeran algo al respeto. Simplemente, unos días después del aciago suceso del párroco, el órgano apareció completamente destrozado, de arriba abajo, con las trompeteras convertidas en gravilla y ya no tuve ningún motivo para seguir viviendo en aquella aldea perdida en los montes de Lugo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-6656506078861860881?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/6656506078861860881/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=6656506078861860881' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6656506078861860881'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/6656506078861860881'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/07/cuestin-de-equilibrio.html' title='Cuestión de equilibrio'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqG2h3JoRI/AAAAAAAAABA/ygaaDOOYunI/s72-c/organo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-4060233516239427101</id><published>2007-06-14T23:13:00.000+02:00</published><updated>2007-06-15T18:33:46.587+02:00</updated><title type='text'>El canto de un mendigo</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Distingidos señores y bellas damas elegantes y de suave tez, dignaos echarme una mirada, y en vano no sonarás, organillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fausto.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-4060233516239427101?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/4060233516239427101/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=4060233516239427101' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/4060233516239427101'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/4060233516239427101'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/06/el-canto-de-un-mendigo.html' title='El canto de un mendigo'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-5754505934800995482</id><published>2007-04-05T18:39:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.145+01:00</updated><title type='text'>Un cambio de aires</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqIpR3JoSI/AAAAAAAAABI/fz0QptyRXcw/s1600-h/espalda.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqIpR3JoSI/AAAAAAAAABI/fz0QptyRXcw/s400/espalda.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105543370328613154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Con un destornillador marca Still me quité los cuatro tornillos que sujetaban la tapa de mis sesos y dejé que las ideas se airearan durante un buen rato. Además, introduje unos cuantos acertijos con los que entretenerme más tarde y, también, una calculadora que me ayudara en los quehaceres de cada día. &lt;br /&gt;No obstante, al intentar cerrar la cabeza, perdí uno de los tornillos y al agacharme para buscarlo bajo el sofá, perdí dos más que hicieron que me fuera imposible cerrar la sesera. &lt;br /&gt;Así, con la frente desencajada de su lugar y con una patilla inclinada hacia la mejilla, salí a la calle y me encaminé hacia una ferretería en donde comprar los dichosos tornillos. Para mi desgracia, y como si no tuviera ya bastante, llovía a cantaros y por el agujerito de la rosca de los tornillos se empezó a colar un poco de agua. Al principio unas gotitas, que me refrescaban, pero al rato, con la acumulación, mis ojos empezaron a llorar sin ganas y comprendí que tras los mismos había tanta agua como en la pecera que adornaba mi salón. &lt;br /&gt;La fría humedad penetró por entre las sinuosas curvas del cerebro y fue empapando todas y cada una de mis ideas… Mis recuerdos se cubrieron de lluvia, las travesías por las arenas del Sahara no resultaron tan secas y calurosas como creía, y Mary, aquella chica tan calentita y acogedora que olía tan bien, y a la que me follé en un Fiat Panda, resultó sudar igual o más que Michael Jordan en una final de la NBA. &lt;br /&gt;Mis miembros se des-coordinaron, todo lo veía borroso, y la boca se me hacía agua, literalmente, cayendo de mis labios a borbotones, impidiendo que respirara con la soltura habitual. &lt;br /&gt;De la susodicha humedad pasé a empantanarme por completo y la confusión reinó con anarquía sobre lo que antes era yo…. &lt;br /&gt;…. O tú, o él, o nosotros, pues los palabros se mezclaron, la configuración y el orden de mi persona ya no tuvo sentido alguno y todo lo que hasta ese momento había sido un conjunto de imágenes, deseos, anhelos, ideas, emociones, esperanzas, recuerdos…se licuo bajo la tapa de mis sesos y cuando llegué a la ferretería no supe muy bien a porque había ido, por lo que me vine para casa con una tijera de podar, un sobre de semillas de buganvillas, un saco de tierra abonada, y cuatro macetas en donde plantar tan bonitas plantas trepadoras. &lt;br /&gt;No se lo que me pasa últimamente. No se si es el estrés o la vejez, pero cada vez que salgo de casa vengo cargado con tonterías, con cosas que no me hacen puta falta, como si fuera un comprador compulsivo, y quizás va siendo hora de que haga un viaje o algo parecido que me aclare las ideas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-5754505934800995482?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/5754505934800995482/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=5754505934800995482' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/5754505934800995482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/5754505934800995482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/04/un-cambio-de-aires.html' title='Un cambio de aires'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqIpR3JoSI/AAAAAAAAABI/fz0QptyRXcw/s72-c/espalda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-1729959466576648611</id><published>2007-04-05T18:29:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.316+01:00</updated><title type='text'>Angel de colamina</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqJNx3JoTI/AAAAAAAAABQ/mlnknUGyO8Y/s1600-h/angel-1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqJNx3JoTI/AAAAAAAAABQ/mlnknUGyO8Y/s400/angel-1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105543997393838386" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Soy un ángel de colamina, el as de espadas en la mano del demonio: el látigo, el azote de los nudos que atan los sentimientos en el alma de los desesperados, y desde que me compré una moto enorme, gigantesca, de super-acojonante cilindrada, no paro quieto ni un solo minuto. &lt;br /&gt;Alejandra, mi novia, ha comprado otra moto muy parecida a la mía. No obstante, yo tengo trucado el traga-carburador y no es capaz de ponerse a mi altura. Cuando salimos a la carretera, la miro por debajo de la viserilla del casco, le guiño mi precioso ojo brillante y gris plateado, hago el gesto de jódete morena con el pulgar vertido hacia abajo, y acelero por en medio los torpes turismos que inundan la nacional. Por el retrovisor, la veo venir haciendo eses, agachándose sobre el depósito de su máquina, y aunque no le veo la cara, imagino su rictus cabreado al tiempo que retuerce la manilla…Y vuelo, vuelo por la meseta a doscientos cincuenta, doscientos sesenta, doscientos setenta kilómetros por hora, cortando el aire como si fuera una línea incandescente sobre la superficie de un planeta, la vibración de la cuerda de una guitarra loca. &lt;br /&gt; El astro Sol, a lo lejos, se oculta ante mi presencia, se esconde tras la montaña, y el ruido atronador del tubo de escape inunda la noche oscura de mi alma hasta reinar en solitario sobre todos los grillos del universo. Freno, decelero hasta detenerme, y aparco a la viera del asfalto, sobre la crujiente gravilla del arcén. Me quito el casco y saco un cigarro rubio del fondo del bolsillo de la cazadora. Lo enciendo, aspiro, y fumo. Las virutas de humo se elevan en el aire dibujando una clara grieta sobre la negra noche. No se donde estoy ni me importa. Tres, cuatro, o cinco horas de velocidad imposible, y quizás me halle en Francia, o en Inglaterra....&lt;br /&gt; No obstante, ella me encontrará.... En la ciega ira de su tempestad, me verá, y dará conmigo. Alejandra es así, imperturbable, invencible, indomable... la cruz que se clava más y más en mis entrañas. &lt;br /&gt;Tiro la colilla, y la veo, la veo venir.... Es ella convertida en lejana luciérnaga antes de deslumbrar la negritud. &lt;br /&gt;Me quito la ropa rápidamente: el mono, los pantalones la camiseta, los mocasines de goma.... y desnudo, sobre la fría superficie del asfalto, me coloco sobre la discontinua línea del medio de la carretera y levanto los brazos como si fuera un náufrago perdido en el océano... &lt;br /&gt;Aquí, aquí, grito con fuerza. Sin embargo, ella no se detiene, no reduce ni un gramo la presión de su mano sobre el acelerador y pasa rozándome con su bólido. Me doy la vuelta, y la veo desaparecer... en la noche. La lucecita roja de su piloto trasero acaba feneciendo tras una lejana colina. Maldigo su desvergüenza, su carácter rugoso y cruel, y me subo en mi moto enorme, gigantesca, de super acojonante cilindrada.... Me olvido de mi desnudez y hasta del casco: El ángel de colamina vuela sobre la carretera y persigue, iracundo, a su demonio. Primera, segunda.... quinta, sexta... Las revoluciones convierten el gorgoteo en un afilado rugido sin fin, y mis dientes se muerden entre si... &lt;br /&gt;Allí está. Ya la veo. Alejandra ha reducido su velocidad. Quiere jugar conmigo, que me acerque un poco.... Ajá. Tenía razón. Ahora que me ha visto acelera. Adelanto un camión trailer, adelanto otro camión trailer, y la pierdo.... Miro por el retrovisor y la veo. Se ha escondido tras el remolque de uno de los Volvo, y, sibilinamente, se me ha pegado por detrás, a mi estela. &lt;br /&gt;Cuando veo que está lo suficientemente cerca, freno de golpe, y ahora si, me embiste con su moto, lanzándonos a ambos por entre las estrellas y hasta acabar en el fondo de un barranco. &lt;br /&gt;Y así, antes de morirnos, antes de convertir nuestras motos en simple chatarra, me pego a Alejandra en el aire, la abrazo por última vez, y sus ojos, en cuyo iris se refleja la Luna, me sonríen bajo la viserilla de plástico fino.....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-1729959466576648611?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/1729959466576648611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=1729959466576648611' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1729959466576648611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/1729959466576648611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/04/angel-de-colamina.html' title='Angel de colamina'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqJNx3JoTI/AAAAAAAAABQ/mlnknUGyO8Y/s72-c/angel-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-117159388958436862</id><published>2007-02-23T22:39:00.000+01:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.425+01:00</updated><title type='text'>Mi personaje favorito</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqJwx3JoUI/AAAAAAAAABY/oJBMIhXBESE/s1600-h/huck.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqJwx3JoUI/AAAAAAAAABY/oJBMIhXBESE/s400/huck.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105544598689259842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Yo vivía tranquilamente en mi mundo. No tenía que dar explicaciones a nadie y era libre para hacer lo que me viniera en gana.... Era quizás el personaje de novela mas feliz de cuantos haya inventado el ser humano en sus viajes por la literatura.&lt;br /&gt;Me levantaba cuando picaba el sol en lo alto, cuando las legañas ya se habían aburrido hasta de mi cara; carecía de calzado y de ganas de tenerlo, y mi posesión mas preciada era un simple sombrero de paja medio roído en su coronilla. Aun así, era la envidia del mundo de entero y cualquier niño del mundo habría cambiado todos sus ahorros de la infancia por vivir una tarde a mi lado en el Mississippi, de la mano de mi amigo Tom, o simplemente pescando conmigo mismo, con Huck.&lt;br /&gt;No obstante, un día todo cambió. Las musas decidieron desprenderme de mis peculiaridades y por culpa de un arco-iris primaveral en cuya base se reflejaron mil chocolatinas fui a parar a otra época mucho mas disparatada. Me lancé como un loco a por aquellas relucientes chucherías y cuando quise llevármelas a la boca comprendí que la feliz imagen era una simple alucinación. Sin embargo, tras darme cuenta de mi error, de lo tonto que había sido, caí en la cuenta de que los frondosos árboles de la orilla del río habían desaparecido bajo los brillantes rayos del sol y que unos muelles grises, ataviados con una niebla espesa y oscura, ocupaban por completo el horizonte de mi propia visión. La alucinación en la base del arco-iris había sido un simple cebo para que atravesara una puerta hacia otro mundo y ahora, desamparado, me encontraba en un lugar que nunca había visto.&lt;br /&gt;No comprendía nada. Mark Twain siempre había sido muy bondadoso conmigo... y más que bondadoso, desprendido. Me había creado para entretener a Tom Sawyer en sus curiosas aventuras y desde entonces, aparte de ponerme una caña de pescar en la mano, se había despreocupado de hacerme trabajar o de mandarme a la escuela como al resto de los demás niños. Y sin embargo ahora, cuando ya casi hacía un siglo que se había muerto el viejo, resulta que algún espabilado me estaba utilizando en un experimento literario con un absurdo arco-iris repleto de chocolatinas de mentira.&lt;br /&gt;En aquel muelle de piedra, los barcos no eran a vapor como en el Mississippi, y alrededor del muelle, por encima del pavimento, circulaban ruidosos vehículos que mi nuevo padrino se había inventado para la nueva historia.&lt;br /&gt;- Aparta neno...&lt;br /&gt;Me aparté. Estaban descargando pescado de las bodegas de un barco pesquero y el hielo que se desprendía de las cajas hizo que por primera vez en mi vida echara de menos un buen calzado.&lt;br /&gt;Aterido por el frío, salí de los muelles y me dirigí hacia donde pintaban las casas: unos edificios más altos que ningún árbol y cuadrados como las tapas de un libro. Por en medio de dichos edificios, se hallaban unas calles repletas de gente y de bullicio, de frenéticos movimientos plenamente orquestados: unos para un lado, otros para otro, una anciana muy despacio, un señor muy apurado, unos a voces para hacerse oír, otros saliendo de un bar... Y el caos ante mis desorbitados ojos, que eran incapaces de seguir todo cuanto allí ocurría, que jamás había visto tantas personas juntas, siendo imposible hacer memoria de cuanto ocurría.&lt;br /&gt;- Aparta neno...&lt;br /&gt;Y me apartaba.&lt;br /&gt;Deambulé como un tonto por entre la multitud. Estaba ciego de tanto ver y ni siquiera me di cuenta de los mil inventos que jamás había visto, pues mis ojos se obcecaban sobre aquellos rostros tan decididos, tan marcados y resolutos, atrayendo mi total atención.&lt;br /&gt;- Hola.&lt;br /&gt;- Hola - le respondí a un niño tan gordo como un tonel.&lt;br /&gt;- ¿Porqué no tienes zapatos?&lt;br /&gt;Miré los suyos, manchados del barro por la puntera, y dije:&lt;br /&gt;- Prefiero ensuciar los pies.&lt;br /&gt;- ¿Y abrigo.... no tienes frío?&lt;br /&gt;- Yo no.... Nunca tengo frío - mentí.&lt;br /&gt;- ¿Y tu papa?&lt;br /&gt;Abrí la boca para contar otra mentira, pero una mujer, que debía ser su madre, apareció voluntariosa de dentro de un comercio y, como si yo fuese un apestoso, agarró a su gordo hijo de la mano y se lo llevó de mi presencia antes de que le dijera que mi papa estaba matando indios con el séptimo de caballería.&lt;br /&gt;Fue entonces, tras ver como se balanceaba aquel grasiento trasero al alejarse de mí, cuando sentí el reconocible sonido de mis tripas.&lt;br /&gt;Tenía hambre, por lo que me dejé llevar por mi instinto y al cabo de unos minutos acabé metiendo mi mano por donde el brillo de unas coloradas manzanas.&lt;br /&gt;- Al ladrón - gritó alguien al ver mi atrevida apetencia.&lt;br /&gt;Escapé por en medio de la multitud, acabando en una oscura callejuela, y disfruté de las tres manzanas que había podido conseguir.&lt;br /&gt;- Eh... – oí decir.&lt;br /&gt;Miré hacia una ventana sin cristales con las bisagras medio desvencijadas por la herrumbre, situada al fondo del callejón. Una mano me hacía seña de que me acercara hasta allí.&lt;br /&gt;- Eh... ¿Tienes un cigarro?&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;- ¿Me puedes dejar un par de euros?&lt;br /&gt;- No tengo.&lt;br /&gt;- ¿De donde eres?&lt;br /&gt;- No soy de ningún lado.&lt;br /&gt;- ¿Te han robado los zapatos?&lt;br /&gt;- Si.&lt;br /&gt;- Acércate aquí.&lt;br /&gt;Me acerqué muy lentamente. Aquella voz tan estropeada no era muy de fiar.&lt;br /&gt;- Yo soy de Logroño... ¿Y tú?&lt;br /&gt;- De ningún lado - repetí.&lt;br /&gt;- Ja. Que gracioso.&lt;br /&gt;Al llegar junto a la ventana pude verle la cara. A pesar de la voz cascada, su rostro era joven, de facciones muy marcadas, moreno y de afilada quijada.&lt;br /&gt;- Puedes venirte para dentro - me dijo abriendo una hoja de la ventana.&lt;br /&gt;- Yo.... no quiero molestar - dije.&lt;br /&gt;- No seas idiota muchacho.... Te has metido tanta mierda la pasada noche que no te das cuenta ni del frío ni de cómo vas.&lt;br /&gt;Subí por la ventana y una vez dentro tarde un buen rato en hacerme a la oscuridad del interior.&lt;br /&gt;- ¿No hay lámparas? - pregunté.&lt;br /&gt;- El otro día enganché la luz.... pero vinieron los cerdos y me la cortaron...&lt;br /&gt;En la habitación solo había dos colchones y unas cuantas mantas.&lt;br /&gt;- ¿Cómo te llamas?&lt;br /&gt;- Huck.&lt;br /&gt;- Anda.... ¿Eres irlandés?&lt;br /&gt;- Si - dije por decir.&lt;br /&gt;- Yo me llamo Antonio y ya ves, voy tirando de aquí para allá, dando tumbos, pidiendo por las estaciones, y durmiendo donde me pilla la noche. Aquí llevo una semana y en cuanto mejore el tiempo me piro para el sur.... Hasta los cojones del agua y del frío.&lt;br /&gt;- Yo quiero ir hasta el río Mississippi - dije.&lt;br /&gt;- ¿Y a qué? Allí en cuanto te vean te van a meter cuatro tiros... No ves que no quieren vagabundos.&lt;br /&gt;- ¿Vagabundos?&lt;br /&gt;- Si.... Yo vi una película en donde la policía se cepillaba a los vagabundos como si fueran simples sanguijuelas.... Son muy brutos los americanos. Lo arreglan todo a base de ostias.&lt;br /&gt;- ¿Y esto? ¿Aquí?&lt;br /&gt;- ¿En Coruña? También... No te creas. Solo que no hay tantas pistolas y por tanto se ahorra mucho en balas.&lt;br /&gt;- ¿Curuña?&lt;br /&gt;- Oye... Tu estás zumbao, zumbao... A mi me gusta el vino una barbaridad, pero aun tengo sentido de la orientación... ¿Qué mierda te tomas tú?&lt;br /&gt;Muchas de las palabras se me estaban escapando... Curuña, zumbao.... No obstante, estaba satisfecho de la conversación con aquel simpático caballero que además me había acogido en su casa.&lt;br /&gt;- ¿Me dejas coger una manta? - pregunté.&lt;br /&gt;- Claro.&lt;br /&gt;Me envolví hasta parecer una mortaja y poco a poco, al entrar en calor, me fui abandonando al cansancio y al sueño. Por un momento creí que estaba otra vez a orillas del río, esperando por Tom, o tirando de un pez tan grande como la burra de la tía Polly, cuando el humo de la hoguera hizo que me despertara.&lt;br /&gt;- Vaya.... Ya despierta la bella durmiente. ¿No te apetece un chorizo a la brasa?&lt;br /&gt;- ¿No hay cocina en esta casa? - le pregunté al ver el fuego en medio de la habitación.&lt;br /&gt;- Oye, no vaciles.... y tómate este chorizo. Ahí tienes el pan. Está un poco enmohecido, pero puede comerse.&lt;br /&gt;Hinqué el diente en lo que aquel hombre me ofrecía y me acerqué un poco al calor de la hoguera.&lt;br /&gt;- ¿Qué.... está bueno? Y toma neno, un trago de vino.... Como si fuera papaito... eh... Ya me podías dejar que te diera un poco por el culo.&lt;br /&gt;- ¿Qué... culo?&lt;br /&gt;- Tranquilo rapaz.... que era broma.&lt;br /&gt;Probé aquello que Antonio llamaba vino y a punto estuve de devolver cuanto había comido. Nunca había probado una cosa tan amarga.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa? ¿Está chungo el clarete?&lt;br /&gt;- Quiero regresar - dije tras recuperar el aliento.&lt;br /&gt;- ¿A dónde, neno? ¿A Irlanda?&lt;br /&gt;- Quiero volver a mi casa.&lt;br /&gt;- Eres menor de edad... Con ir hasta una comisaría ya está. Te devuelven a tu casa con todos los gastos pagos.&lt;br /&gt;- No es tan fácil. Debo encontrar un arco-iris.&lt;br /&gt;- Claro, por supuesto - se río Antonio.&lt;br /&gt;- Yo no debía estar aquí. Debía estar en la orilla del Mississippi, tumbado, durmiendo la siesta, construyendo cabañas por el bosque, o balsas de troncos para navegar río abajo... Debía estar disfrutando de la vida.&lt;br /&gt;- Y yo muchacho. Yo tampoco debía estar aquí.&lt;br /&gt;- Entonces....&lt;br /&gt;- Yo debía estar en una isla del caribe, bajo unos cocoteros, y discutiendo con Viernes por culpa de un tonel de ron.&lt;br /&gt;- Entonces... ¿Tú también fuiste atraído por las chocolatinas?&lt;br /&gt;- Por supuesto, Huck. A mi también me engañaron las chocolatinas.... Siempre engañan las putas chocolatinas.&lt;br /&gt;- Pues tenemos que hacer algo. Buscar un arco-iris para regresar. Yo al Mississippi, y tú a tu isla.&lt;br /&gt;Me miro con algo de pena.&lt;br /&gt;La hoguera, reflejada en sus ojos, se apagaba poco a poco.&lt;br /&gt;- Pues bébete el vino.&lt;br /&gt;- ¿Cómo?&lt;br /&gt;- El vino es la solución. En cuanto lleves bebido ese cartón de vino empezará a salir el arco-iris.&lt;br /&gt;- ¿De verdad?&lt;br /&gt;Antonio bajó la cabeza.&lt;br /&gt;- ¡Qué mierda, chabal! - gritó - ¿¡Me estás vacilando?!&lt;br /&gt;- No - dije.&lt;br /&gt;- Entonces... ¡Largo de aquí!&lt;br /&gt;- Pero....&lt;br /&gt;- Ni pero ni ostias... ¡Fuera de aquí!&lt;br /&gt;- Pero es que.... soy Huckleberry Finn, el amigo de Tom Sawyer, el famoso personaje de Mark Twain...&lt;br /&gt;- Vale. Y yo soy Antonio López Sabucedo. No soy amigo ni personaje de nadie y esa ventana que ves ahí, esa misma, es la puerta por donde te vas a ir.&lt;br /&gt;Miré el lugar que me señalaba, y con cierta pena, abandoné el calor de aquella pequeña lumbre.&lt;br /&gt;No se cual habría sido mi pecado en el olimpo de los personajes ficticios, pero una endiablada pluma que no era de mi tiempo parecía dispuesta a hacerme sufrir todo cuanto antes había disfrutado a orillas del Mississippi.&lt;br /&gt;- ¿Porqué, porqué?&lt;br /&gt;Y hacía frío…. Mucho frío.&lt;br /&gt;Miré mis pies descalzos y añoré la presencia de mi creador. Si Mark Twain guiase ahora mi destino, si viviese, ya me habría puesto unos buenos zapatos.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-117159388958436862?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/117159388958436862/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=117159388958436862' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/117159388958436862'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/117159388958436862'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/02/mi-personaje-favorito.html' title='Mi personaje favorito'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqJwx3JoUI/AAAAAAAAABY/oJBMIhXBESE/s72-c/huck.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-116933082290394398</id><published>2007-01-20T23:05:00.000+01:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.517+01:00</updated><title type='text'>El relevo</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqMrh3JoXI/AAAAAAAAABw/7h28zcyDuXA/s1600-h/timor_map.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqMrh3JoXI/AAAAAAAAABw/7h28zcyDuXA/s400/timor_map.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105547807029830002" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después de seis años en la misión, de trabajar a diario en el cuidado de los enfermos terminales de sida, Jorge comprendió que se le había agotado el ánimo, que finalmente se había extenuado con su trabajo en la isla, y que por eso estaba allí, a punto de regresar a su casa, junto a los suyos.&lt;br /&gt; La ilusión con la que había llegado a Dili parecía truncarse al mismo tiempo que la joven democracia timoresa, pues ahora los enfrentamientos entre los pro-indonesios y los católicos eran continuos y las peleas parecían ser la antesala de una temida guerra civil. Quizás, pensó Jorge, no era el momento adecuado para abandonar su puesto en la misión, ya que aparte de los problemas derivados de la violencia, los casos de sida eran dos veces superiores a los de hacía un lustro y el personal que atendía a aquellos pobres desgraciados seguía siendo el mismo: el padre Isaac, la hermana Marianinha, Andrea, y él mismo, un voluntario civil con un título de enfermero que hacía de médico tratando de mitigar el agotamiento final de unas vidas castigadas por el maldito VIH.&lt;br /&gt; Jorge cerró los ojos un momento y contempló el desfile de rostros que había despedido en su viaje hacia la muerte....sintiendo que era un desfile demasiado pesado. Algunas caras, como la de la joven Dulzura, la primera paciente que había atendido en la isla, empezaba ensombrecerse en su recuerdo. Quiso definir alguno de sus rasgos, pero le fue imposible, como si aquella chiquilla tan menuda se hubiera convertido en una fotografía humedecida por la lluvia y su última existencia se fuera a diluir. Por lo que, con rabia, abrió los ojos, y una sensación de abandono se apoderó de todo su ser, dolido por la dejadez que había hecho del recuerdo de aquella joven.&lt;br /&gt; Si, quizás era un iluso, un idiota romántico que creía en la perdurabilidad de los sentimientos, en la solidaridad humana. Se había educado con la humanidad de dichos principios y el hecho de que empezara a  olvidar a sus pacientes, olvidar sus manos, sus ojos deseosos de vida, sus dolores y sus suspiros, era quizás la razón fundamental de su renuncia a seguir en Timor. No quería convertirse en una máquina, por mucho bien que le hiciera a su propia causa, a la lucha contra la desesperación, y además ya no había vuelta atrás: la decisión ya había sido tomada.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Jorge estaba en el pequeño aeropuerto de Dili esperando por un avión que, vía Darwin, lo llevara hasta Lisboa. Al mismo tiempo, esperaba poder ver a su relevo que llegaba en ese mismo vuelo.&lt;br /&gt;  - ¿Jorge?&lt;br /&gt;  Se volvió. Era la joven que esperaba... Aunque no era tan joven. La mujer que tenía delante era una atractiva cuarentona, demasiado abrigada para el clima tropical que le esperaba, y lucía una sonrisa espectacular entre sus prominentes y sonrojados pómulos. En su mano derecha llevaba una pequeña maleta y en la izquierda sujetaba un bolso, un par de libros, una pequeña cartera repleta de papeles, y un par de gafas de gruesa montura.&lt;br /&gt;  - Perdona. Estaba pensando sobre cierto asunto..... ¿Cómo me has reconocido?&lt;br /&gt;  - Eres el único occidental de toda la sala.&lt;br /&gt;  - Ah - asintió Jorge -. Yo - añadió -, esperaba...&lt;br /&gt;  - Una jovencita idealista recién salida de la universidad - le interrumpió la mujer.&lt;br /&gt;  - Jorge - dijo entonces Jorge, un poco desconcertado, pero soltando una pequeña carcajada y extendiendo la mano a modo de presentación.&lt;br /&gt;  - Dulce... Dulzura - dijo la mujer haciendo caso omiso de la mano de Jorge y estampando dos sonoros besos sobre sus mejillas.&lt;br /&gt;  - ¿Dulzura?&lt;br /&gt;  - Si... Veo que le sorprende un poco.&lt;br /&gt;  - Un poco si. Hace unos momentos estaba pensado en una Dulzura.&lt;br /&gt;  - Algo agradable, supongo - dijo la mujer con una cierta picaresca.&lt;br /&gt;  Jorge sonrió.&lt;br /&gt;  - Muy agradable - dijo - Aunque nada que ver con... Bueno, fue mi primera paciente en esta isla.&lt;br /&gt;  - Anda... Lo siento, Jorge... Ya debí suponer, al verte tan abstraído, que podías estar haciendo un balance de tu estancia en este país.&lt;br /&gt;  - Si, son seis años. Seis largos años.&lt;br /&gt;  - Mucho tiempo, desde luego.&lt;br /&gt;  - ¿Eres doctora?&lt;br /&gt;  - Si, soy doctora... Una doctora divorciada con un par de hijos que han crecido demasiado pronto.&lt;br /&gt;  - Vaya.... ¿No habrá venido hasta aquí para hacer una cura de soledad?&lt;br /&gt;  - No.... Pero... Pero, ¿porque lo dice?&lt;br /&gt;  Jorge cogió aliento y dijo:&lt;br /&gt;  - Porque este trabajo no es ninguna tontería. No es un segundo plato con el que curar posibles frustraciones.&lt;br /&gt;  La doctora Dulzura mudo su alegre rostro hasta remarcarlo con una gran seriedad y dijo:&lt;br /&gt;  - ¿Porqué me dice eso?&lt;br /&gt;  - Perdone.... Perdona. Pero lo que dejo aquí no es un puesto en la misión, no es una vacante o como diablos lo llamen. Lo que dejo en Timor, en el lugar mas maravilloso del planeta, es un cacho de mi propia alma y quiero que quien ocupe mi lugar se entregue con toda la fuerza de la suya, de su propia alma.&lt;br /&gt;  - Entonces... ¿El abandono? ¿Porque se va?&lt;br /&gt;  Por la mejilla de Jorge discurrió una resbaladiza lágrima, que era el asomo de los sentimientos que ahora lo atenazaban, y entre el dolor de su sentir, débilmente,  musitó:&lt;br /&gt;  - Me voy porque estoy agotado.&lt;br /&gt;  Dulzura asió a Jorge por el hombro y, a un palmo de su cara, le dijo:&lt;br /&gt;  - ¿Y tu crees que con cuarenta y cinco años que tengo, con la vida resuelta en Portugal.... tu crees que vengo a Timor a curar mis frustraciones, o a hacer turismo?&lt;br /&gt;  Jorge levantó su mirada. La doctora tenía unos ojos muy vivos y a la vez profundos, chispeantes, llenos de vida y a la vez serenidad.&lt;br /&gt;  - No - respondió finalmente -. Y perdona..... Solo que a veces, con la entrega, nos llegamos a creer un poco... totalmente imprescindibles.&lt;br /&gt;  - Lo entiendo - y añadió: - Pero ahora hazme un favor.&lt;br /&gt;  - ¿Cual?&lt;br /&gt;  - Dame un abrazo y... vete de una vez. Vete ya si no quieres esperar quince días por el siguiente vuelo.&lt;br /&gt;  Jorge se dio cuenta de su despiste con la hora, imbuido como estaba con las responsabilidades de su trabajo, y tras abrazar efusivamente a Dulzura, echó a correr hacia el lugar de embarque, un único y solitario puesto de aduanas. Entregó los documentos, y, satisfecho, miró hacia atrás y saludó a su relevo con total serenidad.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Si, Jorge podía ir tranquilo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-116933082290394398?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/116933082290394398/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=116933082290394398' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/116933082290394398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/116933082290394398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2007/01/el-relevo.html' title='El relevo'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtqMrh3JoXI/AAAAAAAAABw/7h28zcyDuXA/s72-c/timor_map.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-115652452934280437</id><published>2006-08-25T18:46:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.640+01:00</updated><title type='text'>La línea de la vida</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsi9R3JoZI/AAAAAAAAACA/unBsfm3V-yE/s1600-h/palma.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsi9R3JoZI/AAAAAAAAACA/unBsfm3V-yE/s400/palma.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105713038716674450" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Miré la palma de mi mano y traté de adivinar cual era la línea de la vida: si las dos paralelas que atravesaban de lado a lado la palma o las dos diagonales que nacían cerca de la muñeca y que, como el delta de un río, se desparramaban en la playa de mis callosidades. Aunque, quizás careciera de dicha línea y, ausente de tal, lo estaría de sus obligaciones, por lo que Dios, seguramente, se había olvidado de llamarme a su presencia... &lt;br /&gt;Miré otra vez los surcos de la palma, con más atención, forzando mis dos cansados ojos, y me sonreí ante la idea de que mi línea, de existir, seguramente era ya muy cortita, apenas visible, con el piloto de la reserva mustio y agotado, sin apenas luz. &lt;br /&gt;- ¿Cual es la línea de la vida? &lt;br /&gt;- ¿Qué dice abuelo? &lt;br /&gt;Mi nieta acercó su oreja junto a mis agrietados labios y espero que mi aliento cansino repitiera la pregunta. &lt;br /&gt;- No lo sé abuelo - me respondió con una sonrisa -. ¿Lo dices por lo de tu cumpleaños? &lt;br /&gt;No dije nada. Esa nieta mía, la del pendiente en la punta de la lengua, siempre me responde con otra pregunta, y si no fuera porque tiene unas manos de oro para afeitarme cada domingo ya la habría mandado al carajo. &lt;br /&gt;- ¿Está contento? - me preguntó Manuel, mi hijo más pequeño, el más simpático también de la media docena de críos que trajo a este mundo mi querida Ofelia. &lt;br /&gt;Asentí. &lt;br /&gt;- ¿Y qué le parece? Aquí estamos todos. &lt;br /&gt;- Todos no - lo corregí. &lt;br /&gt;- Bueno... Todos los vivos. Somos veintinueve: entre hijos, nietos, bisnietos, y los dos tataranietos. &lt;br /&gt;- ¿Y ese? - dije señalando a un joven de gafas cuyas entradas en el cabello le llegaban hasta la coronilla. &lt;br /&gt;- Es un periodista, que viene a quitarle una foto. &lt;br /&gt;- ¿Y ese otro? ¿Ese señor tan feo? &lt;br /&gt;- Es el señor alcalde, abuelo - me dijo por detrás una nieta cuyo nombre siempre se me olvida.... Caterina, o Catalina, o Severina... Algo de "ina". &lt;br /&gt;- ¿No será de las derechas? &lt;br /&gt;No me respondió nadie. &lt;br /&gt;- Si es de las derechas, que salga de esta casa - dije con el dedo en alto. &lt;br /&gt;- Pero abuelo... &lt;br /&gt;- Ni abuelo ni ostias. Si es de las derechas que salga de esta casa inmediatamente. &lt;br /&gt;Solo el periodista se atrevió a sonreír. La situación era un poco delicada para todos los presentes y yo no estaba por ceder ni un dedo de mis palabras. &lt;br /&gt;¡A ver si por ser yo viejo no iba a mandar nada! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, como trasladado por el tiempo, miré para mis cinco hijos: Amparo, Manuel, Rosa, Evaristo, y Miguel.... y me acordé de él, del que faltaba: de José, de mi querido José. El alma de la familia. Mi primogénito, el ser que me descubrió que hay algo mas que uno mismo en la vida. Mi lucero, mi querido José. &lt;br /&gt;Espabilado, inquieto, héroe de todas mis promesas venideras, y que se deslizaba sin remisión por el camino de la gloria. &lt;br /&gt;Sus titubeantes primeros pasos, su cuatro palabras mal puestas durante su primer aniversario, cuando abatía sus palmas tórpemente. Miro hacia mis adentros y aun veo su mochila de cuero, aquella que le regalé un diecinueve de marzo, aunque ya no se cual; su lápiz afilado y la gastada pizarra que le había prestado el cura Manuel, el mismo que había bendecido su primera comunión, cuando José iba vestido como un Gentleman, con su corbata y su traje oscuro, rodeado de hadas y marineritos.... &lt;br /&gt;.... Y lloro.... mierda. Se me saltan las lágrimas y no puedo evitarlo &lt;br /&gt;.... se me saltan por mi querido José. Un niño como no hubo otro igual y que se las prometía en un futuro inmejorable, pues era un gran estudiante, un gran muchacho, lleno de nobleza, y nada podía adivinarse sobre un camino distinto. &lt;br /&gt;No obstante, José tuvo muy mala suerte, muy mala. El haber nacido a principios de los años veinte, cuando la consolidación de los grandes inventos de la época, no le garantizó la promisión de su futuro. Yo era un vulgar cabo primero cuyo sueldo apenas alcanzaba para las tres semanas que tenía el mes, pues los siete, ocho, nueve, o diez, últimos días no eran de ninguna semana, no eran ya de nadie, y solo Ofelia, mi mujer, se las entendía con dichos días. Aun así, con los apuros y demás menesteres de la escasez, nos las entendíamos y éramos felices a nuestra manera, con la media docena de mocosos saltando de aquí para allá. &lt;br /&gt;Pero en el 36 cambió todo. Los grandes cerebros de este país decidieron dirimir sus proyectos en el campo de batalla y a mi me toco defender la legalidad: ese estatus que no me daba para vivir, pero que me sostenía durante tres semanas cada mes. Así, tuve que partir para la guerra y abandoné a mi familia, a mi querida Ofelia y a nuestra media docena. Aunque preveía que aquello no podía durar mucho y tras algún que otro escarmiento a los revoltosos, cuatro o cinco tiros al aire, estaba seguro de que volvería muy pronto a la rutina. &lt;br /&gt;Recuerdo aquel día como si lo estuviera viviendo ahora, cuando cogí a José por los hombros y, medio en broma, medio en serio, con mi voz mas profunda, le dije que era el hombre de la casa, el encargado de que todo saliera para adelante. &lt;br /&gt;Dios.... que dolor.... &lt;br /&gt;Aquellos ojos claros, serios, tan llenos de responsabilidad. Su rostro dubitativo ante mis palabras... Serio, muy serio... mucho mas que yo. &lt;br /&gt;Y no.. no, no, no... No lo volví a ver nunca mas, nunca... Nunca volví a ver a mi hijo... Nunca. &lt;br /&gt;Dios.... No lo volví a ver..&lt;br /&gt;En el frente guerra, y mas bien debido a las numerosas bajas de mis superiores, fui ascendiendo hasta el grado de teniente, algo impensable en tiempos de paz; y dichos galones fueron una de las causas de mi amargura. Cuando fui capturado durante la batalla del Ebro, los fascistas, exaltados por la victoria, me juzgaron en el mismo campo en donde descansaban mis compañeros, cientos de cadáveres, y me condenaron a muerte con un título que rezaba mi traición a Dios y a la patria... Pero tuve suerte: Un cura se apiadó de mi por entonces y jurando y perjurando sobre una mentira afirmó que éramos parientes y logró que me llevaran hasta Zaragoza en donde un tribunal militar me condenó para el resto de mis días. &lt;br /&gt;Y mientras... mierda... vuelvo a llorar... mientras, mi querido José se olvidó de sus estudios, de su pizarra y su lapicero, y como el hombrecillo que era cumplió mi mandamiento y se puso a trabajar, cargando pescado en el puerto, repartiendo carbón por las casas... aguantando los insultos de quien tenía la camisa limpia por el nuevo régimen. &lt;br /&gt;José, hijo mío, perdóname por aquello que nunca te pude dar. Perdóname. &lt;br /&gt;José, mi primogénito, el dueño de la sonrisa que me convirtió en un hombre, dio de comer a todos sus hermanos durante mi ausencia, sin faltar ni un solo día a su promesa, sin apenas reposo a lo largo de los diez años siguientes, y hasta que un día de crudo invierno desfalleció en su último esfuerzo y acabó muriéndose mientras arrastraba unos sacos de carbón por la calle Real. Nadie acudió a socorrerlo. Nadie se digno en ayudarlo y la tos que llevaba encima acabó por vencerlo. Murió como un perro, tirado en una esquina, reventado por la enfermedad de los pobres y los pordioseros, por una tuberculosis de la que nunca se quejó... &lt;br /&gt;Mi querido José.... &lt;br /&gt;Mierda.... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero abuelo... que ahora no es como antes - dijo la nieta del pendiente en la lengua. &lt;br /&gt;- ¡Mierda! ¡Qué se vaya! &lt;br /&gt;- Bueno, señor - me dijo el alcalde -. No se porque razones me debo ir de su casa, aunque se que debo hacerlo. Sin embargo, deje que lo felicite por su siglo de vida. Pocos habitantes de este pueblo lo han logrado y ahora, ahora mismo, es usted el único. &lt;br /&gt;Lo miré dubitativamente, temblándomela mano un poco mas que de costumbre. El hombre parecía un buen rapaz y para nada me recordaba a los fachas con los que me había cruzado durante mi vida en el presidio: durante aquellos malditos doce años, y durante mi vida posterior en libertad hasta que murió el marrano. Sin embargo, representaba muchas cosas para mi y no podía darle mi bendición en esta casa.... No, no debía.... &lt;br /&gt;No obstante, el alcalde, dada su importante posición, debía aclararme algo: &lt;br /&gt;- Espere un momento - dije. &lt;br /&gt;El alcalde se detuvo junto a la puerta de mi casa y esperó a que yo hablara. &lt;br /&gt;- Por casualidad ¿No sabrá usted sabe cual es la línea de la vida?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-115652452934280437?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/115652452934280437/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=115652452934280437' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115652452934280437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115652452934280437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/08/la-lnea-de-la-vida.html' title='La línea de la vida'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsi9R3JoZI/AAAAAAAAACA/unBsfm3V-yE/s72-c/palma.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-115619377251129671</id><published>2006-08-21T22:55:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.769+01:00</updated><title type='text'>La ceguera</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsk0x3JoaI/AAAAAAAAACI/-Z_CKE2szZQ/s1600-h/oscura.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsk0x3JoaI/AAAAAAAAACI/-Z_CKE2szZQ/s400/oscura.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105715091711041954" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Oscuridad…&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;  Mi cerebro se hunde, asfixiado por la gravedad de los pensamientos. Abotargado, cautivo de mí, caigo en un remolino triste y gris donde las turbias aguas me envuelven con el celofán de la desesperanza. Poco a poco, casi sin darme cuenta, he ido perdiendo la vista: La canción del horizonte se ha desvanecido melodiosamente hasta silenciarse, y hoy ya no he visto la luz. Así, sin mas, el mundo se ha apagado por completo y todo cuanto lo componía, las personas y lo demás, se han escabullido lejos de mi… muy lejos. &lt;br /&gt;  El color y la claridad, el sol…. Tú y la sonrisa, y tú mirada… Las fotografías, el movimiento, los animales… El paisaje. &lt;br /&gt;  Todo está ahora apretado en mi mente, en los efímeros y manipulables recuerdos, en mi desbordada imaginación, y tiemblo solo de pensar en que ahora no tengo otra perspectiva que yo mismo. Los detalles que no sea capaz de dibujar sobre mi memoria desaparecerán para siempre, donde el brillo ya no será igual, y lo que es aun peor, infinitamente peor, las nuevas arrugas de tu rostro, esas que irá dibujando el paso del tiempo, tendré simplemente que inventármelas. &lt;br /&gt;Un mundo oscuro, repleto de mil nuevos sonidos, me acoge entre dudas, quizás por simple obligación. Soy un hombre nuevo, que ha cruzado la frontera del arco iris sin luz ni color, y a partir de ahora, de este mismo momento, me entrego entre el miedo a lo único que me queda: mi propia lucidez…. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Lucidez…&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-115619377251129671?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/115619377251129671/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=115619377251129671' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115619377251129671'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115619377251129671'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/08/la-ceguera.html' title='La ceguera'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsk0x3JoaI/AAAAAAAAACI/-Z_CKE2szZQ/s72-c/oscura.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-115536883288120531</id><published>2006-08-12T09:46:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:06.977+01:00</updated><title type='text'>Del cúmulo de los malentendidos.... él más fresquito</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtslYB3JobI/AAAAAAAAACQ/fbmbJE6NDMM/s1600-h/cesped.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtslYB3JobI/AAAAAAAAACQ/fbmbJE6NDMM/s400/cesped.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105715697301430706" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;No &lt;/strong&gt;se puede... No se puede salir así, a lo loco. &lt;br /&gt;¿Qué si estaban buenos los langostinos, los percebes, o el soufflé sorpresa? &lt;br /&gt;Pues no lo sé. Ni me acuerdo. El caso es que enganché una talanquera de tal tamaño que cuando quise coger el coche lo confundí con una hormigonera y faltó solo un dedal para que me introdujera por la boca de la misma. Menos mal que me detuvieron mis compañeros, que estaban bastante mejor que yo, y Manolo, el bueno de Manolo, se ofreció para llevarme hasta casa en su coche. No obstante, cayó en la cuenta de que debía estar en la residencia de ancianos en tan solo media hora, pues debía quedarse con su suegro, que estaba un poco pachucho, y tuvo que volverse atrás en su ofrecimiento para transportarme. Los demás compañeros, que de tales tienen bien poco, se hicieron los despistados, desfilando el que mas o el que menos hacia los confines del universo conocido y por conocer, y solo quedó Mayte y su Seat Ibiza para no dejarme allí, en la calle Velazquez, abandonado y a mi atolondrada suerte. &lt;br /&gt;Mi compañera no lo hizo de buena gana: lo de llevarme hasta casa, y en el trayecto no sobró ni una palabra, pues hubo una huelga litúrgica como no recuerdo otra. Cada curva fue un martirio y las luces de los coches con que nos cruzábamos el remate de dicho martirio... aunque, poco sabía yo en esos momentos que incluso eso, el pequeño infierno al que me había invitado el explosivo cocktail de licores, podía empeorar, y que el solo hecho de acercarme hasta la puerta de mi casa fuera el desencadenante de los mil problemas que generan los celos... o el orgullo... o la dignidad femenina.....o... &lt;br /&gt;El asunto es que yo vivo en el campo, en una casa unifamiliar y con un pequeña finca por enfrente, con su césped, sus cuatro matojos de flores, cuatro o cinco chorradas que uno siempre se olvida de recoger: pelotas de tenis, la manguera para lavar el coche, una tumbona... y Mayte me acercó hasta el portal de hierro forjado de la entrada. Mi buena compañera aparcó el coche y, ante mi inoperancia para despegarme del asiento, se las tuvo que ver con la madre de todos los santos, con la mía propia también, para sacarme de su Ibiza; tirando de mi por las axilas, rodeándome con sus brazos por la espalda, pellizcándome mientras para que no me quedara dormido, y soltando mil improperios que evidenciaban claramente que nunca mas me volvería a llevar en su coche. En fin, media hora larga de desesperación hasta que mis pies, no se sabe aun porque milagro, decidieron salirse de la alfombrilla del vehículo. &lt;br /&gt;- ¡Borracho! &lt;br /&gt;- Guapa. &lt;br /&gt;Y mientras, a unos metros de allí, de la hilarante escena que estaba viviendo, se estaba gestando el inicio de un huracán. &lt;br /&gt;- ¡Borracho de mierda! &lt;br /&gt;- Bonita.... Hermosona.... Maciza.... Buenorra... Cacho-femia... &lt;br /&gt;Tras las cortinas del salón de mi casa, mi mujer, que se había despertado con el alboroto... o que quizás yacía ya despierta desde antes de llegar nosotros hasta allí, al parecer había contemplado como me abrazaba a Mayte, como la besaba repetidamente, e incluso, en alguna que otra ridícula postura, como le hacía el amor a las puertas mismas de nuestro hogar. &lt;br /&gt;De nada valió que subiera las escaleras a cuatro patas dando muestras de mi inoperancia mas absoluta, lamiendo la esquina de cada peldaño. De nada. Ni que vomitará media docena de rosados percebes sobre la W del welcome del ruedo. De nada. El caso es que no pude abrir la puerta de la entrada, y nadie me la abrió tampoco. Acabé durmiendo sobre un macetero y, a la mañana siguiente, cuando el sol cruzaba ya la mitad del cielo, me encontré con una nota escrita a mano en la cual se daba por finiquitado mi contrato matrimonial: &lt;br /&gt;"Se acabó". &lt;br /&gt;Así de claro... sin mas explicaciones, y sin el concurso de mi persona para ratificar esas rotundas palabras. &lt;br /&gt;Miré el papelito otra vez, como si no me lo acabara de creer, y estuve así diez o quince minutos, contemplando la enorme "S" inicial, y sobre todo el brusco acento del final, que casi convertía la "o" en la rampa de lanzamiento de un misil. &lt;br /&gt;Carmiña no se andaba con rodeos ni con chiquitas de tres al cuarto para explicar esto o aquello. No. Era contundente y clara: &lt;br /&gt;"Se acabó". &lt;br /&gt;Arrugué el papel hasta convertirlo en una pelotilla y lo deposité en un macetero, junto a un pequeño ficus que yo mismo había trasplantado el día anterior. Expulsé el poco aire que tenía en los pulmones y el pecho se me hundió hasta juntarse con los omóplatos, dejando que mis hombros, desamparados, cayeran hasta convertirse en dos burdos flecos de mis costillas. &lt;br /&gt;A continuación, y lógicamente, baje por las relucientes escaleras, apoyando mi cansada alma sobre el pasamanos, miré el verde césped del jardín, y tras esbozar sobre los labios el dibujo de una sonrisa medio etílica, medio resacosa, conecté los aspersores del riego y me tiré sobre la hierba, dejando que el agua empapara mis ropas y, de paso, refrescara los sudorosos poros de mi piel. &lt;br /&gt;- Uf... que gusto!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-115536883288120531?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/115536883288120531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=115536883288120531' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115536883288120531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115536883288120531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/08/del-cmulo-de-los-malentendidos-l-ms.html' title='Del cúmulo de los malentendidos.... él más fresquito'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtslYB3JobI/AAAAAAAAACQ/fbmbJE6NDMM/s72-c/cesped.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-115350665587696891</id><published>2006-07-21T20:30:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:07.108+01:00</updated><title type='text'>La parábola del amador</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtsnBx3JocI/AAAAAAAAACY/O1W0HF9rJI8/s1600-h/-cenicero.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtsnBx3JocI/AAAAAAAAACY/O1W0HF9rJI8/s400/-cenicero.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105717514072596930" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;E&lt;/strong&gt;n realidad no era gracioso, ni divertido, ni ocurrente. Simplemente estabas tu para reírte de todas cuantas tonterías se me venían a la cabeza. Me hiciste creer que era alguien y siempre estabas a mi lado para halagar la voracidad de mi ego. Llegué a considerarme un ser especial, un tipo tocado con la gracia de la vida, situado un peldaño por encima del vulgar mundo que me rodeaba, por lo que, curiosamente, decidí que sobrabas en el ideal mundo de mi pareja, que a esas alturas ya estabas demás y que una hermosa y capacitada mujer debía ocupar tu lugar junto a mi. Así, si mas, decidí romper, librarme de tu presencia para siempre, y no fue hasta unos meses mas tarde cuando me di cuenta de que yo no era gracioso, ni divertido, ni ocurrente. Ya nadie se carcajeaba conmigo, a nadie le brillaban los ojos cuando sugería mi lúcida idea del momento, y caí de bruces en la vulgaridad que tanto detestaba.... &lt;br /&gt;No obstante, era yo. &lt;br /&gt;Con el paso del tiempo, y tras un profundo periodo de reflexión, me di cuenta de que era un inútil social; sin amigos, sin celebraciones, sin aquellas citas tumultuosas que ella siempre se ocupaba de amañar, por lo que decidí recuperar lo que tan estúpidamente había abandonado. Así, navegando sobre un mar de dudas, me vestí para la ocasión, inspiré cien mil bocanadas de aplomo, y me dirigí hacia el pueblo de mi ex-mujer: el lugar en donde se había retirado mi querida Felisa tras nuestra separación. &lt;br /&gt;Había cumplido dos años y dos días sin ella: una cantidad de tiempo considerable, repleta de sorpresas tras cercenar mil lazos con el pasado; un periodo inhabitual para cualquiera que haya vivido en pareja, aunque, en lo físico, en lo mental, pensé que dos años no deberían suponer ningún problema ni ningún desfase entre su vida y la mía, y solo la posibilidad de que hubiera rehecho su vida sentimental con otro hombre alteraba un poco (un poco-bastante) mi decisión de volver a ver a Felisa... &lt;br /&gt;Tras recorrer cientos de kilómetros comprobé que no estaba. Mi querida, mi deseada Felisa, no había durado mucho tiempo entre los suyos, apenas dos semanas, y se había vuelto para la capital. &lt;br /&gt;"... para la capital", me había explicado su hermana, la pequeña Irene, con un desparpajo verbal en el que reconocí algún que otro gesto de Felisa. &lt;br /&gt;La pequeña Irene había mudado su apelativo de pequeña en una plena exuberancia femenina y mi instinto mas rastrero hizo que aceptase la amable invitación para tomar un café cuando debería haberme ido. &lt;br /&gt;Recorrí el estrecho pasillo de aquella casa detrás de Irene y tal y como había hecho en vida de mis suegros para pedir la mano de Felisa y casi pude sentir los ecos del pasado. &lt;br /&gt;- ¿Qué tal te va? &lt;br /&gt;- Bien - respondí. &lt;br /&gt;- ¿Y la visita? ¿A qué debo esta inesperada visita? &lt;br /&gt;- Nada. Asunto de papeles - mentí. &lt;br /&gt;- Sienta - me dijo señalando una enorme y acolchada rinconera -. En un minuto tomamos un café y hablamos un poco. &lt;br /&gt;Se dio la vuelta, para dirigirse hacia la cocina, y no pude contener mi curiosa lascivia al contemplar y saborear el cimbrear de aquellas caderas. La brevedad de la falda no hacía mas que delimitar el perfecto recorrido de sus curvas, por lo que el morbo mas irreverente de mi aburrida vida sexual empezó a tomar forma entre mis piernas. &lt;br /&gt;A partir de ahí ya no se muy bien lo que pasó. No se si fue el recuerdo de Felisa, cuyo parecido se departía en mil similitudes con su hermana, o el ansia por hacerme con algo prohibitivo, con un bocado que hacía poco mas de cuatro veranos hacía de sus trapos vestidos para muñecas, que cuando regresó de la cocina y se sentó enfrente de mí cruzando aquellos hermosos y carnales muslos, se me soltó la lengua como si fuera un caballo desbocado y mis intenciones sexuales, tan evidentes, acabaron por mostrarse abiertamente a los ojos de Irene. &lt;br /&gt;- Pero... &lt;br /&gt;- Si - le dije con la mirada rasgada por la tontería del momento. &lt;br /&gt;Ella sonrió divertida y accedió a lo que mi incontenible ansia mas deseaba en este mundo. Acabamos haciendo el amor por toda la casa, durante todo el día, el siguiente, y hasta decidir que me había enamorado de nuevo, con mas fuerza que nunca, y de la mujer mas maravillosa sobre la faz del planeta. &lt;br /&gt;Me sentía tan bien, tan pleno, tan lleno de lo que uno puede desear que, cuando le propuse que fuéramos pareja y ella, tras un eterno segundo, me respondió con un beso , se me saltaron las lágrimas con la emoción y estuve llorando e hipando como un niño sobre su cálido regazo hasta oscurecerse el día. &lt;br /&gt;Volví a compartir, a ser parte de algo, a ver con otros ojos mi propia vida. Después del naufragio regresé a la vida de la mano de una bella y joven mujer y a punto estuve de esculpir una eterna sonrisa sobre mi rostro. &lt;br /&gt;Sin embargo, lo que son las cosas y lo que es capaz de depararnos el destino cuando uno ya cree que no hay lugar para mas sorpresas, pues, a pesar de que Irene y Felisa se parecían en muchas cosas, en detalles aspectuales, en gestos, en determinadas respuestas o reacciones; había no obstante muchos otros aspectos en que eran absolutamente diferentes. En un principio pensé que dichas diferencias podían ser debidas a la edad: entre las dos hermanas había una distancia temporal de diez años, toda una década de recorrido, pero me equivoqué en tal apreciación y solo un poco mas tarde supe que era una simple cuestión de caracteres. Irene era mucho más natural y directa que Felisa, en su idea de la vida no cabía ningún tipo de contención, por lo que trataba de vivir cada día como si fuera el último, y como si fuera único e irrepetible, y yo, el tranquilo de Amador, fui empujado por su vehemencia hacia mis propios límites... por lo que, me hizo ver mis defectos, mis repetitivos tics de la personalidad, crónicos e insuperables, e intenté escabullirme de mis propios arraigos, algo totalmente imposible. Así, la felicidad del principio desembocó en un malestar conjunto en el que yo era siempre el responsable y empecé a sentirme tan poca cosa a su lado, tan inferior, que ella me pareció una diosa del Olimpo en todos los actos y hasta en alguna de sus estupideces, como cuando empezó a engañarme con el vecino de enfrente... &lt;br /&gt;...Aunque, a decir verdad, nunca me engañó, pues jamás se escondió, y jamas negó ninguna de sus aventuras sexuales: &lt;br /&gt;Era así, del todo perfecta y, si algo fallaba, él que debía mirarse en el espejo era yo. &lt;br /&gt;¿Porqué, porqué? ¿Porqué me había hecho Dios así? &lt;br /&gt;Y llegó el día en que me bloqueé, como un ordenador ante un maremagnum de datos, hice crack y mi pene dejó de tener erecciones. Irene, la bella Irene, tan divina como siempre, no ocultó su desprecio por mi temprana impotencia y, sin denotar el menor atisbo de pesar en su voz, me dijo: &lt;br /&gt;- Me voy. &lt;br /&gt;- No - supliqué, lloré. &lt;br /&gt;- No te aguanto más. &lt;br /&gt;- ¡No me dejes! - le imploré entre sollozos, arrastrando y restregando toda mi dignidad ante su floja compasión. &lt;br /&gt;Y, por supuesto, me dejó, me abandonó tal y como había hecho yo con su hermana años atrás y así, sin mas explicaciones, completé un viaje imaginario para la cara y la cruz de una misma moneda, recibí ambos pagos al contado y en la llaga mas sangrante de mi alma, y en mi soledad, al pairo de estas letras, comprendí que a la hora de entregar y a la hora de recibir, era un tanto incapaz para introducirme en las maravillosas, y a la vez intrincadas, vicisitudes del amor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-115350665587696891?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/115350665587696891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=115350665587696891' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115350665587696891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115350665587696891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/07/la-parbola-del-amador.html' title='La parábola del amador'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/RtsnBx3JocI/AAAAAAAAACY/O1W0HF9rJI8/s72-c/-cenicero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-115270469153582360</id><published>2006-07-12T13:29:00.000+02:00</published><updated>2006-07-12T13:44:51.586+02:00</updated><title type='text'>Breves, cortos, rápidos...</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Las cosas claras&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Esto se acabó. &lt;br /&gt;  Estoy muerto. Acabo de expulsar mi último aliento, el corazón ha dejado de latir para siempre y supongo que estos son mis pensamientos finales. &lt;br /&gt;Ya no hay dolor y eso es algo maravilloso. Después de una semana completa de larga agonía agradezco la calma chicha, el completo reposo en el que ha desembocado la vida de mi cuerpo. No me gustaba ya lo que era, un despojo de mi mismo, y a día de hoy incluso mi cadáver no tendrá un buen aspecto. &lt;br /&gt;Desde que nacemos nos transformamos continuamente: primero hacia la plenitud, confiando en nuestras fuerzas juveniles, y luego, cuando se acaba la inercia vespertina, rodamos en dirección a la decadencia, hacia el fin de nosotros mismos. &lt;br /&gt;Sin embargo, me alegro de haber muerto en el final, en la cama, entre los míos, dejando todos los asuntos aclarados; los puntos sobre las íes y cada papel dentro de su carpeta. Me imagino, desde aquí mismo, desde mi propio óbito, a todos aquellos que mueren de desgracia, en un casual y fortuito accidente, y me sobrecoge la idea de cuantas cosas habrán dejado por comunicar; cuantas palabras de aspecto banal, insustanciales, sin apenas importancia, que le habrán querido decir a sus seres más cercanos, y a los que el golpe del destino cercena para siempre la oportunidad de un "te quiero", un "perdóname", un "ya lo sabía", un "tal vez": Pequeñas frases carentes de discurso, nada grandilocuentes, pero que lo son todo en una vida. &lt;br /&gt;No obstante, no es mi caso y me alegro de ello. &lt;br /&gt;-&lt;em&gt; ... muerto&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Es como un eco. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Está muerto&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;O no. &lt;br /&gt;Quizás, mientras no enfríe del todo, mis oídos funcionan, escuchando aquellas palabras que se dicen en mi derredor. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Por fin&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Vaya. Esa es Clarise, mi esposa. Por lo visto, está aliviada porque he dejado de sufrir. &lt;br /&gt;Clarise, mi belladona, mi compañera del alma. Clarise. La mujer con la que he compartido la vida durante los ultimos dieciseis años.... maravillosos años. Mi musa. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Pierre. Marcel ha muerto&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Y ese es Pierre, mi gran amigo desde la infancia, mi alma gemela, con quien he crecido y envejecido, con quien he hecho fortuna tras repartirnos los sudores. Pierre. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Por fin&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Él, Pierre, también está aliviado. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Por fin se ha muerto este cascarrabias&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Si. Yo ya pensaba que también se libraba de esta&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Duro como un demonio&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;¿Qué diablos pasa? &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Así se pudra en el infierno&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;No. Esa voz no puede ser la de Clarise. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Crees qué sabía lo nuestro, Pierre?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Es.... Clarise. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Ni idea. Marcel estaba tan ocupado con exprimir a sus obreros, con sacar rendimiento a la fábrica, que supongo que no le importabas demasiado.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Esto... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aquí no, Pierre. Delante de él, no. No soy capaz&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Esto... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Venga, Clarise. Hemos estado tantos años escondiéndonos, ideando tantas mentiras, arguyendo cita tras cita en los lugares más inverosímiles que.... &lt;/em&gt;- ¿Qué? &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Que te voy a follar aquí mismo, delante de tu difunto esposo.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Esto... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Te quiero... Pierre. &lt;br /&gt;- Te quiero.... Clarise.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Esto... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Pero yo encima., Pierre... Los puntos, como decía el viejo, sobre las íes.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Esto.... &lt;br /&gt;Esto.... no puede ser. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;-... chochito lindo.... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Nooooooooooooooooooooooooooo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De la predestinación &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Alvaro acabó diluyéndose en el inmenso océano de la vulgaridad. De vivir como un tipo peculiar, original y divertido, paso a ser un soldado más de la monotonía, un engranaje sin importancia en la frugal sociedad del consumo. &lt;br /&gt;El pelo alborotado de su melena se sumió en la rigida tiranía de la gomina y sus ropas, juveniles de un harto desparpajo, mudaron en respetables trajes de liso corte gris. Incluso su pensamiento, compuesto por ensoñadoras ideas para un mundo de paz, amor, y respeto... para un mundo más humano, se tiñó con el oscuro color de las frías cifras de las facturas, o de los porcentajes fluctuantes, y sus nuevas responsabilidades sustituyeron por completo su antiguo cupo de ilusiones... abotargando el abanico de las esperanzas tras sus párpados en una mirada fría, apagada. &lt;br /&gt;Números, vencimientos, contratos, y, lógicamente, un inoxidable reloj de marca para gobernar su tiempo, repartir el resto de su vida de forma metódica... Una vida que ya no sonreía como antes, cuando cualquier pequeño detalle era el protragonista absoluto de su atención: una cometa, un libro, o un pequeño gesto en el rostro de un niño que lo henchía por entonces hasta saciar los restos del día. &lt;br /&gt;La metamorfosis sufrida cambió su paso hacia el imperio de la lógica y por eso, cuando Alvaro tuvo un accidente en plena nacional y quedó atrapado en el asiento de conducción entre los retorcidos hierros del Volswagen, no comprendió muy bien el nervioso apremio de quienes trataban de liberarlo. &lt;br /&gt;Tranquilos, quiso decir, aunque no pudo. &lt;br /&gt;No es para tanto. &lt;br /&gt;No se consideraba merecedor de tal alboroto y, como si fuera un mero espectador, contemplaba absorto cada movimiento de los bomberos en derredor suya. &lt;br /&gt;Era denoche, llovía con fuerza, y unos focos iluminaban con fuerza su rostro y ocultaban en perfiladas sombras los rostros de sus rescatadores. El repetitivo sonido de un silbato corregía la circulación en el lugar del accidente y un fuerte olor a gasolina inundaba sus pulmones. &lt;br /&gt;Al margen de todo cuanto allí ocurría, un pequeño patito, aquel que una novia había colgado del retrovisor, lo miraba simpáticamente desde su lugar. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aguante&lt;/em&gt; - gritaba una voz: desconocida y con claro acento andaluz. &lt;br /&gt;¿Porqué?, quiso preguntar Alvaro. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aguante, que casi está&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;¿.... ? &lt;br /&gt;El pequeño patito frunció su ceño y le dirigió una mirada reprobadora... Una mirada tan profunda y severa que Alvaro acabó por arrugarse. &lt;br /&gt;No, no podía morirse... Tenía un montón de responsabilidades que atender. No podía desaparecer así porque sí... había quien aun requería de su presencia... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aguante&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Si. Iba a pelear por su vida. &lt;br /&gt;La tranquildad con que había vivido el suceso hasta ese mismo momento desapareció de repente y los nervios y los miedos afloraron todos juntos en la superficie de su piel haciendo tiritar por entero su cuerpo. &lt;br /&gt;Quería vivir, seguir viviendo... respirando...viviendo.... &lt;br /&gt;Sin embargo, cuando por fin lo excarcelaron del coche y lo colocaron encima de una camilla, el corazón empezó a dar muestras de agotamiento y, contradictoriamente, momentos después de que Alvaro había decidido luchar, los latidos de éste se apagaron en el interior de su pecho. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aguante.... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horas más tarde, cuando Alvaro era ya solo un recuerdo, dejó de llover. &lt;br /&gt;Horas más tarde, cuando el corazón de Alvaro volvió a latir, lo hizo en otro cuerpo: dió la vida y el aliento necesario a quien realmente lo necesitaba, y el abanico de las esperanzas se abrió por completo ante la alegre mirada de un joven original, peculiar; nada vulgar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Control remoto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Finales del XIX, principios del XX: Esa era la época favorita de Rubén. Durante tales años se desprendieron de la imaginación de los inventores la mayor parte de las creaciones de la humanidad y no hubo otra étapa más gloriosa ni antes, ni después. Aparecieron todo tipo de máquinas y de utensilios prácticos y los hombres dejaron de ser exclavos de la supervivencia para convertirse en amos de su propio futuro. El más grande, el más olvidado también, Nikola Tesla, inventor de la la radio, las bobinas para el generador eléctrico de corriente alterna, el motor de inducción (eléctrico), las bujías, el alternador, el control remoto... era el favorito de Rubén y en sus ojos de soñador se reflejaba la ilusión de poder emularlo. No obstante, Rubén era un simple zapatero y sino fuera por la deslumbrante aparición de alguna hermosa mujer (como en esos mismos momentos), su vida real, la que tocaba de respirar minuto a minuto, sería una puta mierda. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Perdone... &lt;br /&gt;- ¿Sí? &lt;br /&gt;- Verá señor: es que se me ha acabado la pila del mando a distancia del coche y a lo mejor podía usted ayudarme. &lt;br /&gt;- Señora, esto es una zapatería... tal y como pone el letrero&lt;/em&gt;- respondió Ruben con un cierto toque despectivo. Si ya las mujeres habían sido creadas con un grado menos de inteligencia que los hombres, él que algunas fueran dotadas de una gran belleza belleza hasta parecía acentuar su estupidez. La historia con sus datos, con sus inventos, todos ellos con apellido masculino, demostraba sin ninguna discusión el pobre nivel con que estaban concebidas las hembras....como si estuvieran guardando en algún lugar de sus redondos cuerpos una bolsita repleta de conocimientos para depositar en su primer vástago varón. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Perdone. &lt;br /&gt;- Tranquila señora &lt;/em&gt;- tercio Rubén perdonándola, por ignorante-. &lt;em&gt;Pero mas abajo, en uno de esos bazares chinos, puede encontrar lo que busca. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Pero es que tengo tanta prisa... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La miró de arriba abajo, como solo puede hacer un ser superior, e imaginó lo que pensaría de ella Nikola Tesla, el genio, si se habría siquiera dignado a inventar el control remoto para acabar en manos de semejante mujer.... Tan guapa, tan torpe... tan mujer. &lt;br /&gt;Rubén suspiró. Quizás era el momento de realizar su primera obra de caridad del día. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Cúal es su coche? &lt;br /&gt;- Aquel Renault Scenic.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Salió afuera de su comerció, miró el vehículo gris plateado, y solo faltó un tris para que se llevase las manos a la cabeza.. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Acaso no sabe qué dentro de la tarjeta que abre su coche hay una llave de las de siempre? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt; La bella puso cara de sorpresa. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Es que yo... &lt;/em&gt;- trató de disculparse. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Venga conmigo&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;La mujer, algo nerviosa, tropezó con Rubén al querer salir al mismo tiempo que éste por la pequeña puerta de la entrada, y le faltaron palabras para frenar el rubor que decoró todo su rostro. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Por favor, señora &lt;/em&gt;- protestó el zapatero -. ¡&lt;em&gt;Qué no tengo toda la mañana!&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Y Rubén salió como un rayo hacia el Renault, desmontó la tarjeta que hacía de llavero electrónico, y con una pequeña llave que descansaba en su interior abrió el vehículo con aires de gran suficencia, se dio la vuelta como un torero, se apoyó sobre el capó del vehículo, y contempló los sensuales y sorprendidos labios de la mujer. &lt;br /&gt;-&lt;em&gt; Gracias.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;-&lt;em&gt; No hay de que&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Rubén le dio la tarjeta y la pequeña llave, insufló en el interior de su pecho unos cuantos kilos de orgullo, y con la misma mirada de Rober De Niro en taxi driver, despidió a la damisuela en su viaje hacia el planeta ignorancia. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Estúpidas... &lt;/em&gt;- siseó por entre los labios mientras veía como el Scenic se perdía en el tráfico mañanero. &lt;br /&gt;Estaba convencido de que las mujeres, en caso de no recibir la ayuda de los hombres, acabarían por sembrar todo su ajuar de la vida en un campo lleno de tonterías e insolvencia, no sobrevivirían en el mundo ni a una temporada de rebajas y acabaría suplicando al dios, al dios hombre, que mandasen un fontanero, un mecánico, un doctor, un profesor.... un zapatero, con un par de huevos entre las piernas. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Estúpidas... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Rubén llegó a la altura de la puerta de su negocio, se acordó del tropezón con la bella mujer y de como había estrujado sus senos en contra de él, se sonrió de tal imagen, frotando su barbilla con la mano, como un perrillo babeante.... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Estú...&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Y se le quebró la voz. &lt;br /&gt;La mano, que feliz restregaba su calenturiento rostro, viajó nerviosa desde tal alborozo hasta el bolsillo de la camisa y, antes mismo de notar que le faltaba la cartera, escuchó el golpe de su propio corazón. Aquella mujer lo había engañado como a un inocente cachorrillo, mostrándole todo lo que quería ver, el cuerpo, y la supuesta estupidez que tan alto lo había elevado, y lo que antes era una mirada de Taxi driver se transformó en el huidizo soslayo de Gollum tras recibir una buena paliza. &lt;br /&gt;Le faltó un pelo para mearse encima con la verguenza y, Rubén, el zapatero, no quiso ni imaginarse lo que pensaría de él, Nikola Tesla, el inventor........&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Reality&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  De pequeño, jugando al futbol junto a un paso a nivel de ferrocarril (menudos sitios me buscaba yo para jugar), mi amigo Oscar le pegó un buen zapatazo al cuero caucho de mi balón y éste acabó colándose por el alcantarillado que pasaba bajo el citado paso a nivel. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Mi pelota... mi pelota....mi pelota... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En los años setenta, una pelota de cuero caucho equivalía a lo que hoy sería una pelota de cuero caucho y el estadio de futbol entero...(exagero, pero poco) y, además de la pérdida, me arriesgaba a probar la zapatilla de mi madre sobre mis asustadas cachas ( menuda era Maruja con el rabo de la escoba y la zapatilla). Por lo que, enfadado, le señalé a Oscar la pequeña y redonda boca del alcantarillado y le dije: &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;A por ella. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Me miró socarronamente desde su metro escaso y, el muy cabrito, se negó con un leve gesto lo suficiente rotundo. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Tu la tiraste &lt;/em&gt;- insistí. &lt;br /&gt;Pero se volvió a negar. &lt;br /&gt;Cogí una piedra y la tiré dentro del tubo para ver si la pelota salía con el impacto de tan burdo proyectil. Pero nada. No salió. &lt;br /&gt;Al menos, pensé, habría asustado un poco a las asquerosas ratas del interior. &lt;br /&gt;Un poco mas tarde, sin remedio, resignado, consideré que no me quedaba otra que meterme allí dentro y me agaché de mala gana, metiendo la cabeza en el tubo y reptando como una serpiente hacia el oscuro interior del asqueroso pasadizo. El espacio era demasiado angosto, del diámetro aproximado de la llanta de un coche y pronto, muy pronto, cuando mi cuerpo acabó por ocultar la luz que penetraba desde el exterior, descubrí azorado que no podía avanzar mas.... Ni retroceder...Me había atascado como un tapón en la boca de la botella y durante unos largos minutos que me debieron parecer horas probé personalmente eso que llaman claustrofobia. Una palabra que, por supuesto, desconocía y que, en tales momentos, de poco me habría servido su conocimiento. &lt;br /&gt;Encastrado, sin poder mover los brazos, en la oscuridad, sintiendo el eco de mi respiración a lo largo del tubo de cemento... allí me quedé.. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.....y si esperan un final van aviados, ya que no recuerdo nada mas de aquello que me sucedió aquel día. No. No recuerdo como salí de allí, no recuerdo si conseguí siquiera sacar la pelota, y es como si los detalles posteriores se borraran intencionadamente de mi pasado. &lt;br /&gt;Quizás, a estas alturas, debiera hablar con Oscar para saber que sucedió a continuación.... aunque.... aunque debo confesarles que me acojona un montón la historia real que les acabo de narrar. &lt;br /&gt;Me da pánico.... miedo de no haber salido nunca de aquel agujero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Diario de un ególatra... Pag. 222 &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me la estoy follando... Por fin. &lt;br /&gt;Toda una vida imaginando este momento, toda una serie de sueños eróticos en los que ella era la protagonista.... Mil pajas mentales en las que acababa desnudándola.... y ahora, cuando mi polla recorre su interior con un hambre lasciva e impetuosa, pues que se me viene a la cabeza la jodida factura de la lavadora y no acabo de disfrutar como debiera del Momento (con mayúsculas) Histórico. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;-¿Qué te pasa?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Mierda. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Nada. No me pasa nada.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Me lo ha notado. ¿En qué me lo habrá notado? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Estás algo rigido... tenso.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Es que te deseaba tanto que... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Si quieres lo dejamos para otro momento.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;¿Déjarlo? &lt;br /&gt;Ésta mujer está algo majara... ¿Cómo voy dejar un trabajo a medias...? ¿Cómo voy a dejar que se me escape esta flor?....................... ¿Cómo lo de la puta lavadora de los cojones...? ¿Dónde coño habré dejado la factura? ¿Y porque leches se me viene la puñetera factura de la lavadora a la cabeza? &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;No estoy a gusto Miguel... No se... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Pero Marujita... Es la ansiedad, bonita. Toda la vida te he deseado.... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Meneo la pelvis de forma automática... Pa-lante, pa-tras, pa-lante, pa-tras... Intento darle brío al acto amoroso, pero cada vez es peor... No acabamos de acoplarnos mentalmente y, poco a poco, el fastidio se está instalando entre los dos. &lt;br /&gt;La dureza del falo empieza a dar muestras de hartazgo y empiezo a notar una flácidez pero que muy preocupante. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aparta... &lt;br /&gt;- Espera un momento, por favor.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Me concentro... Hago un esfuerzo sobrehumano, me imagino que estoy con La vieja Ninete, la que me estrenó hace veinte años en el Tapadillo de la calle Enriquetas... y acabo eyaculando dentro de Marujita. &lt;br /&gt;Mierda. &lt;br /&gt;Que mierda de polvo. &lt;br /&gt;Y ella.... no dice nada... Comienza a vestirse en silencio... (casi me silban los oidos con dicho silencio) y se va, se marcha sin un simple adios. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;... susceptible &lt;/em&gt;- me digo a mi mismo. &lt;br /&gt;Es entonces cuando recuerdo el sitio en donde dejé la puñetera factura.... en el imprendible ... en el imprendible de la guantera del coche. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;-¡Me cago en la hostia! &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Y es que a veces, cuando se me mete una cosa en la cabeza.... ¡Seré gilipollas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Divagas (todo junto), o la divagación un millón. &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un segundo antes de que el jarrón se rompa definitivamente contra el suelo piensas tal tropelía de idioteces que, sin duda, la bella cerámica acabará estampando sus mil trocitos por toda la habitación. &lt;br /&gt;Cavilas, en que podías haberlo evitado, te preguntas que quien coño te mandaría cogerlo de la mesilla, en que nunca te gustó del todo, en que fue ella, siempre ella, la que musito un no-seque sobre el sucio jarrón y, lógicamente, empujó la idea de limpiarlo a fondo. Y circulas, circumbalas hasta llegar a este insalvable extremo de urgencia jarroncina con el tal y tumba en el aire. &lt;br /&gt;Calculas, muy por encima, su valor actual, en lo que va a valer la futura figura que sustituirá su presencia, en que (a cojones) vas a tener que salir afuera, al cajero, con todo lo que llueve, e incluso te da tiempo a fijarte muy someramente en... &lt;br /&gt;¡Leches! Si pone "Made in China" , si (uy que pillines), ahí, en esa pequeña pegatina del fondo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, haces todo lo posible por evitar la colisión, estiras la pierna hacia un lado, el brazo hacia otro, encoges de forma inaudita la columna vertebral hacia atrás y, como si fueras un equilibrista de un circo chino, agarras el jarrón cuando solo cinco milímetros lo separan del suelo, sonríes triunfal, sientes como crujen todos los huesos del cuerpo y si, si señor, lo has conseguido, durante un segundo eres todo un atleta, un campeón del mundo mundial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colocas el feo jarrón encima de la mesita de la sala, lo observas como nunca lo has observado, fijándote en todos sus dibujitos, si aquel es Julio Cesar, aquel otro debe ser Marco Antonio, si la piba está muy buena y se parece a Elisabeth Taylor es...la mismísima; te fijas en los caballos y en sus veloces cuádrigas y casi sientes el ruido del galope, el clamor del circo romano mientras compites por la inevitable victoria.... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Ya lo limpiaste? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ella, siempre ella. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Aun no. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Qué le miras? &lt;br /&gt;- Nada... &lt;br /&gt;- A veces... &lt;br /&gt;- ¿Qué? &lt;br /&gt;- A veces no estás. &lt;br /&gt;- Si tu supieras. &lt;br /&gt;- Si yo supiera, ¿qué? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Si supiera que está ante un gladiador, un luchador imbatible, todo un héroe mitológico. &lt;br /&gt;-&lt;em&gt; ¿No se te parece este romano de aquí a nadie? &lt;br /&gt;- ¿Cual? &lt;/em&gt;- Este mismo - señalas al más esbelto. &lt;br /&gt;-&lt;em&gt; Pues no.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Te pones de perfil, para que compare tu linea natural con la que se dibuja en la panza del jarrón. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Anda&lt;/em&gt; - te dice divertida -. &lt;em&gt;Pero si eres tú. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Sonríes. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Y ésta? &lt;br /&gt;- ¿Lo qué?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Esta hembra cachondona de aquí &lt;/em&gt;- y le señalas a Cleopatra, la mismísima, o a su prima, o quien diablos sea la que tan poco viste bajo el brillo esmaltado del jarrón. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;No se &lt;/em&gt;- ronronea como una gatita. &lt;br /&gt;Le pasas la palma de la mano por el muslamen, por debajo de su ajustada falda, y buscas ansioso lo que esconde entre las piernas. Haces tantas virgerías y aspavientos encima del sofá hasta que, finalmente, golpeas con el talón contra el jarrón y éste, trastabillado recorre la madera de la mesa sobre el canto de su base, como si fuera una peonza sobre el filo de un alambre, de forma vertiginosa, pero, no obstante, Cleopatra, esa pérfida reina que tienes a tu lado, estira su brazo tal como si fuera el buen áspid que busca una presa y, al mismo tiempo en que le clavas la daga, detiene el jarrón en el borde mismo de su lógica muerte, un segundo antes, y.... &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Ayyy.... mi querida Elisabeth.... &lt;br /&gt;- Ayy ... remedo de Richard Burton &lt;/em&gt;- te dice entre gemido y gemido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, mas tarde, dejas el jarrón empatenado.... ese feo jarrón que nunca te ha acabado de convencer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, las dieciocho y veintiocho y ya has mojado el bizcocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una moraleja hispánica, pero que muy hispánica de dios.... &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  El tono, apenas irrelevante, se convirtió en una continua secuencia de sonidos envolventes; un torrente de palabras como no había visto en toda mi vida. El joven, preso de alguna extraña maldición, comenzó su perorata dubitativamente, tratando de arrancar las letras de la punta de su lengua. Sin embargo, al llegar a la segunda frase, se gusto de si mismo, de la melodía músical de su acento andaluz, y me leyó mentalmente las tropelías que acababa de hacer él que les habla, yo mismo, desde el volante de mi furgoneta. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Exceso de velocidad, adelantamiento en línea continua, circular sin llevar puesto el cinturón de seguridad, tiene el permiso de conducir caducado, el coche no ha pasado la revisión obligatoria, las ruedas carecen de dibujo...... Blablablabla... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Escuché muy serio todo lo que me decía, correspondiendo así, con mirada triste, a la gravedad de los hechos. Tantas cosas juntas no eran producto de ninguna casualidad, sino de mi descuidado modo de vivir, y la suma de todas ellas iba a resultar muy, muy, dolorosa. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Esto... Debo inmovilizar este vehículo. No puede seguir circulando en el mismo. Y voy a redactar un informe de todo cuanto acabo de referirle.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Lo miré. Era un agente de tráfico muy joven, con uno o dos años de prácticas, quizás. Un palo duro de roer, labrado a puro cincel con normas y conducta indeleble en la academia de la Guardia Civil, un verdadero agente de la ley. &lt;br /&gt;Mas, y así a todo, debía intentar salvarme de la que se me venía encima. &lt;br /&gt;Nervioso, deslicé mis dedos dentro del bolsillo de la camisa y busqué algo con lo que endulzarle el día al mocoso que me había detenido. Un billete de cien euros debía de ser suficiente. Podía echar un polvo en el primer club de carretera y a lo mejor aun le sobraba para una cerveza. &lt;br /&gt;Puse el billete encima de la rodilla, de forma que el compañero del joven, un poco más atrás, no pudiera ver lo que le mostraba, pero de forma tan evidente que mis intenciones se reflejaran claramente sobre sus gafas de sol. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿Qué... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El joven Guardia Civil dibujó un muesca de desprecio sobre su joven rostro y a punto estuve de soltar el billete para dejarlo caer sobre la alfombrilla. Quizás había elegido una mala estrategia, un camino ciertamente equivocado, pero ya no tenía escapatoria, y decidí doblar la apuesta, buscando otro billete del mismo color en el bolsillo e insinúandolo junto al otro. &lt;br /&gt;El joven debía tener un precio, al menos unas limitaciones pecunarias, y por muchas películas de hombres con el alma de acero que hubiera visto siempre había algún capricho que cubrir... algún regalo que hacer, alguna celebración pendiente, una buena cámara de fotos que comprar, ropa de marca que colgar en el perchero.... &lt;br /&gt;Pero no. &lt;br /&gt;El joven parecía inquebratable, un robocop o algo por el estilo, y lo que antes era simple desprecio, en esta ocasión, tras ver como doblaba la apuesta, se convirtió en indignación y rabia. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Pero usted.... ¿Está tratando de sobornarme?&lt;/em&gt;- me gritó levemente alterado. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Yo... &lt;/em&gt;- traté de decir, de desdecir más bien, encogiendo la cabeza entre los hombros y como si estuviera a puento de desaparecer allí mismo, pero sin conseguir articular ni una sola palabra más. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Está a punto de ir detenido señor... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Íñiguez... Íñiguez del Balseiro... &lt;/em&gt;- murmuré mi nombre, completando su frase, como tratando de suavizar su ira con mi amable corrección. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¡Íñiguez del Balseiro?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Si, señor &lt;/em&gt;- asentí cabizbajo. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿De los Balseiro de Visanzoña?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Se me detuvo el corazón durante al menos medio segundo. El tono del joven había cambiado por completo y me estremecí como un idiota al oir nombrar el pueblo de mi abuelo en labios de aquel mocoso. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Claro... de Visanzoña de arriba.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;El joven levantó las lentes de sus gafas de sol, pude ver sus ojos por primera vez, y una leve señal de alegría en los mismos. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;-¿Entonces tú eres el mediano de los de la casa del tejado? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;¿La casa del tejado? ¿Y qué diablos sabría el joven Guardia Civil de la única casa con tejado del Visanzoña, de la casa de su abuelo? &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Yo soy Secundino &lt;/em&gt;- me dijo alborozado, como tratando de desvelarme una identidad que para nada me sonaba ni, dada la diferencia de edad, me podía sonar. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Soy Secundino, de los escuchimizados.&lt;/em&gt;... &lt;br /&gt;¿Escuchimizados? &lt;br /&gt;Lo miré de arriba abajo, como si tratara de ver sobre su cuerpo el sello típico de los escuchimizados, llamados así en el pueblo por su pobre y desmejorado aspecto, pero no vislumbré dicha marca en su robusto caparazón de musculos y tendones. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Soy el hijo de Amalia.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Del trastero de mi memoria se calleron varios estantes, todos ellos repletos de imágenes de Amalia, mi primera novia, y mi boca, de lelo atorrado e inoperante, se fue abriendo poco a poco hasta alcanzar un éxtasis más propio de la adolescencia que de mi edad madura. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Amalia&lt;/em&gt; - susurré para mi. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;¿La conoce.... verdad?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Claro, muchacho... Incluso somos algo parientes &lt;/em&gt;- le contesté, mintiendo en el último añadido, pues entre los escuchimizados y los de la casa del tejado no había ningún tipo de lazo sanguíneo. &lt;br /&gt;El joven sonrió. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Cuando la veas, dale recuerdos, de Íñiguez del Balseiro. &lt;br /&gt;- Así haré. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- En cuanto a la multa, muchacho, tienes razón, soy un desastre y me merezco todo cuanto ahí anotes. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El joven arrugó sus cejas, se disfrazó un instante de agente de la ley, pero.. &lt;br /&gt;- &lt;em&gt;La familia es la familia &lt;/em&gt;- dijo de repente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la familia, pensé yo aliviado, no es traje de ningún disfraz. &lt;br /&gt;Así, diez minutos mas tarde, prometiendo ser bueno, muy bueno, arranqué el motor de mi ruidosa furgoneta y desaparecí de la vista de aquella pareja de agentes de tráfico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-115270469153582360?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/115270469153582360/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=115270469153582360' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115270469153582360'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115270469153582360'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/07/breves-cortos-rpidos.html' title='Breves, cortos, rápidos...'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-115053335540314680</id><published>2006-06-17T10:34:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:07.349+01:00</updated><title type='text'>Runin saturnal</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsoxx3JodI/AAAAAAAAACg/R7V1qkY4pR8/s1600-h/corredor.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsoxx3JodI/AAAAAAAAACg/R7V1qkY4pR8/s400/corredor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105719438217945554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Como la canción de los Who, me sentía libre. Un ser caprichoso y anárquico, fuera de toda ley, insumiso del mundo entero. No obstante, esa sensación tan placentera y juvenil solo me sucedía cada vez que corría por en medio de aquel bosque de pinos. Me convertía en un pasajero del viento, a salvo de la gravedad, de toda deuda con la física, y creía que nunca saldaría cuentas con las limitaciones de mi propio cuerpo. Era irrompible, un runin saturnal, y durante diez largos años entrené todas las tardes como si fuera un atleta, recorriendo sobre mil zapatillas el suave y serpenteante sendero del monte de Doniños. Las piernas eran de hierro, el corazón un pistón infatigable, y mi piel un continuo manto de sudor... Era tal mi obcecación con el deporte, y llegué a controlar de tal forma el dolor y el cansancio, que no detuve la continua progresión de mis metas creyendo que los límites de mi cuerpo eran infinitos, inalcanzables para mi propio yo. &lt;br /&gt;Sin embargo, un día, cuando corría bajo los enormes árboles del pinar, sentí una ligera debilidad en la rodilla y ésta acabo por ceder unos metros más adelante. En ese momento no le presté gran atención, acostumbrado como estaba a grandes sobre-esfuerzos, pero al día siguiente la rodilla dejó de parecerse a si misma para imitar la redondez de una pelota de fútbol, su doblez natural se transformó en una obtusa rigidez,y por primera vez en diez años dejé de entrenar. &lt;br /&gt;La tarde se convirtió en eterna. Con respiración pausada, contemplé el blanco de las paredes de mi casa. Vi como las rayos del sol se colaban por los traslúcidos visillos de las cortinas del salón. Escuché los pasos de mi vecino de arriba, su andar pausado y, también, pesado.... Afuera, de vez en cuando, pasaba un coche.... o un camión... o una moto. &lt;br /&gt;La canción de los Who empezó a sonar al revés, hacia atrás, perdiendo todo su significado en un comienzo silencioso, sin sonido alguno, aplastada por la nada sideral. Y si la vida tenía un significado, un fin concreto que hacía subir las pulsaciones de mi corazón, o dejé de tener vida ese mismo día o, evidentemente, ésta había mudado de color y de sabor hasta convertirse en algo tan descafeinado y banal que me hacía pensar en simples inutilidades. El faro que me conducía en la oscuridad había dejado de guiarme y mi cuerpo era un vulgar cayuco a la deriva en medio de un océano de barreras infranqueables. &lt;br /&gt;- Soy un mueble. &lt;br /&gt;Silencio. &lt;br /&gt;Crucé los ojos de un modo estrábico, tratando de ver lo que no veía, algo que quizás tenía delante de la nariz y que ningún otro ángulo de visión me permitiría ver. &lt;br /&gt;- Estás ahí... &lt;br /&gt;No veía nada, pero adivinaba una presencia, un estar que apenas formulaba su propia sombra sobre mi tabique nasal. &lt;br /&gt;Se trataba de la quietud, de la pétrea inmovilidad que había dejado de ver a lo largo de mi vida de corredor. La tenía delante de mi, casi pegada a mi cara, y juraría que sentía su pausado respirar. &lt;br /&gt;Sacudí la cabeza con fuerza, tratando de separarla de mí, tratando de alejar su estúpida chulería de mi presencia. No obstante, y a pesar de mi insistencia, cuando me detenía, allí estaba, la puta quietud de los cojones, el diablo que me hacía pensar, el blanco de las paredes, el ruido lejano de la calle, los pasos secos y apagados de mi vecino de arriba, el zig-zag eterno de una mosca que colgaba del techo, la nada inabarcable, la sensación de ahogo infinito, el eco anterior al propio sonido, mis alveolos expulsando el aire..... &lt;br /&gt;No. No podía ser. &lt;br /&gt;Unté con agua, sal, y vinagre, la estirada piel de mi dolida articulación, y me condené en ese reposo, en esa, mi cárcel. Aquello debía curar de una vez. &lt;br /&gt;- Mueble. &lt;br /&gt;- Estás ahí... agazapado. &lt;br /&gt;Pero la inflamación no cedió ni un milímetro. &lt;br /&gt;- Mueble. &lt;br /&gt;Y decidí recurrir a otros métodos mas radicales: &lt;br /&gt;Me acerqué hasta la cocina, abrí una puerta de las alacenas, y en el anaquel superior, en el fondo, encontré lo que buscaba: una pequeña caja que había depositado allí mismo hacía diez años. &lt;br /&gt;Posé la caja sobre la mesa y me senté con sumo cuidado, sin perder de vista la caja, como si cualquier gesto repentino fuese capaz de evaporar la misma pequeña caja de delante mía. &lt;br /&gt;Allí estaba, mas parecido a un neceser de costura que a lo que en realidad era: Una caja infernal, la caja del vicio, de los pecados que había cometido en mi juventud. &lt;br /&gt;- Vamos... &lt;br /&gt;Tiré de la tapa hermética hacia arriba y contemplé extasiado el interior. &lt;br /&gt;Metí la mano y empecé a quitar cosas, pequeños objetos que habían adornado aquella época de desparrame, maledicencia sin límite, y auto-flagelación.... Un par de mecheros, un librillo de papel de liar, etiquetas de mis bebidas favoritas, una jeringuilla, una bala de fusil con mi nombre, las entradas de un concierto de heavy metal... fotografías de mis amigos, de mis amigas, de mi chica, fotografías de un ser que no era yo pero que, sin embargo, era. &lt;br /&gt;Todos mis vicios recluidos en aquella caja. Mis vicios y lo que lo acompañaba: las amistades peligrosas que a punto habían estado de acabar con mi persona.... Drogas, alcohol, sexo, música atronadora, y mi cuerpo convertido en el templo de todos los pecados. &lt;br /&gt;- Pero vencí - me dije bajo la media sonrisa de mi cara. &lt;br /&gt;Hacía diez años que había cambiado el desenfreno por el sin parar de mis dos piernas, convertido en un Forrest Gump de los bosques, un ave Fénix dispuesta a defenestrar el pasado a base de continuas zancadas. &lt;br /&gt;- Vencí... - dije sin mucho convencimiento esta vez, consciente de mi débil estado emocional. La puta lesión había trastocado mi mundo, volviéndolo mas lento, mas pausado, mas blanco, mas....quieto, y éste, el propio mundo, parecía mirarme divertido. &lt;br /&gt;Allí estaba, en el fondo. Lo que andaba buscando: el saca-corchos con forma de mujer de ébano candescente, la llama negra y sexual que tantas y tantas botellas había abierto en la continua y festiva alegría etílica de aquellos años, el mejor arma del buen maestro de ceremonias e imprescindible en los guateques que por entonces gustaba de organizar. &lt;br /&gt;Lo miré sobrecogido. El saca-corchos era una simple pieza en la cubertería de cualquier casa, una herramienta mas. Sin embargo, me traía demasiados recuerdos, demasiadas sensaciones, y así, como todo lo que me sucedía desde hacía una docena de años, como todo, debía cambiar el sentido de la lógica, la función para la que había sido creado y convertirse en un elemento al servicio del bien, de mi bien. Si aquel elemento me había hecho un ser infeliz, al borde de la locura, ahora en una lógica sumisa de la continuación de mis sentidos, el saca-corchos debía purgar su existencia cambiando su función inicial, la clave de su existencia, por las necesidades fundamentales de su dueño. Así, como si dotara de alma al pequeño objeto, y además lo acusara de mis pecados, decidí que el saca-corchos se convertiría en la llave mágica hacia mi curación. &lt;br /&gt;Me dirigí hacia el salón, me senté en el sofá, y me bajé el pantalón del chandal que llevaba puesto. Miré la rodilla, la rodilla hinchada, y miré el saca-corchos. Sonreí complacido, y convencido de lo que iba hacer... &lt;br /&gt;Apoyé la punta del saca-corchos en el lado externo de la rótula y, sin pensármelo mas, empecé a retorcer la mujer de ébano candescente, dejando que su acero helicoidal penetrase bajo la hinchada piel de la rodilla, atravesando ligamentos, músculos, tendones; rozando la rótula, rompiendo meniscos, y viendo como el líquido articular del receso manaba de mi articulación como si fuese una fuente de magma viscoso, mojando mi mano y encharcando la alfombra de el salón tras desbordarse por donde el saca-corchos se hundía en la carne de mi rodilla. &lt;br /&gt;Grité.... Aullé como un poseso de dolor. El techo del salón empezó a dar vueltas, como si las dos lámparas fueran los asientos de las cadenetas de un tiovivo, y me desvanecí sobre los mullidos cojines del sofá. &lt;br /&gt;Cuando desperté era de noche, la oscuridad se había apoderado por completo de mi hogar, y solo una tenue iluminación, proveniente del alumbrado de la calle, dibujaba sus resplandores sobre las paredes. Estaba omnibulado, como si hubiera regresado tras un largo viaje, viendo que los objetos del salón estaban en su sitio, tal y como me lo podía haber imaginado, pero con una sensación extraña, de desapego, aunque pasajera hacia su pronto acomodo en el presente. &lt;br /&gt;Me levanté, fui hasta la cocina, y bebí un vaso de agua. &lt;br /&gt;Miré el reloj, le di un pequeño golpe en el cristal, y el segundero se puso a circular de inmediato. Las dos, las tres, las cuatro... ¡que más daba! &lt;br /&gt;Era la hora exacta: aquella que yo más necesitaba, y fui apurado hacia mi dormitorio, a buscar un pantalón de deporte, la camiseta, y las demás prendas de runin, de runin saturnal. &lt;br /&gt;Me vestí en un plis-plas, bebí otro vaso de agua, y salí a la calle, dispuesto a comérmela, dispuesto a azotarla con la suela de goma de mis botines. &lt;br /&gt;Llovía ligeramente, pero era igual. Nada ni nadie me iba a detener. Las tres dimensiones que envolvían mi ser iban a ser atravesadas de inmediato. &lt;br /&gt;Y, decidido, me lancé..... &lt;br /&gt;Y me caí, como un pesado saco de patatas, carente de voluntad y cautivo de la gravedad del planeta. Por poco me rompo los dientes contra la acera y, como un crío, me quejé lastimosamente del inmerecido golpe que acaba de cobrar de contado. Miré entre las lágrimas de mis ojos hacia la rodilla en donde estaba clavado el saca-corchos y vi que lo que antaño era una enorme bola inoperante, inflada como la barriga de un hipopótamo, ahora era un articulado miembro que rozaba la perfección; solo la sangre, que seca manchaba toda la pierna, ponía un ligero pero a su brillante aspecto funcional. &lt;br /&gt;Así, desde la plana, fría, y mojada acera, y tras cavilar un poco sobre lo que estaba sucediendo, llegué a la conclusión de la traición que había causado el aparatoso descalabro tenía su origen en la otra rodilla, en la rodilla supuestamente sana. &lt;br /&gt;Mierda. &lt;br /&gt;No me lo pensé mucho y, tras aplicar una regla de tres inapelable, concebí que la única solución consistía en repetir la operación del sacacorchos en la maldita rodilla traicionera, por lo que desenrosqué el gancho helicoidal del saca-corchos de entre los tendones y los nervios en donde tan bien había actuado en su maña infiltración, clave la punta afilada del pequeño utensilio ligeramente por encima de la rodilla y hundí el acero dando vueltas y mas vueltas y hasta atravesar y hacer astillas las durezas del interior. &lt;br /&gt;Si el dolor me había hecho veloz, y feliz... si con el dolor venimos al mundo, crecemos y nos desarrollamos, con él, con el amigo dolor acabarían todas mis penas.... rotas las cadenas.... arreglados los problemas. &lt;br /&gt;Y el sacacorchos, convertido en bisturí que regresa del infierno juvenil, cercenaría para siempre la unión entre el oscuro pasado y el futuro, un futuro prometedor, liberándome de toda rémora, curándome definitivamente, para siempre. &lt;br /&gt;Porque sin duda, estaba curado. &lt;br /&gt;Me levanté. De la rodilla en donde acababa de clavar el saca-corchos manaba sangre fresca, muy líquida; de la otra, espesa y mas oscura, como gelatina. El aspecto no era muy gratificante, pero lo único que me importaba eran los resultados. &lt;br /&gt;Así, curado, me eché a correr, y corrí: corrí como un poseso, corrí como un loco, como un loco.... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Epílogo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel Berrande, corredor aficionado a medias maratones, creyó en la casuística como si fuera un físico, o un químico, aplicando principios y fórmulas a todos los estados de su vida, mezclando el pasado, con la salud y las penas de su propia conciencia, y, lógicamente, acabó postrado en una silla de ruedas. &lt;br /&gt;No obstante, Daniel Berrande no cejó de sus empeños ni de sus ideas ni un solo segundo y de sus hazañas en las para-olimpiadas de Pekín, no lo duden, ya oiremos hablar más adelante... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Pues si en vez de piernas, tengo ruedas, será por algo... para correr, correr, correr como un loco....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-115053335540314680?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/115053335540314680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=115053335540314680' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115053335540314680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/115053335540314680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/06/runin-saturnal.html' title='Runin saturnal'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtsoxx3JodI/AAAAAAAAACg/R7V1qkY4pR8/s72-c/corredor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-114478499759250765</id><published>2006-04-11T21:49:00.000+02:00</published><updated>2008-12-09T07:48:07.494+01:00</updated><title type='text'>Marta</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtspbh3JoeI/AAAAAAAAACo/SSXPTPYddGQ/s1600-h/marta.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtspbh3JoeI/AAAAAAAAACo/SSXPTPYddGQ/s400/marta.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105720155477484002" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Desde que vivo solo he descubierto que el martes es un día ideal para realizar la compra... siempre y cuando no cuadre en primeros de mes. Dispones de todo el espacio del mundo para aparcar el coche y los pasillos del supermercado son amplios y holgados, como debieran ser cualquier día de la semana. Por ello, como otro martes mas, con una lista de productos en el fondo del bolsillo, me dispuse a cubrir mis necesidades básicas en el hiper de la zona, por lo que aparqué mi Renault lo más cerca posible de la entrada, junto a unas largas hileras de encastrados carros de la compra y, cuando me disponía a bajar del coche, me fijé en la mujer que había aparcado su vehículo junto al mío y se me fue el alma al suelo...&lt;br /&gt;  Miré de inmediato hacia otro lado y, como si me hubiera caído una cosa en la alfombrilla del co-piloto, me agaché para ocultarme de ella.&lt;br /&gt;  Se trataba de Marta, mi ex-mujer, más guapa que nunca y, para mí, tan odiada como siempre: la única culpable de mi calamitoso estado.&lt;br /&gt;  Hacía casi un año que había descubierto su engaño con él que consideraba mi mejor amigo: con Damián, y desde entonces, desde que los había pillado por casualidad en una cafe-bar de la ciudad vecina dándose un apasionado arrumaco, yo no había levantado cabeza. No era capaz de digerir su traición y aquella imagen, la de sus finas y hermosas manos trepando cariñosamente por la nuca de Damián mientras lo besaba, me hizo ver la cara de la locura de un modo muy cercano. &lt;br /&gt;  Abandoné entonces mi hogar con lo que llevaba puesto, dejé escrita una simple nota con las claves de la cuenta corriente de la que disponíamos en internet, y mas adelante acudí a un psiquiatra con la intención de levantar mis arrastrados ánimos. Me parecía imposible que aquello estuviera ocurriéndome a mí, que mi Marta tuviese unas necesidades ajenas a las que yo podía cubrir y, las sonrisas cómplices, los maravillosos momentos que había convivido con ella, se convirtieron en esperpénticos recuerdos llenos de falsedad, en forma de afiladas agujas del pasado. Quemé todas sus fotos con la esperanza de borrar su existencia, evité sus amistades, sus canciones preferidas, cualquier lugar común que me recordara algo de ella, y decidí no escuchar, ni visitar, ni siquiera vestir aquello que ella me había recomendado. Debía empezar de nuevo, sin la dolorosa rémora de su recuerdo, y me trasladé a vivir en el barrio de Santa Margarita... Si, el barrio que Marta siempre tachó de feo, impersonal, y odiosamente sibarita.&lt;br /&gt;  Por lo que, ese martes, cuando la vi después de todo lo que había pasado, el aliento comenzó a espesarse dentro de mis pulmones, el corazón latió encabritado, y la poca sangre caliente que me quedaba se agolpó toda sobre la superficie de mi rostro.&lt;br /&gt;  No obstante, el "trágame tierra" fue escuchado por el hacedor del destino y Marta ni se fijó en mí. Parecía demasiado ocupada organizando no se que cosas dentro de su coche y tardó un buen rato en abrir la puerta. Cuando por fin lo hizo y parecía que ya iba bajar, al tiempo que se me agotaba el oxígeno, vi como hacía un esfuerzo por salir y, patidifuso, con la boca abierta de oreja a oreja, contemplé como se colocaba encima de una silla de ruedas, cerraba después su coche y, rodando, se alejaba de donde yo estaba y se dirigía hacia la puerta del centro comercial.&lt;br /&gt;  Sin saber porqué, las piernas dejaron de temblarme, comenzaron sin embargo a silbarme los oídos mientras el mundo se detenía en una extraña secuencia digital, y un extraño sentimiento de culpabilidad comenzó a aflorar en la impertérrita seriedad que me había embargado... &lt;br /&gt;  ¡Cuantas veces había llegado a desearle lo peor a Marta, incluso la muerte...! ¡Cuántas? Y ahora, al verla sobre aquella silla, ver toda su belleza postrada ante mí... se me vino encima un amargor tan fuerte y repentino que, finalmente, me hizo derramar unas lágrimas por quien había jurado mil veces que no lo volvería a hacer.&lt;br /&gt;  Giré la llave del contacto, obviando ya la idoneidad del martes para realizar la compra, y me dispuse para salir de allí. Sin embargo, la imagen que acababa de ver se convirtió en una fijación, en inesperada novedad capaz de despertar mi abotargado sentido de la curiosidad, y volví a apagar el Diesel del motor dispuesto a hacer la compra...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   No eran las ofertas lo que precisamente buscaban mis inquietos ojos al entrar en el iluminado comercio. No... no eran las ofertas.&lt;br /&gt;  Como siempre, me había tocado el carrito más escandaloso del mundo, chirriante y con unas ruedas alineadas puñeteramente hacia la derecha, por lo que, ligeramente irritado, decidí abandonarlo entre una larga exposición de televisores panorámicos en los que David Bisbal retorcía en el aire sus kilométricos rizos y así el asa de una colorada cesta junto a una caja de cobro.  Apurado, saludé a un compañero del trabajo y después me colé por entre la cacharrería de cocina hacia el pasillo central. Desde allí, recorriendo dicho pasillo, de lado a lado, empecé a ojear por todos los laterales del mismo con la intención de ver a Marta otra vez... Me podía más él deseo de verla que la sensata idea de no pensar siquiera en ella y, dejando atrás la totalidad de los productos que había venido a adquirir, llegué hasta los estantes de los tés, los cafés, y los cacaos.&lt;br /&gt;  Allí estaba Marta.... Marta.&lt;br /&gt;  Su oscura melena, inmaculada y lisa como siempre, delimitaba su bonito rostro: el fiel reflejo de Venus y tal y como estaba impreso en mi memoria, con sus ojos negros y profundos revertiendo sobre una delicada naricilla que parecía pedir perdón por existir, unos labios prietos y decididos y, todo ello, en una sedosa piel que se enmarcaba en un perfil ovalado hasta sucumbir en un mentón angelical.&lt;br /&gt;  Era... seguía siendo la preciosa Marta: la mujer más linda sobre la faz de la Tierra. &lt;br /&gt;  Sin embargo, algo fundamental había cambiado, y no solo en lo referente a sus piernas, sino también en lo personal, en su áurea, magnetismo... o aquello intangible que con tanta fuerza desprendía de sí y que ahora parecía un tanto desvaído, apagado.&lt;br /&gt;  No obstante, y como podía comprobar, continuaba siendo una cafetera empedernida, buscando como solía hacer cuando vivía conmigo su querida variedad de café nicaragüense... él que además de saber bien, ayudaba a una cooperativa a realizar sus labores humanitarias.&lt;br /&gt;  Pasé junto a ella, de largo.&lt;br /&gt;  No tenía ni el valor para decirle "hola" y corrí a refugiarme en el pasillo de al lado, entre las pastas, los dulces, y las galletas.&lt;br /&gt;  - ¡Hola Quique! - oí por detrás.&lt;br /&gt;  Me volví. Y, de inmediato, traté de ocultar  el fastidio que implicaba para mí la visión de quien me había saludado, componiendo mi mejor sonrisa entre los labios. Ni en Martes se podía librar uno de los encuentros inoportunos.&lt;br /&gt;  Era Concha, mi psiquiatra, que era tan buena profesional que incluso fuera de la consulta continuaba con su labor pedagógica.&lt;br /&gt;  - Hola - respondí.&lt;br /&gt;  - ¿Qué tal...&lt;br /&gt;  - Bien - dije apurado, demasiado apurado y cortando su pregunta con excesiva rotundidad.&lt;br /&gt;  Se dio cuenta de mi nervioso estado de ansiedad y, echándome la mano por el hombro, dijo:&lt;br /&gt;  - ¿Te ocurre algo, Quique?&lt;br /&gt;  - No - respondí al mismo tiempo que veía como Marta, por detrás de Concha y en el pasillo central, pasaba de largo y desaparecía por una esquina.&lt;br /&gt;  Y Concha, como si hubiera visto a Marta reflejada en mis ojos, dijo:&lt;br /&gt;  - ¿Es ella? ¿Es ella otra vez? ¿Vuelves a estar obsesionado con tu ex-mujer? &lt;br /&gt;  - No....&lt;br /&gt;  - ¿...?&lt;br /&gt;  - Bueno... si. Sigo obsesionado con ella. Sigo enamorado.... sigo....&lt;br /&gt;  - Entonces las etapas que cruzamos... fueron... ¿Estabas mintiendo?&lt;br /&gt;  La miré compungido, tratando de ocultar mis labios en la boca y tras los mofletes, como el niño al que han descubierto todos sus secretos, y no supe que decirle.&lt;br /&gt;  - ¿Y ahora? ¿Porqué estás tan alterado?&lt;br /&gt;  - Por nada...&lt;br /&gt;  - ¿Qué? - dijo de forma autoritaria.&lt;br /&gt;  - ¡Mierda! - contesté sin pensar, harto de sus observaciones.&lt;br /&gt;  - Quique, reflexiona.&lt;br /&gt;  Cogí aliento, bajé la cabeza y, mientras aun resonaba la sórdida expresión que había soltado en el interior de mi cabeza, busque la calma donde no la había, hice un chasquido con la lengua en el paladar y me despedí  de Concha sin abrir siquiera la boca.&lt;br /&gt;  - Pero.... - oí a mis espaldas mientras desaparecía de su visión.&lt;br /&gt;  Mi querida Marta estaba paseando sola y en una silla de ruedas y yo no tenía tiempo para explicar todo lo que dicha imagen me hacía sentir.&lt;br /&gt;  Volví a recorrer el pasillo central y sus afluentes laterales; me colé por todos los rincones del centro e incluso eché una ojeada por entre los abigarradas perchas de la ropa y los huecos de los probadores. Pero mi búsqueda no obtuvo resultado. &lt;br /&gt;  Seguro que Marta había terminado de hacer su compra y ya se hallaba fuera del hiper-mercado.&lt;br /&gt;  Las suposiciones sobre lo que le había sucedido para acabar sobre una silla de ruedas empezaron a divagar sobre mi mente mientras salía al aire libre, recordando lo orgullosa que era Marta, incapaz de pedir ayuda a nadie, y me la imaginé sola en el mundo, alejada de la vida social, y refugiada en el mundo de los libros y de la música clásica.&lt;br /&gt;  Marta era muy suya, independiente incluso de su propia familia y...acordándome de como era, se me hizo un nudo en la garganta y casi se me saltan las lágrimas.&lt;br /&gt;  ¿Porqué diablos no me había llamado? ¿ Y Damián? Ese cerdo sin sentimientos.... ¿No había podido siquiera mandarle un mensaje? Seguro que el muy cabrón, después de tirarsela doscientas veces, se había evaporado en cuanto llegaron los problemas... el problema.&lt;br /&gt;  Los sentimientos se fueron amontonando todos juntos en la boca de mi estómago y, cuando llegué junto a mi Renault, contemplé extrañado que el coche de Marta seguía allí aparcado: debía seguir en el interior del centro e, incapaz de estarme quieto, volví por donde había venido. &lt;br /&gt;  Tenía que hablar con ella de una vez, saber lo que había pasado, y ofrecerme para lo que hiciera falta. Aun la quería y no podía seguir ocultándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  No obstante, cuando yo entraba por la puerta principal, vi que ella salía de la línea de cajas registradoras y no lo hacía sola: Alguien se había colocado a la par, en otra silla de ruedas, y los ojos de Marta brillaban, ahora sí, iluminados.&lt;br /&gt;  Yo me arrimé contra el escaparate de una zapatería, haciendo que observaba unos deportivos, y esperé a que Marta y su acompañante me sobrepasaran por detrás. Cuando así lo hicieron, me fijé en el reflejo del escaparate y vi que era Damián, él que había sido mi mejor amigo, el mismo que me había robado la vida, y que ahora, al parecer, había compartido la misma suerte que mi anhelada mujer.&lt;br /&gt;  Me volví hacia ellos, por detrás, y del mismo modo que los había visto hacía un año, contemplé como se daban un apasionado beso mientras se dirigían a un establecimiento de frutos secos y golosinas. Se rieron al tropezar con una columna y, alegres, continuaron rodando en su camino.&lt;br /&gt;  Durante un instante, unos segundos apenas, el tiempo se detuvo y me convertí en estatua. Un extraño silencio, casi sobrenatural, se apoderó de mí y, como bendecido por lo que acaba de ver, mi corazón empezó a encherse de satisfacción y, por un instante, fui el hombre mas dichoso del mundo.&lt;br /&gt;  Me di cuenta de cuan engañado había vivido hasta ese día y, el haber visto que Marta no estaba sola y que además era feliz, no provocó en mi ningún sentimiento encontrado, sino que me lleno el alma hasta los topes de tal forma que, cuando me crucé con Concha le di un beso en los labios y, ante su atónita mirada, le quité su carro de las manos para acompañarla durante el resto de esa tarde de martes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-114478499759250765?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/114478499759250765/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=114478499759250765' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114478499759250765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114478499759250765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/04/marta_114478499759250765.html' title='Marta'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JiGMkv5s1jE/Rtspbh3JoeI/AAAAAAAAACo/SSXPTPYddGQ/s72-c/marta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-114477288635311914</id><published>2006-04-11T18:27:00.000+02:00</published><updated>2006-04-11T18:33:45.876+02:00</updated><title type='text'>Dillinger, el apoteósico</title><content type='html'>Dillinger, el apoteósico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya está.&lt;br /&gt;Dillinger cerró el manuscrito con suma lentitud y de su boca salió un sentido suspiro de satisfacción.&lt;br /&gt;Había concluido su alegato contra el mundo en él que le había tocado vivir y cerró sus ojillos durante un instante, embargado de placer y libre de todo remordimiento, incluso pena. Su carácter siempre había sido en exceso decidido y el motivo que alumbraba sus últimos días no inspiraba sobre sus actos ninguna clase de duda o vacilación. A pesar del desastre que se cernía sobre él, sabía que había un solo camino, sin diatribas ni contemplaciones, y lo iba a recorrer en ese mismo día.&lt;br /&gt;Era el séptimo de quince hermanos. Una buena posición para quien cree en la suerte, aunque no era su caso. El sol que lo vio nacer descansaba (aun descansa) sobre las verdes praderas de Wisconsin, en una zona rural cuyo único rastro de la civilización son las enormes plantaciones de maíz y algún que otro carril nebuloso que dejan los reactores sobre el azul del cielo. En la tierna niñez ya vio claro que su destino estaba lejos de los suyos, que yacía lejos de aquel ambiente, puesto que sus aptitudes superaban claramente las preocupaciones por el día a día, y en su afán no estaba el desaprovecharlas. El extraordinario talento que demostró desde muy crío y su vocación por lo artístico hizo imposible que continuara viviendo en Wisconsin, por lo que abandonó su hogar en cuanto tuvo posibilidad, al pairo de su desarrollo, y cuando allí ya no había nada que lo retuviera.&lt;br /&gt;Atravesó praderas y montañas, el mismo desierto del Colorado, y durmió sobre el heno e incluso a veces sobre el barro. Sufrió todo tipo de penalidades antes de llegar a su destino, en la soleada California, el mítico estado del Pacífico en plena época de sueños y soñadores, en los tiempos en que la fama y la riqueza eran tan palpables como el aire que se respiraba.&lt;br /&gt;Dillinger sabía que aquel era su territorio natural y corrió apurado hacia sus propios designios: hacia Hollywood, la fábrica de las estrellas, la meca del séptimo arte.&lt;br /&gt;Sin embargo, sus inicios fueron bastante complicados y tuvo que asumir que debía empezar su carrera desde el punto más bajo, subir los escalones de uno en uno. La competencia en la ciudad era feroz y, como él, miles de individuos suspiraban por alcanzar la misma meta, la estrecha y deslumbrante cúspide del cine. Así, trabajó en los oficios más dispares, como extra de mil películas, confundido casi siempre entre las multitudes y sin llegar a ser ni el reflejo de una cámara, sufriendo todo tipo de humillaciones y servilismos mientras iban surgiendo nuevas estrellas en el firmamento. Su optimismo empezó a nivelarse con una contenida rabia, un sentido amargor que se dolía de la evidencia de que nadie lo valoraba como debía, y el cielo empezó a oscurecerse y languidecer; hasta las deslumbrantes sonrisas de las vallas publicitarias que poblaban la ciudad le sonaron como burlas, recochineos dirigidos hacia su persona. Pero él no había hecho tan largo trayecto para nada y, además, el mundo no podía desperdiciar el inmenso talento que se atesoraba junto a sus mil virtudes. Si existía la justicia, Dillinger triunfaría muy pronto y su nombre, su rostro, permanecería entre los eternos más allá de lo simple y cotidiano.&lt;br /&gt;Por fin, un día llegó su oportunidad. Corrían buenos tiempos para la industria cinematográfica y el carácter propagandístico y democrático de la época puso al uso los denominados castings. Se publicaba un anuncio en el periódico con las características personales que deseaban ciertos productores y los mil aspirantes a la fama corrían en la búsqueda del deseado papel. Comenzaba pues una primera selección a sobre vista, fijándose únicamente en el aspecto, y al final, después de unas cuantas pruebas más, seleccionaban a unos pocos finalistas.&lt;br /&gt;Dillinger supo que estaba en el sitio preciso, ante la oportunidad de su vida, y durante una larga semana de abril fue superando a todos sus rivales hasta que, finalmente, solo se quedaron en la selección él y un tal Mick, un tipo de Nueva Orleáns cuyo sexo invertido, se decía, le había abierto muchas puertas, demasiadas en ese caso. A pesar de los favores que otorgaban dichas ventajas, Dillinger tenía claro que el elegido era él mismo, pues sus dotes teatrales interpretando hasta el mismo Hammlet habían provocado el aplauso de cuantos observaban dicho casting, y su rival solo había arrancado unas pocas risas gracias a su hilarante tono de voz, demasiado agudo, y a su aspecto vespertino, ágil y espabilado, y en ocasiones ridículo.&lt;br /&gt;Pero, aciago el día, cuando solo hacía falta oír su nombre por boca del famoso productor de cine, Dillinger se sintió tan satisfecho consigo mismo, embargado totalmente por su egocentrismo, que incluso accedió a realizar una entrevista que lo apuntaba como una nueva y prometedora estrella.&lt;br /&gt;Craso error por su parte.&lt;br /&gt;El diario sensacionalista que público la entrevista se hizo eco de sus frases más inconcretas, aquellas cuyos flecos daban lugar a las peores conjeturas, y el titular de dicha entrevista dejó al descubierto ciertas interioridades del casting, sobre todo las del director y las del productor de la futura cinta:&lt;br /&gt;FAVORES SEXUALES ENTRE BAMBALINAS&lt;br /&gt;Y se acabó.&lt;br /&gt;Dillinger fue expulsado del plató en donde se realizaban las pruebas y Mick, el mediocre, resultó elegido por unanimidad.&lt;br /&gt;Se acabó de verdad. El sueño americano se vio truncado por culpa de un periodista que había tergiversado unas simples apreciaciones y todas las puertas de la ciudad de fueron cerrando para Dillinger, una tras otra, sin tener en cuenta su talento y sin escuchar las mil disculpas que arguyó con su pequeña boca.&lt;br /&gt;En los años posteriores, Mick, el tipo de Nueva Orleáns, se convirtió en todo un fenómeno mundial, mediático y artístico, y Dillinger acabó actuando por los peores teatros del medio oeste americano, interpretando pequeños papeles en casposas comedias sin una gota de arte, y bajo la atenta mirada de los vulgares pueblerinos cuyo gusto por la farándula se mezclaba con el palillo que roían entre sus dientes.&lt;br /&gt;La esperanza y la ilusión de Dillinger se convirtió en odio y rencor, incrementándose con el tiempo, y su juventud se fue apagando sin fulgor alguno.&lt;br /&gt;Ya nada le importó de veras, ni el amor ni la riqueza. La vida perdió todo el valor para él y del más recóndito lugar de su mente surgió una tenebrosa idea que llegó a acaparar toda su existencia, el motivo por el que seguir luchando. Sobre su rostro se dibujo un rictus marcado con toda la acidez y amargura que lo embargaba y la palabra venganza se demostró plena ante todas las demás del vocabulario.&lt;br /&gt;Tomó una decisión, la única que creía que podía tomar después de que la sociedad lo hubiera obligado a ello, y el impulso de su talento artístico se reconvirtió en una malvada maquinación que lo elevaría por encima de los demás mortales.&lt;br /&gt;Dillinger triunfaría de un modo tan sutil que nadie lo olvidaría jamás.&lt;br /&gt;Pero no se iba a precipitar con cualquier acto. Él no iba a despachar a quienes lo habían hundido en la miseria ni iba a hacer tristes alegatos de su desgraciada injusticia. Era mucho más inteligente que eso y, aunque su objetivo era oscuro, muy oscuro, la preclaridad de sus ideas discurrían de maravilla por su cerebro. Quienes se acordaran de él en el futuro lo harían con asombro y estupefacción.&lt;br /&gt;Así, discurrió como vengarse del sueño americano y se detuvo sobre las alternativas que tenía para ello: destruir la estatua de la libertad, echar abajo el Empire State, asesinar al presidente y a toda su familia, contaminar la Coca-cola y a sus millones de clientes... ¿Armas biológicas o químicas? ...¿O un atentado en plena gala de entrega de los Oscar?....&lt;br /&gt;Era complicada la elección. Cualquiera de sus pensamientos causaría la deseada conmoción que andaba buscando y, sin embargo, debía elegir una que fuera posible, realizable, pues su infraestructura destructiva se reducía sobre él mismo, con las citadas ideas como únicos medios, y era consciente de que no podía fracasar... de ninguna de las maneras.&lt;br /&gt;Dillinger envejeció al mismo tiempo que su maquiavélico plan. Las articulaciones de su cuerpo perdieron toda su gracia y soltura, pero no así su determinación, que se asentó y maduró hasta fraguarse en definitiva. El plan dejó de ser un simple futurible y Dillinger abandonó California para llevar a cabo la indómita venganza para la que seguía viviendo, por lo que cruzó todo el país, de oeste a este, y se estableció en una región tan luminosa como la que había abandonado, en la Florida.&lt;br /&gt;No obstante, antes de acabar la historia que él mismo protagonizaba, cayó en la cuenta de que debía darle forma: escribirla, firmarla, y hacer que la misma figurara en los estantes de la posteridad.&lt;br /&gt;¿De qué valdría tanto trabajo y tanto sudor si nadie lo iba a valorar después?&lt;br /&gt;¿Acaso el público no merecía tener la información apropiada sobre su persona?&lt;br /&gt;Desde luego que sí.&lt;br /&gt;Sobre unos folios en blanco empezó a escribir todos su anhelos y experiencias, aquello que el mundo había perdido al despreciarlo y, también, lo soliviantada que quedaría su alma después de tan demoníaca acción. Así, la carta de despedida creció en tamaño y tiempo, y después de varios meses de tinta y de literatura decidió que el gran manuscrito ya albergaba en su interior lo básico y lo fundamental de su periplo; la esencia que envolvía su ser.&lt;br /&gt;No había más que decir: Sólo actuar.&lt;br /&gt;Al acercarse al objetivo, Dillinger atravesó varios controles de seguridad sin contratiempo alguno, y se dispuso a abordarlo.&lt;br /&gt;En su juventud no habría tenido ningún problema, pero los años le habían usurpado la mayor parte de la vitalidad y, consecuentemente, sus pasos eran lentos y breves; el camino, arduo e interminable. Cada escalón era como una gran montaña y, además, Dillinger debía estar muy atento ante el continuo trasiego de técnicos y científicos, pues una simple mirada sobre su figura y el fracaso volvería a teñirlo de gris, enterrarlo para siempre entre el olvido de los desgraciados; por lo que anduvo con sus cinco sentidos y, cada uno de dichos sentidos, despiertos sobre las ascuas de una gran concentración.&lt;br /&gt;El lugar más complicado era en el acceso principal: una larga rampa que estaba bajo una continua vigilancia, con cien cámaras apuntándola sobre otros tantos monitores, tan descubierta como los atriles de los teatros por donde había vagabundeado, y que acabó por decidirlo en una larga espera.&lt;br /&gt;El sol de justicia cedió el paso a la helada de la noche y Dillinger pensó que era el momento apropiado para cruzar la rampa. El camino estaba iluminado por varios focos deslumbrantes, unas sinuosas sombras sin sentido que eran provocadas por los cruces de la luz artificial, y Dillinger se apuró para aprovechar dichos resquicios de aparente oscuridad. Sin embargo, fue imposible. La puerta de la nave estaba cerrada y tuvo que volver sobre sus propios pasos.&lt;br /&gt;Se ocultó detrás de un panel de dígitos cambiantes: cifras y números que informaban de la temperatura, la humedad y, por supuesto, de la hora del despegue, hasta que, pasadas las horas, amaneció un nuevo día y la impresionante visión de Cabo Cañaveral se adueño del moderno espectro del lugar.&lt;br /&gt;El contraste entre la vespertina calma ambiental y su creciente intranquilidad era evidente, y tiritó de frío aun cuando por sus poros se destilaba un sudor espeso y pegajoso. No había demasiada piedad para con sus nervios y aquel primer y fallido intento sumió sobre su determinación una profunda grieta repleta de desconfianza. Nada avalaba ya el éxito que tanto había planificado y quizás debía ir encomendándose a la simple suerte. O desistir. Si, retroceder prudentemente y buscar una alternativa más plausible: una retirada a tiempo que garantizara cuando menos cualquier intento futuro y...&lt;br /&gt;Pero no. Dillinger estaba demasiado entrado en edad como para seguir esperando y dudaba que tuviera fuerzas para empezar de nuevo. Además, ¡qué diantres!, de siempre había sabido que llegar a cumplimentar el plan no iba a resultar nada pero que nada fácil y, sin en algún momento se lo había parecido, simplemente es que se había equivocado. Por lo que Dillinger, en un desastroso estado emocional, se dijo que no había vuelta atrás y apretó los dientes tratando de aplacar su flácido tesón. El odio que fagocitaba por sus adentros debía prevalecer ante cualquier lúgubre pensamiento, sobre cualquier cobarde tentación, y se obligó desde su escondrijo ante la guardia de una mejor ocasión.&lt;br /&gt;Así, a una hora muy determinada, a las ocho p.m., en la antesala de la rampa que llevaba hacia la nave, comenzó a arremolinarse un nutrido grupo de obreros especializados.&lt;br /&gt;Las voces y las órdenes de trabajo se incrementaron a media mañana y unos cuantos periodistas se acercaron hasta el lugar. Algo importante estaba pasando y Dillinger, sin un sitio más seguro en donde esconderse, cerró los ojos y rezó para que la providencia lo resguardase de las miradas. Cuando abrió los ojos, vio como unos astronautas se despedían entre mil resplandores fotográficos, y el primero se dirigía ya hacia el trasbordador espacial.&lt;br /&gt;Era el momento, entre la multitud y el frenesí, en medio de la algarabía de la despedida. Dillinger se confundió entre los técnicos que rodeaban a los astronautas y se introdujo en el oscuro interior de la nave.&lt;br /&gt;Ya está. Suspiró tranquilo. De momento nadie había alertado de su presencia... de momento.&lt;br /&gt;Se deslizó hasta la cabina de control antes de que llegaran los ocupantes oficiales de la nave y busco la esquina más retorcida del habitáculo, calibrando mientras los peligros que aun debía superar.&lt;br /&gt;Las pesadas botas de los astronautas anunciaron la inminente llegada de los mismos y Dillinger reptó por debajo de una consola acribillada de luces, chivatos de mil colores que informaban del estado de las entrañas de la nave. Durante unos segundos perdió la visión y, cuando se habituó a la oscuridad del lugar, vio que estaba rodeado por un sin fin de apretados cables. Era un lugar incomodo, bastante claustrofóbico, pues apenas se podía mover, pero de momento parecía seguro; al menos, la voz tranquila de los astronautas no le demostraba que hubiera ningún problema en el desarrollo del despegue. Aunque no debía fiarse, pues, sin ser un entendido en la materia, sabía que estaba dentro de uno de los aparatos más sofisticados de la ciencia moderna y los datos y los parámetros que debían estar midiendo los ordenadores de Cabo Cañaveral informarían con absoluta precisión de cualquier anomalía.&lt;br /&gt;Sin embargo, llegó la hora y la cuenta atrás se desnudó de sus valores más altos hasta figurarse como un solo dígito:&lt;br /&gt;9,8,7...&lt;br /&gt;Dillinger se acomodó lo mejor que pudo, contra una esquina de la consola.&lt;br /&gt;... 6,5,4 ...&lt;br /&gt;Respiró profundamente, tratando de retener los alocados latidos del corazón.&lt;br /&gt;... 3,2,1 ...&lt;br /&gt;El gigantesco trasbordador espacial hizo un amago, un último intento por amarrarse a la gravedad, y...&lt;br /&gt;0.&lt;br /&gt;Rugieron los motores, envolviendo de humo todos los recovecos del complejo aeronáutico, y el fuego lanzó sus llamaradas contra la base de lanzamiento y la nave espacial se levantó sin remisión sobre su peso, apuntando claramente hacia las alturas; hacia el cielo que, paciente, esperaba.&lt;br /&gt;La atenazadora fuerza del despegue aplastó a Dillinger contra el suelo y solo después de unos segundos pudo concentrarse en lo que había venido a hacer: en su trabajo.&lt;br /&gt;Así, sin dilación alguna, y presto de una sola voluntad, el pequeño Dillinger se apuró en arruinar, en destruir.&lt;br /&gt;Como carecía de herramientas, utilizó las garras tratando de despellejar los cables que lo rodeaban. Pero fue totalmente imposible: era incapaz de causar daño alguno.&lt;br /&gt;Se detuvo un instante, y una elocuente sonrisa se dibujó sobre su rostro.&lt;br /&gt;No fracasaría. Desde luego que no.&lt;br /&gt;Dillinger abrió la boca y mordió con rabia, cercenando un cable, otro cable, y otro más.&lt;br /&gt;El trasbordador se desvió ligeramente de su trayectoria y el rozamiento incrementó en mil grados su calor. La estructura comenzó a ceder y, al cabo de una fatídica milésima, la nave estalló como la erupción de un volcán sobre los cielos. La estela vertical de los propulsores se transformó en una vorágine de humo que crecía más y más sobre sí misma, y devoró toda la materia en una tétrica imagen que se plasmaba en las alturas, la histórica foto para el mudo asombro de todos cuantos aquel día contemplaban el espectáculo.&lt;br /&gt;Los astronautas murieron de inmediato y el sueño americano vivió un triste día de luto.&lt;br /&gt;Dillinger, el pequeño ratón, también murió; pagó con su vida la inmensa frustración que arrastraba desde su juventud y ni siquiera Mick, aquel tipo de Nueva Orleáns que le había arrebatado la gloria, alcanzaría un final tan apoteósico como el suyo. Ni siquiera Mick... Mickey Mouse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-114477288635311914?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/114477288635311914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=114477288635311914' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477288635311914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477288635311914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/04/dillinger-el-apotesico.html' title='Dillinger, el apoteósico'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-114477267434343065</id><published>2006-04-11T18:24:00.000+02:00</published><updated>2006-04-11T18:24:34.350+02:00</updated><title type='text'>Misterio originario</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Bicicleta&lt;br /&gt;Cábala&lt;br /&gt;Gardenia&lt;br /&gt;Quilombo&lt;br /&gt;Tantalio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la serie: los misterios de la vida, por el maestroTsu Min Tsao.&lt;br /&gt;Misterio 105:&lt;br /&gt;De los ojos rasgados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en otras ocasiones, su madre se había precipitado.&lt;br /&gt;Cuando el vagón se detuvo del todo, el pequeño Lin Yong se bajó en el andén y se sentó en uno de los siete bancos vacíos de la estación de Xian-nan. Eran las dos de la madrugada, hacía un poco de frío, y estaba solo. Su madre, temerosa de que perdiera alguna de las enseñanzas sagradas, lo había enviado en una hora equivocada, medio día antes de lo que correspondía, y ahora tendría que esperar allí mismo, solo y aburrido.&lt;br /&gt;Sin embargo, Lin Yong era un joven muy inquieto, conocía de sobras el camino hacia el templo de Ulua-Sur, y empezó a andar por entre los cerros que bordeaban Xian-nan. Serpenteó por el sendero, bosque arriba, pisando las desnudas losas del suelo y esquivando las ramas que la oscuridad no acababa de ocultar del todo. Con once años recién cumplidos, Lin Yong era un chico intrépido y decidido y en su caminar no hicieron ni asomo los miedos propios de su temprana edad. Así, una hora después de emprender la marcha, ya estaba a las puertas del templo de Ulua-Sur, el QUILOMBO de los templos de la enseñanza; el más lejano y el más atípico cuando menos, y se sentó sobre el pilón lateral del puente de piedra: un puente que atravesaba el estanque de la liberación del jardín exterior.&lt;br /&gt;La puerta del templo estaba cerrada y Lin Yong decidió esperar allí mismo, quieto, sentado... escuchando a las ranas y a los grillos.&lt;br /&gt;Por desgracia, el maestro Tsu Min Tsao era un poco dormilón y no abrió la pesada hoja de madera hasta bien entrado el mediodía, ocho horas después de la llegada de Lin Yong.&lt;br /&gt;- ¡Pequeño Sumiki! - gritó su maestro al verlo, con un extraño alborozo.&lt;br /&gt;El maestro salió muy apurado de su hogar, pasó junto al joven como una exhalación, levantó la falda de su durumagi, y se puso a hacer las necesidades lo más cerca posible de los nenúfares del estanque.&lt;br /&gt;- Lin Yong, maestro - le replicó el joven, haciéndole saber quien era... una vez más.&lt;br /&gt;- ¿Lin Yong....? - hizo un último esfuerzo de esfinter y añadió:- ¿El hijo de Sumiki?&lt;br /&gt;El joven no respondió. Era completamente inútil discutir sobre su identidad con el maestro Lin Yong. Él era su único discípulo desde hacía dos años y acudía durante varios días al acabar la primavera y al comienzo del otoño. Aun así el viejo maestro seguía confundiéndolo con sus anteriores alumnos: los honorables miembros de la familia Sumiki que, aun no sabía porqué, habían abandonado las necesarias enseñanzas de la vida.&lt;br /&gt;- ¿Y a qué se debe tan grande honor pequeño Sumiki? - le preguntó el anciano tras apretar el cinturón.&lt;br /&gt;- El saber, maestro.&lt;br /&gt;- Ahhhh.....&lt;br /&gt;- Los misterios, maestro.&lt;br /&gt;El anciano olisqueó el ambiente, cayó en la cuenta de cuan desagradables eran los aromas de sus propios excrementos, y dijo:&lt;br /&gt;- Caminemos pues.&lt;br /&gt;Con aire despistado, el maestro miró a su alrededor e invitó al joven a que lo siguiese por la senda que rodeaba el templo: el camino hacia el arroyo del bosque.&lt;br /&gt;- Un día maravilloso.&lt;br /&gt;- Lo es maestro... Pero....&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;El ruido que hacían las tripas del muchacho era una respuesta mas que evidente: parecía que los intestinos se estuviesen matando entre sí , a punto de convertirse en serpientes antropófogas, clamando alborotadamente por un simple bocado. No obstante, el joven Lin Yong decidió silenciar de palabra su hambre y persiguió el lento paso de su maestro.&lt;br /&gt;- ¿Cual fue nuestro último misterio, Sumiki?&lt;br /&gt;- El del rabo, maestro.&lt;br /&gt;- ¿Rabo?&lt;br /&gt;- Si, maestro. De como los hombres se desprendieron de su retorcido rabo al cambiarlo por el morro del jabalí.&lt;br /&gt;- ¿Jabalí?&lt;br /&gt;- Si, maestro. Un enigma que solucionaba otro anterior: El porqué nuestros antepasados solo comían trufas.&lt;br /&gt;- Ahh... ya recuerdo...&lt;br /&gt;- Creo maestro pues, que ha llegado la hora de que me explique el misterio del amor.&lt;br /&gt;El anciano Tsu Min Tsao se detuvo para coger aliento. Habían llegado junto al arroyo sagrado, junto al cual se encontraba el único lugar del bosque en donde los árboles desaparecían en un extenso claro: un prado en donde el sol inundó de luminosidad sus rostros.&lt;br /&gt;- No estás preparado, Sumiki.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;- Antes debes conocer todos los misterios originarios.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;- ¿Acaso sabes porqué los occidentales tienen los ojos redondos como la luna llena?&lt;br /&gt;- No - dijo el joven de mala gana, dispuesto ya a escuchar otra CÁBALA sin fundamento mientras su estómago proseguía aquejado de un vacío inquieto.&lt;br /&gt;- Los occidentales no saben leer.&lt;br /&gt;- ¿... ?&lt;br /&gt;- Si. Descienden directamente del buey.&lt;br /&gt;- ¿Y por eso no saben leer, maestro?&lt;br /&gt;- Exacto. El buey es un animal que apenas levanta la cabeza del suelo. Está mirando continuamente el suelo en busca de alimento y abre los párpados hasta casi volcar las órbitas de sus ojos.&lt;br /&gt;- Sigo sin comprender, maestro.&lt;br /&gt;- Nosotros, sin embargo, somos los hijos del muflón.&lt;br /&gt;- ¿Muflón? - preguntó el joven Lin Yong estupefacto, pues aun no hacía ni dos misterios que había descubierto que estaba emparentado con el águila real.&lt;br /&gt;- Claro, Sumiki. De quien sino podíamos heredar la obstinación... la típica cabezonería del valiente pueblo de Corea.&lt;br /&gt;El joven asintió sin convencimiento alguno. Estaba empezando a comprender el porque la familia Sumiki había abandonado las enseñanazas del anciano.&lt;br /&gt;- ¿Porqué vive el muflón en la montaña?&lt;br /&gt;- No lo sé, maestro.&lt;br /&gt;- Para poder leer.&lt;br /&gt;- ¿Leer qué, maestro?&lt;br /&gt;- En el cielo, Sumiki. En el cielo. De ahí la fina belleza de nuestra mirada, que permite discernir claramente los enigmas escritos en el manto que cubre el día.&lt;br /&gt;- Pero maestro - protestó Lin Yong -, yo no puedo leer en el cielo.&lt;br /&gt;- ¿Cómo que no?&lt;br /&gt;- No, maestro - respondió convencido, pero sin levantar mucho la voz.&lt;br /&gt;- ¿Qué ves allí? - le preguntó el maestro señalando con su mano hacia arriba, en dirección a una algodonosa nube.&lt;br /&gt;- Yo...&lt;br /&gt;- Fíjate bien.&lt;br /&gt;El joven comprendió el juego al que había sido abocado y dijo lo primero que se le ocurrió:&lt;br /&gt;- Un cucurucho de helado.&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;- ¿Un árbol?&lt;br /&gt;El maestro le dio un coscorrón en la cabeza y, enfadado, dijo:&lt;br /&gt;- ¿Es qué no ves que se trata de una flor?&lt;br /&gt;El joven miró hacia la nube, que rápida se desplazaba hacia el oeste, y dijo:&lt;br /&gt;- Una.... rosa.&lt;br /&gt;- ¡Rosa! ¡Pero tú no serás uno de esos cabezas cuadradas!&lt;br /&gt;- ...amapola... ?&lt;br /&gt;- ¡Idiota! - gritó el anciano, propinándole un segundo coscorrón - ¿ No ves acaso que se trata de una GARDENIA?&lt;br /&gt;El joven Lin Yong abrió la boca como un idiota. Si su viejo maestro esperaba que acertará en alguna de sus elucubraciones... pues iba a cansarse de golpear sobre su cabecita.&lt;br /&gt;- ¿Y aquello qué es?&lt;br /&gt;El joven se volvió hacia el norte. La nube que ahora le señalaba estaba tan deshilachada que solo parecía lo que realmente era: una nube.&lt;br /&gt;- No lo sé, maestro.&lt;br /&gt;- Piensa un poco.&lt;br /&gt;Inutilmente, pensó.&lt;br /&gt;- No lo sé, maestro.&lt;br /&gt;- ¡Eres el peor discípulo que he tenido a lo largo de toda mi vida!&lt;br /&gt;El joven, apesarado, bajo la cabeza.&lt;br /&gt;- Lo siento, maestr....&lt;br /&gt;- ¿Es qué no ves la BICICLETA?&lt;br /&gt;El alumno escudríñó con atención la citada bicicleta, pero le fue imposible ver nada.&lt;br /&gt;El maestro, sin embargo, por su mirada, parecía ver hasta la marca de la misma, si tenía pinchada alguna rueda o no, e incluso si el cuadro era de aleación de titanio, de TANTALIO, o hecha con una vulgar caña de bambú.&lt;br /&gt;- Tiene razón, maestro - mintió el joven alumno antes de recibir un nuevo golpe.&lt;br /&gt;El maestro Tsu Min Tsao pareció entonces satisfecho de su enseñanza, sonrió ligeramente, y dijo:&lt;br /&gt;- Es que nosotros, al igual que el muflón, sabemos leer en el cielo.... y de ahí nuestra bella mirada.&lt;br /&gt;- Claro, maestro.&lt;br /&gt;- Y ahora...&lt;br /&gt;- ¿Si, maestro?&lt;br /&gt;- ¿Quieres que te explique el misterio del amor?&lt;br /&gt;El joven Lin Yong se sorprendió por la pregunta. La ceremonia del amor era el misterio mas esperado por cualquier joven . El enigma que resolvía él de la vida misma y que daba lugar a la existencia.&lt;br /&gt;- Claro, maestro - respondió nervioso.&lt;br /&gt;El maestro escuchó entonces el reconocible sonido de un estómago vacío: Qqqqrrrcrhhenchhhhhhhh....solo que esta vez esta vez era el suyo propio, claramente, y dijo:&lt;br /&gt;- Pero bueno.... Ese es un asunto que ya aprenderás a su debido tiempo.&lt;br /&gt;Y ambos, el maestro y su alumno, retornaron hacia el templo después de haber desvelado un misterio originario mas.&lt;br /&gt;................................................................................................................................................................................ &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-114477267434343065?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/114477267434343065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=114477267434343065' title='30 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477267434343065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477267434343065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/04/misterio-originario.html' title='Misterio originario'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>30</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-114477233910066901</id><published>2006-04-11T18:18:00.000+02:00</published><updated>2006-04-25T21:53:34.093+02:00</updated><title type='text'>El lamedor</title><content type='html'>Tiré de la puerta y subí al ascensor. &lt;br /&gt;  - Ah... Hola - dije al ver a mi vecina.&lt;br /&gt;  Esta sonrió sin más.&lt;br /&gt;  - Hace buen día - comenté para romper el hielo.&lt;br /&gt;  - Hace... - murmuró, siseó mas bien, de forma harto lasciva, acariciando sus cabellos como si estuviese en la misma cama.&lt;br /&gt;  Yo la miré sorprendido y me di cuenta de que sus senos me apuntaban sin reparo alguno y por encima, en sus  húmedos labios, se entreabría un erotismo sin límite, descarado.&lt;br /&gt;  Me lancé. Estaba hermosa como nadie sobre la tierra y me olvidé de su estado civil y del mío. Siempre la había deseado y no iba a perder la oportunidad que ahora me brindaba.&lt;br /&gt;  La rodeé con mis brazos y quise besarla. Sin embargo, me lo impidió: Me puso sus afilados dedos sobre la cabeza e hizo fuerza con ellos hacia abajo, suave pero firmemente. Yo, un poco extrañado, obedecí sumiso y me agaché. No me había rechazado, de eso no tenía duda, pero aun no sabía de sus intenciones.&lt;br /&gt;  El ascensor se había detenido. &lt;br /&gt;  Mi vecina subió las faldas hasta la cintura con una mano y con la otra pulso un 9: el último piso, en donde los trasteros.&lt;br /&gt;  - Así, de rodillas - me dijo, con la voz más calenturienta que había oído en toda mi vida.&lt;br /&gt;  Y acabé por arrodillarme, dejando mis ojos a la altura de sus bragas: de un tanga negro incapaz de tapar toda la naturaleza que allí se escondía.&lt;br /&gt;  - Venga - me gritó impaciente.&lt;br /&gt;  Tiré hacia abajo con fuerza y dejé que un vello mas tupido que el amazonas rebosara inédito ante mi atónita mirada.&lt;br /&gt;  - Venga - volvió a gritar.&lt;br /&gt;  Miré hacia arriba, buscando sus ojos, pero los tenía entrecerrados, presos de erotismo. Con una mano se acariciaba los pechos y con la otra, cada vez más firme, me empujaba hacia su abultado coño.&lt;br /&gt;  Cedí sin ceder, pues no era quien de oponer ninguna resistencia, y, empalmado como un burro, clavé mi lengua en la espesura  y empecé a explorar todos los recovecos de aquel tesoro de su feminidad.&lt;br /&gt;  Durante largos minutos, y entre suspiros, me dediqué en cuerpo y alma a lo que ella me había exigido... también ofrecido. Apretando con fuerza sus muslos logré arrancarle unos cuantos orgasmos... Prolongados y efímeros como en el mejor de mis sueños.&lt;br /&gt;  Llegado el momento, llevé la mano a mi bragueta y saqué mi desbocado pene de su prisión. Era hora de ensartarla contra el espejo del ascensor y me levanté decidido, dispuesto a hacerla mía.&lt;br /&gt;  Estaba preciosa. Tenía unos treinta años y era todo curvas. Sólo con ver aquellas facciones de mujer ya se veía lo que se podía esperar... El cielo.&lt;br /&gt;  - Te la voy a meter - dije relinchando como un caballo.&lt;br /&gt;  Ella abrió los ojos de repente. Me miró extrañada como si no me conociera y apurada, muy apurada, se vistió en un instante y salió disparada del ascensor, dejando que su hermosa estela se perdiera escaleras abajo.&lt;br /&gt;  Y yo, el tonto caballo relinchón, me quede allí quieto y sorprendido, con la picha al aire.&lt;br /&gt;  Un vacío muy sonoro se apropio de mí  hasta que noté un escalofrío en mis desinfladas partes y me subí los pantalones.&lt;br /&gt;  Era lo más extraño que me había ocurrido con una mujer desde que se me rompiera el frenillo en una de mis tempranas relaciones de adolescencia  y avergonzado por mi situación de casado, a la vez que enfadado por lo que no había llegado a suceder, pulsé el cuatro y regresé a mi casa.&lt;br /&gt;  - Manda carallo - me dije desde el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  En si mismo, el prestigio es algo intangible; un etéreo  lustre de la personalidad. Sin embargo, para el profesional, para el autónomo que depende del murmullo social, el prestigio es un sinónimo del beneficio, de los céntimos que al final acaban en el fondo de la caja registradora. No obstante, y ya hablo de mi caso en particular, yo no esperaba que tras el encuentro con la vecina mi prestigio de amante fuera a aumentar de forma tan considerable: Entre otras cosas, porque nunca lo había tenido y, sobre todo, porque suponía que aquella fugaz relación en el ascensor había sido un acto íntimo y personal. Ella era una señora, yo un “señor“, y no creo que a ninguno de los dos le interesase hacer públicos los locos traqueteos de mi revoltosa lengua sobre sus partes.&lt;br /&gt;  Nada más lejos de la realidad.&lt;br /&gt; Yo era un poco ledo, confiaba ciegamente en el silencio de la vecina y, después de cruzarme un par de veces con ella y ver que se hacía la despistada, comencé a superar el agradable trauma del ascensor y lo di por finiquitado. Sin embargo, algunas miradas, algunos silencios, y algunos sonidos malintencionados por parte de varias vecinas, me pusieron a temblar como a una hoja en plena ventisca otoñal. &lt;br /&gt;  Pero era imposible. Debía ser mi calenturienta imaginación... &lt;br /&gt;  O no.&lt;br /&gt;  - Hola Adolfo - me saludó mi vecina Laura, una profesora de costura baja y regordeta cuyo atractivo sexual había quedado enfrascado en un tiempo ya pasado.&lt;br /&gt;  - Hola - contesté desconcertado tras subirme al ascensor. Era la primera vez que me dirigía la palabra e incluso su voz me sonaba extraña, como si nunca la hubiera oído.&lt;br /&gt;  - Yo me bajo antes - dije, pulsando mi dedo sobre el cuatro y volviéndole huidizamente la espalda, de golpe.&lt;br /&gt;  - Eres un guarrillo - oí por detrás.&lt;br /&gt;  - ¿Cómo?&lt;br /&gt;  - Guarrillo - volví a oír mientras una vespertina gota de sudor recorría veloz el canal formado por mi columna vertebral.&lt;br /&gt;  Cuarto piso.&lt;br /&gt;  Quise abrir la puerta pero su robusto brazo me lo impidió veloz.&lt;br /&gt;  La miré directamente a los ojos. Una sonrisa burlona recibió mi estupefacción.&lt;br /&gt;  - ¡¿Qué pasa ahora?!  - protesté de la forma más airada que pude.&lt;br /&gt;  - Quiero que me lleves al noveno - me dijo con autoridad, con un tono firme, a la vez normal, y de tranquilidad absoluta.&lt;br /&gt;  - Pero...&lt;br /&gt;  - Igual que María - me cortó.&lt;br /&gt;  - Usted está loca - le dije, tratando de apartar su brazo.&lt;br /&gt;  Con gran habilidad y para mi sorpresa, me asió por los huevos como si estos fueran unos simples perucos de agosto, y , relamiendo cada palabra, me dijo:&lt;br /&gt;  - Vamos para arriba, moreno. &lt;br /&gt;  Y sin más, mientras yo contenía el aliento, conté como se sucedían los pisos hasta llegar al noveno.&lt;br /&gt;  - Váyase a la mierda - le espeté con bravura en cuanto me soltó los dos afligidos genitales.&lt;br /&gt;  - Vente... Hermosón - dijo la pequeña costurera haciendo caso omiso de mis palabras y bajándose rápidamente las bragas.&lt;br /&gt;  La miré con asco, tratando de ridiculizarla lo más posible, pero fue inútil. No era  nada cohibida la señora y mi única escapatoria iba a consistir en una veloz  huida.&lt;br /&gt;  No obstante, pareció adivinar mis intenciones y ,a la vez que me enseñaba los rizos de su chocho, con gran sorna me dijo:&lt;br /&gt;  - Como no me lo chupes.... Mando tu matrimonio al carajo.&lt;br /&gt;  La miré cariacontecido, con mucha pena, pues me estaban coaccionando,  y pensé que ya era hora de despertar, de cortar con esa pesadilla tan absurda.&lt;br /&gt;  Pero allí estaba aquella mujer y.... ¿qué diablos podía hacer?&lt;br /&gt;  ¿Qué debía hacer?&lt;br /&gt;  - ¿Qué hago? - musité para mis adentros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Aun siendo un tipo instintivo de los que se suelen guiar por el primer impulso, debo reconocer que contuve bastante bien la reverberante violencia que bullía bajo mi erizada piel y decidí cortar por lo sano.&lt;br /&gt;  - Haz lo que quieras - le dije a la pequeña costurera, con rabia, dándole a entender algo en lo que no creía: en que no me importaba su amenaza.&lt;br /&gt;  - ¿Cómo dices? - me preguntó insinuante, restregando con fuerza los labios de su sexo.&lt;br /&gt;  La empujé con fuerza hacia un lado y me dispuse a salir del ascensor.&lt;br /&gt;  Entonces... Se derrumbó. La pequeña urraca se desmayó sobre la goma del suelo y su cabeza batió contra una esquina. Las obsoletas gafas que portaba se desencajaron sobre su estirada nariz y la encorvada postura de su espalda hizo que la apretada blusa que llevaba reventara como un globo de aire.&lt;br /&gt;  ¡Madre mía! ¡Qué imagen! Si a alguien se le ocurría abrir la puerta en ese instante y veía semejante escena, el hueco del ascensor no sería lo suficientemente profundo para tirarme de cabeza por él.&lt;br /&gt;  ¿Se había desmayado o estaba fingiendo? ¿Y si estaba muerta? ¿Debía huir...?&lt;br /&gt;  No.&lt;br /&gt;  Estaba claro que era un gilipollas. Eso si: un gilipollas bastante considerado. Por lo que me agaché, comprobé que respiraba, y traté de espabilarla sentándola sobre sus posaderas aun desnudas, apoyando el cogote contra el mamparo del ascensor, y sacudiéndola suavemente hasta conseguir que volviera a este mundo: al de los despiertos.&lt;br /&gt;  - ¿Qué tal señora? - pregunté sin asomo alguno de amabilidad en el tono de mi voz.&lt;br /&gt;  Y se volvió a derrumbar. Pero esta vez no fue sobre el suelo sino sobre sí misma. De sus ojos saltaron infinitas lágrimas y su compungido pecho retembló entre lloros hasta casi desaparecer. Parecía a punto de sufrir una crisis nerviosa y al gilipollas que estaba a su lado no se le ocurrió otra cosa que echarle un brazo por encima y consolarla.&lt;br /&gt;   - ¡Qué vergüenza ! - gritaba como una plañidera.&lt;br /&gt;  - Tranquila señora - ¿Era mi voz?&lt;br /&gt;  - Yo...&lt;br /&gt;  - A veces sufrimos una especie de cortocircuito cerebral y...  No sabemos lo que hacemos.&lt;br /&gt;  - Es que María me lo puso tan claro.&lt;br /&gt;  - Esa zorra - rumié por lo bajo.&lt;br /&gt;  - Debí suponerlo. Una vieja como podía... Como pude pensar en semejante aventura.&lt;br /&gt;  -  No se martirice... Tampoco es tan mayor - ¿Era mi voz?&lt;br /&gt;  Por primera vez me fijé en sus ojillos, aun humedecidos por las lágrimas, y contemplé las perlas más brillantes y más bonitas  de la Tierra. ¿Porqué ocultaba tanta hermosura tras aquellas aparatosas lentes?&lt;br /&gt;  - Lo siento - dijo muy triste, con gran sentimiento.&lt;br /&gt;  Tiré de su mentón hacia arriba...&lt;br /&gt;  Quería ver aquellos ojos. Todas las arrugas desaparecieron.&lt;br /&gt;  - Adolfo - susurró al ver mi atónita mirada.&lt;br /&gt;  - Yo...&lt;br /&gt;  Por supuesto, acabé sucumbiendo ante su irresistible encanto y, como supondréis, de rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras los inicios que todos ya conocéis, con el corre, ve, y dile, vino una época de desenfreno en la que comencé a apreciar la diferencia entre los diferentes tipos de vulva. Mi lengua se convirtió en un órgano casi independiente y pude saborear la plenitud de una mujer en el mejor de los sentidos. &lt;br /&gt;  Si, ya sé que en frío y sin en el juego erótico correspondiente puede parecer un poco fuerte mi labor sexual en el pequeño ascensor  del edificio. Sin embargo, el morbo dichas situaciones superaba con creces cualquier reparo que pudiera tener y, al final, cuando concluía con cualquiera de mis vecinas, el rostro de satisfacción que se dibujaba sobre mis labios era similar al que tenía el día de mi primera comunión.&lt;br /&gt;  Chochos de veinte, de cuarenta... chochos gruesos, rasurados, generosos, recatados.... Clítoris escurridizos, empinados, pétreos.... Suspiros contenidos, explayados, entrecortados, prolongados, agudos....Piernas gruesas, finas, blancuzcas... Rodillas pronunciadas, redondas.... Caderas duras, amplias, escuálidas...&lt;br /&gt;  Todo cuanto estaba pasando me habría parecido inimaginable hacía unas semanas, fuera de toda razón. No obstante, estaba sucediéndome a mí y  no hacía gala ni arresto alguno para parar el aluvión que se me estaba viniendo encima. Estaba claro que me gustaba y mi conciencia respiraba de momento tranquila. Extrañamente tranquila.&lt;br /&gt;  Era el nuevo Cupido de la vecindad y las vecinas de los portales adyacentes no tardaron mucho en venir a comprobar la feroz flecha que nacía de mi garganta. A veces, una en el día; otras dos. Pero hubo jornadas en que sorbí de las mieles de hasta cinco mujeres y el dolor de huevos con el que concluía la jornada era proporcional al tiempo que había estado a punto de reventar, pues... como si fuera un pacto implícito hecho por todas las mujeres, de mojar con la pluma... Nada de nada. Solo había sexo oral, debía conformarme con ello...y bueno, en fin: Adolfo se conformaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cierto día, tras entrar en el portal, vislumbré una sombra en la claridad del ascensor. Estaba parado, con alguien dentro, y eso sólo podía significar una cosa. Silbé placenteramente una canción que ya no recuerdo y dispuse mi mejor sonrisa para responder a la amable espera.&lt;br /&gt;  Era mi mujer.&lt;br /&gt;  Me miró sorprendida y... Caí en la cuenta.&lt;br /&gt;  Recibí semejante ostia que aun es ahora cuando no comprendo de donde sacó la fuerza para plantar tan escocido recuerdo en mi memoria.&lt;br /&gt;  Me cerró la puerta en las narices y desapareció para siempre de mi vida.&lt;br /&gt;  Sin embargo, él que debía de ser uno de los días más grises de mi existencia, un día de lloros ,de flagelos y lamentaciones,  se convirtió en uno mas y aunque fuera señalado,  y no porque yo no quisiera a mi querida Teresa, que si la quería, y mucho, o porque estuviera deseando la libertad para seguir con lo que había empezado. No. La normalidad con que asumí el desenlace de mi matrimonio se correspondió con la cara de sorpresa que puso mi mujer en el ascensor.  Estaba esperando ver otra cara, otro hombre que subiese sus barbas por entre sus piernas y que le lamiese aquel, él que era mi chochito  y, seguramente, alguna vecina que, o no la quería mucho o la quería demasiado, por desgracia.... O gracia... En fin, la había mal informado o informado a medias. &lt;br /&gt;  Y sorpresa, sorpresa.&lt;br /&gt;  No me sentí pues como el chico malo de la película y supe que debía ir buscando una nueva casa, un nuevo piso y... un nuevo ascensor... O similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  El divorcio fue el principio del fin. Mi situación económica empeoró considerablemente y comencé a aceptar alguna ayuda de mis queridas amigas: gran y grave error. Lo que en un principio fue algo desinteresado al cabo de un tiempo hizo que pasara del placer al negocio y acabé por convertirme en un puto: con lo que llegué a ser uno de esos dandys que ofrecen el paraíso en centímetros y desde la foto falsa en los anuncios de contactos del periódico. El dinero regresó a mis bolsillos y, consecuentemente, me creí un profesional del negocio.&lt;br /&gt;  En los primeros días fue todo sobre ruedas. Que más podía pedir si me pagaban a cambio de sexo. Pero más tarde, imbuido por la responsabilidad del oficio, comencé a aceptar cosas que ya no me gustaban tanto y... El cliente pagaba y, claro, podía exigir algún caprichito que se le había ocurrido viendo una película sadomasoquista o tras escuchar un comentario de lo más puerco al bruto de su marido: véanse lluvias doradas o algún que otro juego con las uñas más puntiagudas del mundo.&lt;br /&gt;  No obstante, Adolfo era todo un profesional. Tanto, que después de rodar por la cuesta abajo y ver como la redención de mi alma era del todo imposible, llegué a un punto en el que jamás pensé que estaría:&lt;br /&gt;  - El domingo vienes a mi casa y te presento a mi marido.&lt;br /&gt;  - ¿Cómo? - pregunté sorprendido.&lt;br /&gt;  - Tranquilo amor. Es un angelito y a estas alturas nada de lo que yo hago le sorprende.&lt;br /&gt;  - Pero no estarás pensando en...&lt;br /&gt;  Lucía, que así se llamaba aquella buena dama (hermosa hembra de enormes nalgas aunque carente de pecho), me puso la palma de su mano sobre mis labios y comprendí que se había acabado la discusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  El Domingo acudí a la calle Sartaña, que es una de las zonas ricas de la ciudad, y me dispuse a hacer mi trabajo tal y como habíamos quedado.&lt;br /&gt;  El marido de Lucía me abrió la enorme puerta de madera y cristal de su palacete y con una sonrisa de oreja a oreja me invitó a pasar.&lt;br /&gt;  -¿Quién es, Leopoldo? - dijo Lucía desde algún lugar de la enorme vivienda.&lt;br /&gt;  El viejo (ya pasaba de los sesenta) hizo caso omiso de la pregunta y tras ubicarme en un salón tipo Versalles siglo XVIII me sirvió un brandy e hizo otro tanto para consigo.&lt;br /&gt;  Cuando apareció Lucía estuve a punto de meterme debajo del sillón. Venía en ropa interior, cubierta por finos encajes y la mejor bisutería, y con tanto perfume y maquillaje que parecía la auténtica Mata-hari. Estaba claro que en aquella pareja no funcionaba lo del recato de la intimidad y sólo me quedó apurar el brandy de la copa.&lt;br /&gt;  - ¿Le importa que mire? - me preguntó el viejo.&lt;br /&gt;  Yo, muy incómodo, pensé que si. Sin embargo, respondiendo a lo que me preguntaba, negué con mi cabeza.&lt;br /&gt;  Lucía empezó a juguetear con mi cabello, incluso se atrevió con un baile sacado de alguna historia de las mil y una noches y, cuando los calores empezaron a asomar bajo la suculenta capa de maquillaje de su rostro, decidió que era la hora de saciar todas sus necesidades y me pidió que le arrancara la diminuta braguita que portaba.&lt;br /&gt;  A todo esto, su marido seguía sentado a un par de metros, mirando la escena como si fuera el telediario de las nueve.&lt;br /&gt;  Empecé a relamerle las rodillas y fui subiendo poco a poco, acercándome a su flor, tomándome un tiempo por los alrededores. Rompí con los dientes la seda que envolvía mi objetivo y me zambullí en un chocho que, a pesar de pasar de los cuarenta, poseía un flujo extraordinario.&lt;br /&gt;  Lucía gozó como nunca durante esos largos y ardientes minutos e incluso estiró su brazo para coger la mano de su Leopoldo mientras se corría de gusto.&lt;br /&gt;  Sin embargo, cuando creí que todo había concluido, pues aquella mujer parecía no poder más, y quité mis narices de sus onerosos labios vaginales, me pasé la mano por la boca y me topé con una sorpresa:&lt;br /&gt;  Una polla.&lt;br /&gt;  Si, el viejo se había bajado los pantalones y, preso de una excitación feroz, había colocado su retorcido falo e escasos centímetros de mi rostro.&lt;br /&gt;  - Chúpala, bonito - dijo con la voz cascada.&lt;br /&gt;  Yo, alucinado, miré para su mujer y esta, para mi sorpresa, asintió, animándome a que lo hiciera, a que chupara aquel viejo apéndice masculino.&lt;br /&gt;  ¿Qué...&lt;br /&gt;  Ella era mi mejor cliente y yo era un puto, un puto puto.&lt;br /&gt;  ¿Debía..debía?&lt;br /&gt;  ¿Qué debía hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Abrí la boca y deje que la verga se introdujera.&lt;br /&gt;  - Aprieta bonito.&lt;br /&gt;  Apreté los labios y sentí como discurría la piel de un músculo alargado por entre mi saliva.&lt;br /&gt;  - Así... Así...así...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Un mes después de aquel trabajo yo era un experto... &lt;br /&gt;  Pero empezaba a tener alguna duda sobre mi mismo: &lt;br /&gt;  ¿Quién era yo?¿Quién... era Adolfo?&lt;br /&gt;  ¿La sombra que deambulaba de secreción en secreción, o el dandy del periódico: el sonriente superdotado de las medidas astronómicas?&lt;br /&gt;  ¿Me había liberado de la rutina de mi vida anterior o, al contrario, había perdido la oportunidad de ser persona y de vivir como tal para convertirme en un ser vil y despreciable, esclavo de sus actos?&lt;br /&gt;  Las preguntas sin respuesta azotaban intermitentemente mi conciencia y no pasaba un día sin que retrocediera a mis orígenes, cuando todo estaba claro y discernía sin problema alguno entre lo que estaba bien y lo que no estaba... ¿O me lo parecía...?&lt;br /&gt;  Relativicé el mundo entero y me adapté a los demás, a aquellos que solo exigían de mi un mero acto sexual. Incluso, para no romperme la cabeza, llegue a argüir que el pene era un enorme clítoris con espasmódica sorpresa final y seguí chupando.&lt;br /&gt;  Probé todo tipo de pollas: pequeñas, gruesas, retorcidas para bajo, para arriba... Retorcidas, aguzadas, de luengo prepucio, cualquier color, cualquier edad... Pollas resistentes, muy duras; pollas que se corrían en diez segundos y otras que nunca lo hacía; pollas nerviosas, brutas, suaves y rítmicas, generosas de semen...&lt;br /&gt;  Perdí el norte sobre mi orientación sexual y saboreé un placer que hasta entonces creía denigrante. Bajé braguetas como nadie y el pegajoso aroma de la eyaculación ya no se desprendió de mi aliento ni tras mil refriegas.&lt;br /&gt; Mi lengua recorrió largas millas de henchidos miembros y ni un solo hombre se quejó de mis habilidades.&lt;br /&gt;  Me establecí en un hotel de lujo y dejé de vagar de flor en flor. Había más mariconsón de lo que podía imaginar y me fui haciendo con una clientela sin problemas de dinero: ricos podres que cambiaban quinientos euros por una vulgar corrida... Eso si: sobre mi rostro.&lt;br /&gt;  El trabajo me llegó a parecer fácil. Aunque, surgió un inconveniente en esta etapa de mi vida: las clientes femeninas se fueron retrayendo poco a poco; unas por lo elevado de mi precio, pero la mayoría porque se enteraron de mi nueva faceta en el negocio y no soportaron muy bien que yo fuera un come pollas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Mi faceta de lamedor comenzaba a languidecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Lo que nunca tuve en cuenta hasta entonces es que en todo negocio existe la competencia, y pronto supe de la existencia de otros que, como yo, se dedicaban a suministrar placer y, lo que es peor, que estaban representados por sus amantes, amigos o ,llamémosles por su nombre, por sus macarras.&lt;br /&gt;  Y no fui yo quien se topo con la citada competencia: Estaba demasiado ocupado contando billetes de quinientos y, cuando recibí la visita de Iván ,un fornido búlgaro que solo sonreía a través de su cínica mirada, supuse que era un cliente que necesitaba una rápida evacuación genital.&lt;br /&gt;  - Adolfo - me pregunto tras escrutarme de arriba a bajo.&lt;br /&gt;  - Si - contesté tras abrir la puerta de la habitación de mi hotel.&lt;br /&gt;  Iván ni me estrechó la mano, ni me saludó siquiera. Simplemente, me estampó contra la pared del recibidor y me puso una barbera oxidada en el gaznate. La puerta del pasillo se cerró sola y quedamos ambos en la semi-oscuridad del saloncete.&lt;br /&gt;  Con la mano que tenía libre, Iván me agarró los cojones y empezó a retorcer sádicamente. Si me movía, yo mismo me rajaba contra el filo de la navaja. De mis ojos manaron lágrimas a borbotones y en mis pulmones comenzó a faltar el aliento.&lt;br /&gt;  Los segundos se hicieron interminables y el tipo tardó una eternidad en aflojar.&lt;br /&gt;  - Dame dinero - me dijo cuando soltó mis doloridas partes.&lt;br /&gt;  Caí como un saco de patatas sobre el suelo y, aun doblado sobre mi mismo, le señalé una pequeña caja musical que estaba encima de mi pequeño televisor.&lt;br /&gt;  -¿Para quién trabajas? - preguntó mientras contaba el pequeño pero suculento fajo de billetes.&lt;br /&gt;  Yo, desde el suelo, no respondí. Sabía que la pregunta tenía mucha miga.&lt;br /&gt;  Me pegó una patada en el hígado y, cegado y cagado por el dolor, respondí con una verdad que me llevaba directamente al infierno:&lt;br /&gt;  - No trabajo para nadie - dije entrecortadamente, escupiendo con dolor cada palabra.&lt;br /&gt;  Iván se puso de cuclillas y me tiró de los pelos del cogote hasta dejar mi cara a la altura de la suya.&lt;br /&gt;  - Desde ahora trabajas para mí.&lt;br /&gt;  - ...    - quise balbucir algo, aterrorizado, pero sin poder decir ni ay.&lt;br /&gt;  - ¡Ahora! - me gritó el energúmeno, a un palmo de mi rostro, invitándome así a que me levantara y  me dispusiera a.. A eso: a trabajar para él.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;  Cuando se marchó y me recuperé de la paliza, intenté escapar de la nueva situación, huir de mi nuevo mentor, y cambié de hotel y de zona ese mismo día. Sin embargo, la organización a la que pertenecía el amigo Iván era de largo recorrido y, al cabo de tres o cuatro días de haberme establecido en el hotel Princesas, recibí una nueva paliza y un solo aviso: el último, me dijo.&lt;br /&gt;  Así, de la independencia solaz de la que hacía gala los primeros días de mi vida de lamedor, pasé a compartir hasta el último céntimo del trabajo. Recibí además una nueva remesa de clientes que, gentilmente, me envió mi mecenas búlgaro y, en vez de ser un prostituto liberal, fui un esclavo sexual con trabajos a destajo.&lt;br /&gt;  - A trabajar - me decía Iván cada vez que venía por lo suyo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-114477233910066901?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/114477233910066901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=114477233910066901' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477233910066901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477233910066901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/04/el-lamedor.html' title='El lamedor'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-114477199659261688</id><published>2006-04-11T18:10:00.000+02:00</published><updated>2006-04-25T21:54:42.096+02:00</updated><title type='text'>Desde su orilla</title><content type='html'>Las risas se fueron desvaneciendo poco a poco, perdiéndose con el transcurrir del tiempo, convirtiendo su alegre estar en un simple eco sin apenas resonancia. La adolescencia vivida llenó su cajón en mi recuerdo y me convertí en una mujer, de pies a cabeza. Todo había pasado tan de prisa y con tanta intensidad que con solo pensar en lo ya vivido acababa, sin remedio, estremeciéndome. El despertar de la vida fue más brusco de lo esperado y mis tempranos sentimientos de mocedad resultaron... contradictorios.&lt;br /&gt;  La vida no encajó sobre mi. Nada fue tal y como me lo habían contado y las historias fueron sólo eso: cuentos edulcorados por alegres leyendas de fantasía en las que el amor era una viga maestra que todo lo aguantaba.&lt;br /&gt;  Y yo, aquella pobre e inocente niña, que creía firmemente en la idea mitológica de la vida, quise descubrir las maravillas y los placeres de la misma cuando de mi cuerpo brotaron los mil sonidos reverberantes que en forma de voz a gritos me pedían una caricia, una llamada continua de mi renaciente sexo que me convirtió en lo que aun soy: en una atractiva hembra repleta de su propio ser.&lt;br /&gt;  La neutralidad de la niñez se desprendió de su inmaculada áurea y las curvas de mi cuerpo, el calor de mi piel, y las querencias reflejadas en la mirada, solo fueron el principal disfraz de mi despertar pues... el hambre femenina que llevaba dentro se ocupó de lo demás: de descubrir el mundo tal y como era.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Nunca quise... odiar. Sin embargo, me fue imposible contener los rencores que fui acumulando durante estos años.&lt;br /&gt;  Salvo ciertas catástrofes, considero que el hombre es el único responsable de los despropósitos de la vida y, en mi caso particular, de la quiebra de mis esperanzas. Como mujer, fui defraudada una y otra vez por ellos y ni la consideración mas caritativa los haría acreedores de mi perdón. El instinto masculino es carroñero de por sí y convierte a las presas más débiles en sus objetivos u objetos preferidos. Cambiar la voluntad de la mujer y convencerla de su amor verdadero, ablandar su corazón, y luego, cuando la felicidad debía ser el único premio, ya que no hay barreras entre los dos...  manipularla psicológica y sexualmente, por completo.&lt;br /&gt;  La amabilidad del principio, las dulces y melosas palabras que se pegan en la boca, tan cariñosas ellas, dan paso a los caprichos, a los gestos desaprensivos del silencio y el desprecio, y el suave terciopelo de las caricias es cada vez más esporádico. Al final, cuando la confianza se muda en una total desatención, hasta el acto sexual se convierte en un mero trámite de su tan necesitada eyaculación.&lt;br /&gt;  Abrir entonces el alma es sinónimo de cerrar todas las puertas del cielo...&lt;br /&gt; .Ningún hombre me ha hecho feliz después de entregarle mi ser, y solo en los prolegómenos, cuando mide todos sus actos y me mira como a una mujer, atisbo un destello de lo que ya se que será inalcanzable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cuando tenía dieciséis años y la mayoría de mis amigas hablaban ya sin reparos de los chicos y de sus dotes masculinas, me di cuenta de que era objeto de muchas miradas y comencé a explotar tan voluptuosa curiosidad.&lt;br /&gt;  Las ropas que vestía por entonces dejaban adivinar mas que enseñaban y sobre mi rostro, y gracias al maquillaje, definí los rasgos en los que consideré acentuar mi belleza.&lt;br /&gt;  Muchos fueron los chicos que comenzaron a arrimarse a mi orilla, como si yo fuera otra persona, como si anteriormente ni siquiera hubiera existido, y dispuse de muchas oportunidades. Sin embargo, mis compañeros no despertaron mis deseos y me fijé en aquellos a quien la edad había madurado.&lt;br /&gt;  La serenidad que yo necesitaba  la encontré dibujada sobre unos ojos negros y profundos y, poco a poco, dejando que la mirada de dichos ojos se clavara más a menudo sobre mí, dejé que Manuel, el padre de mi mejor amiga, pasara de la amabilidad al coqueteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Yo era menor de edad. No obstante, y a pesar de tan importante detalle, debo decir que fui quien llevó la iniciativa. Manuel, el padre de Carla, trató de esquivar mis insinuaciones durante un tiempo, y solo cierto día, que estaba contento demás, accedió a charlar de tu a tu conmigo y, consecuentemente, a intimidar sobre ciertos asuntos personales que lo abocaron hacia su lado más lascivo. Junto a la barra de un bar, el roce suave de mis manos dio paso a una mirada penetrante y, finalmente, nuestros labios se prendieron en el oscuro refugio de un callejón. Seguidamente, se ofreció para acercarme hasta mi casa en su coche, un amplio mono-volumen muy acogedor, y a mitad de camino, al tiempo en que mi mano se posó sobre su rodilla, detuvo la marcha del vehículo y se echó sobre mi.&lt;br /&gt;  Sinceramente, debo decir que esa primera experiencia sexual fue muy agradable, para nada traumática. Se portó con un tacto exquisito y todos cuantos miedos podía tener sobre ese día tan importante se atenuaron gracias a su experiencia sexual. Estoy segura que de haber ocurrido con cualquier compañero o amigo, la pérdida de mi virginidad habría sido de modo más rudo e instintivo, peor sin duda.&lt;br /&gt;  Lo único malo de esa noche vino después, cuando comencé a vestirme: Manuel rompió a llorar como un crío, a balbucear entrecortadas palabras sobre lo mucho que quería a su esposa y a sus hijos, y los remordimientos lo hundieron después de haberse corrido encima de mi; por lo que acabé consolándolo en silencio, dejando su cabeza sobre mi regazo y entreverando sus cabellos con la yema de mis dedos. La alegría de hacía unos minutos invirtió su estado y el momento más esperado de mi vida paso a ser una especie de funeral de lo que, según él, no debía haber ocurrido.&lt;br /&gt;  Sin embargo... Cuento: puro teatro tratando de descargar su lastre sobre mí.&lt;br /&gt;  Tras aquel final tan triste pensé que mi historia con Manuel había durado lo justo y necesario para abrirme los ojos. &lt;br /&gt; Supuse que se había arrepentido y, consecuentemente, no me extrañó que durante los siguientes días me evitara e incluso, cierto día, ni siquiera me saludara: Supongo que el verme al lado de su hija lo turbaba bastante.&lt;br /&gt;  Sin embargo, la personalidad masculina depende por completo de sus propios instintos y, a los quince días, detuvo el mono-volumen a mi altura, cuando yo venía de jugar un partido de voleibol, y me invitó a que subiera. Y sólo ver sus ojos ya supe lo que quería.&lt;br /&gt;  Y subí. Y todo cambió. De la dulzura del primer encuentro pasé a ser un objeto al servicio de las necesidades sexuales de aquel hombre y, como si se creyera mi maestro, pasó a mostrarme todo aquello que seguramente no se atrevía a hacer con su mujer: felaciones continuas, eyaculaciones sobre mi cara, coito anal, y jueguecitos con una cantidad de artilugios sacados de un inmenso catálogo sin fondo...&lt;br /&gt;  Dobló por completo mi voluntad y entre los dos sólo importó la suya. No había relación de pareja... era él solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Dos. Dos fueron los años en que fui la presa del padre de mi mejor amiga. Y aunque a veces me sentía bastante ahogada con la relación e incluso pensaba en descubrir lo nuestro a los ojos de Carla y de su madre, aguanté estoicamente durante todo ese tiempo y cuando cumplí los dieciocho años, como por arte de magia, y como si Manuel fuese mi progenitor en vez de mi amante, decidí independizarme y rompí con él. Me resultó más sencillo de lo que esperaba, pues no había sentimiento alguno entre los dos y, a la semana de haberle dicho que no lo quería ver más, lo ocurrido ya me parecía algo tan lejano, un suceso incluso ajeno, que miré esperanzada hacia delante y me dispuse a comer la porción de tarta del mundo que me correspondía. Sin embargo, reincorporarme a la vida juvenil fue una labor bastante complicada: Había perdido el contacto con los de mi edad y en cuanto intentaba abrirme camino en una pandilla siempre había alguien dispuesto a tratarme como a una intrusa; razón por la que siempre acababa retraída de mi empeño. Incluso Carla, como contagiada por un impulso familiar, comenzó a alejarse de mi y no tarde mucho en ver que estaba completamente sola. Tenía quizás demasiada prisa por ser yo misma y no me daba cuenta de la paciencia necesaria para cultivar una amistad; por lo cual, acabé siendo víctima de una depresión nerviosa y empecé a beber a solas.&lt;br /&gt;  Al principio, la ginebra, el ron, o el whisky, eran como tonificantes que me relajaban, ayudándome incluso con los pesados quehaceres de todos los días. Pero, tras pasar las semanas, dicha ayuda acabó embotando mis ganas de salir y, mientras había mercancía en el mueble bar de mi casa, me encerraba en el nido familiar y hacía de mi habitación un castillo.&lt;br /&gt;  Convencí a mis padres de la necesidad de comprar un ordenador y, amparada en unas falsas e inusitadas ganas de estudiar, empecé a navegar por los océanos de internet con el único propósito de comunicar mi maravillosa forma de ser. Tenía claro de que en mi ciudad nadie me comprendía y decidí utilizar aquel medio de la electrónica para saltar cualquier distancia que me atara al brusco carácter de quienes me habían rechazado. Solo tenía que entonarme un poco, decorar mi mente con la mejor sonrisa, y meterme en un chat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Al principio fue como descubrir un nuevo mundo. Yo era la princesa encantada y en cualquier chat de los que entraba mi nombre era bombardeado con cientos de saludos y preguntas. La mayoría de los usuarios eran del género masculino y yo me convertí en una preciada presa.... pugna de grandilocuentes disputas. La amabilidad de algunos rozaba casi el absurdo, con bellas y hermosas palabras sacadas de un averno literario que siempre me daban la razón dijera lo que dijera; mientras otros, cuyas intenciones eran mas claras, entraban como el elefante de la cacharrería y, ocultos tras el antifaz de la red, intentaban desnudarme al primer soplo. Con todo, yo me divertía una barbaridad, pues el licor también hacía lo suyo, y logré crear un círculo de amigos en torno a mi nick que me mantenía ocupada durante las largas noches de invierno. No me faltaba la conversación; éstas llegaban hasta donde yo quería, y aquellos cinco o seis compañeros con los que charlaba estaban a mi total disposición. Sin embargo... es verdad.... me faltaba algo: las intimidades que había mostrado se habían topado con el límite del propio medio y, desde la soledad de mi habitación, mi alma romántica pedía más. Las fotos, las voces,  y las palabras que había recibido me habían abierto aun mas el apetito de cariño y, en esto, apareció Ricardo, que por entonces corría por Mgest 27, y que, casualmente vivía en la ciudad de al lado.&lt;br /&gt;  Mgest 27 era un revolucionario: Su tema favorito era el de la política y sus palabras iban casi siempre dirigidas contra el sistema. No había partido político ni dirigente de tal que lo convenciera con su discurso y, el día en que el país llego a una cita electoral (creo que fueron unas municipales) y se enteró de mis simpatías políticas por boca de un compañero, empezó a atacarme sin descanso.&lt;br /&gt;  Al principio no le hacía mucho caso a Mgest 27, pensando que ya se cansaría; pero con el paso del tiempo, y viendo que el día de urnas se iba acercando, decidí cortar por lo sano. &lt;br /&gt;  YO: Cada uno vota lo que le da la gana.&lt;br /&gt;  MGEST 27: Desde luego. Pero reconoce que tu voto y él de los demás incide directamente en mi vida.&lt;br /&gt;  YO: Es el juego de la democracia.&lt;br /&gt;  MGEST 27: Y el juego incluye el proselitismo de la presión popular y de los medios y la manipulación demagógica del propio sistema.&lt;br /&gt;  YO: Yo estoy satisfecha con el sistema.&lt;br /&gt;  MGEST 27: Nadie puede estar satisfecho con un sistema tan poco igualitario, que desprecia a los débiles y favorece siempre a los más poderosos. Los dueños legales de la violencia se convierten así en verdugos de los miserables....&lt;br /&gt;  Y ásí continuamente; como si yo fuese la responsable política del partido al que iba votar y como si mi papeleta fuera a cambiar el rumbo de la humanidad. Mgest intentaba hacerme sentir culpable y yo, que por mi edad estrenaba titularidad como ciudadana, defendía mi independencia igual que a mi vida. Al fin y al cabo, yo era la princesa encantada y ningún resabido con nombre ramplón torcería mi decisión. Por mis ovarios que no. Como así fue: Yo voté lo que tenía pensado desde el principio pero, y sin embargo, debo confesar que lo único que me vino a la cabeza cuando vi como mi papeleta se posaba entre las demás fue... Mgest 27. Aquel día vencí, pero el resultado de los comicios fue lo de menos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Un teclado, un monitor, el ratón.&lt;br /&gt;  Un vaso, la botella, el licor.&lt;br /&gt;  Él: MGEST 27, Ricardo, y yo... Todo junto, todo revuelto: la mezcla explosiva que me convirtió en lo que ahora soy....&lt;br /&gt;  ¿Culpable o culpables?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   MGEST 27 pasó de ser un divertimento, el feroz rival en el etéreo mundo del chat, a ser toda una obsesión. La sola aparición de las cinco letras y los dos números que ocultaban su verdadero nombre alteraban el latir de mi corazón. Era capaz de pasarme horas y horas esperando su llegada, calmando la espera bajo el caluroso abrigo del alcohol. Así, si un día MGEST 27 no aparecía, perdía por completo el hilo que retenía mis nervios y acababa insultando a todos y a todas en el chat. Me volvía ruin y miserable y el coro de amiguetes que antes me adoraba se silenciaba a mi alrededor.&lt;br /&gt;  - Perdón - acababa diciendo, apesarada por tal conducta -. No volverá a suceder.&lt;br /&gt;  Pero la hilarante situación se repetía y sólo él, MGEST 27, era capaz de templar semejantes escenas. Mi dependencia fue casi total y enfermiza y, boquiabierta, llorando o riendo delante del ordenador, pase a ser un mero apéndice de mi misma, con muy poca personalidad.&lt;br /&gt;  Intenté acapararlo por completo para mi, conversando de todo durante las incontables y largas horas de los mil privados que abrimos, rogándole siempre que no se fuera, que no me dejara sola, y llegué  incluso a vigilarlo para que no departiera demasiado con los demás cuando estábamos en la sala del chat, celosa de que cualquiera arrebatara mi protagonismo y metiéndome por en medio cuando lo creía necesario.&lt;br /&gt;  Aunque, en esta relación tan poco saludable, no era solo yo la parte desquiciada: MGEST 27 era un individuo muy inteligente, afinado hasta el límite tanto en sus apreciaciones como en la comprensión de las mías, y empezó a jugar con mis sentimientos. De sobras sabía que yo estaba entregada a él en cuerpo y alma y me tentó poco a poco hacia su juego, con mucho tacto, descargándose de pequeñas y medidas dosis de afecto.  Mis querencias por él superaban ya el ámbito natural del chat y quise saber mas de quien tantos ardores me provocaba.&lt;br /&gt;  -¿Cómo te llamas?&lt;br /&gt;  - ¿Por...&lt;br /&gt;  - Porfi.&lt;br /&gt;  Silencio.&lt;br /&gt;  - ricardo - escribió en minúsculas, después de un largo minuto de espera y como si fuese el alumbramiento de un ser extraordinario.&lt;br /&gt;  Ricardo, me dije a mi misma, hundiendo su pronunciación entre los tesoros mas preciados de mi alma. ¿Qué otro nombre podía tener.... verdad ? Ricardo.&lt;br /&gt;  Y así me sucedió con cualquier detalle sobre su verdadera vida, revelado a cuentagotas  hacia mi ansiada curiosidad:&lt;br /&gt;  ...que todas las tardes le gustaba dar una vuelta por el paseo marítimo... pues era cuando yo salía a caminar, fijándome en todos los transeúntes, en aquellos que mas se asemejaban a la preconcebida imagen que yo tenía de él, y deseando quedar prendida de alguna maravillosa mirada... la suya.&lt;br /&gt;  ... que tenía una cita en el ambulatorio de la seguridad social... pues era el momento adecuado para solicitar una revisión médica anual y de paso echar una ojeada por las salas de espera... tan abarrotadas.&lt;br /&gt;  ... que acababa de comprar un boxer...  me desplazaba por los parques y las plazas públicas de la ciudad buscando un pequeño cachorro de can y a su dueño.&lt;br /&gt;  Pero era un busqueda infructuosa, difícil. Ricardo se decía tímido, con muy poca decisión, y se servía de evasivas para escudarse de mis preguntas más directas. &lt;br /&gt;  Con sinceridad, y cansada de juegos y adivinanzas, un día le confesé el afecto que le procesaba y él me devolvió el sentido discurso en forma de poemas y de amables dedicatorias, palabras huecas a las que yo, ridículamente, trataba de dar un sentido; al igual que cuando le envíe mi álbum personal y le pedí una foto y  él me mandó una caricatura borrosa, que bien podía ser de cualquier animal e incluso cosa y él se cobijó bajo la disculpa de su viejo ordenador. Por lo que, ante tal cúmulo de despropósitos, desesperada, le dije que quería verlo, que ya no aguantaba más, que deseaba hablar cara a cara de una vez, a lo que Ricardo, enfadado como nunca había vislumbrado en sus letras, respondió con un rimbombante y estudiado correo en el que me amenazaba con cortar con lo nuestro si seguía apurándolo, que era un hombre que necesitaba de tiempo y no de mujeres apremiantes...&lt;br /&gt;  ... y yo le di la razón: Estaba siendo una mujer demasiado apremiante... o eso creí, o quise creer, ya que no quería perderlo por nada del mundo: por nada... absolutamente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Así, chateando y emborrachándome a solas, discurrió un largo invierno en el que yo me abrí a MGEST 27 por completo, con toda mi alma, y él, como si no fuera humano, se aprestó a envolverme de palabras y de más palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Sin embargo, la calma y el carácter parsimonioso que me exigía Ricardo se mudó en una gran urgencia durante la noche de un viernes y tuve que cambiar la marcha de mi velocidad otra vez. Quería verme cuanto antes. Ahora tenía prisa. Me comentó que ya no podía aguantar más y me daba toda la razón en cuanto a la necesidad de un contacto personal.&lt;br /&gt;  - ¿Cuándo?&lt;br /&gt;  - Mañana - respondió MGEST 27 - ¿Puede ser...&lt;br /&gt;  Mi corazón dio un brinco y, apurada, escribí:&lt;br /&gt;  - Claro que puede.&lt;br /&gt;  - ¿Conoces el Bagdad Café?&lt;br /&gt;  - No.&lt;br /&gt;  - ¿La travesía de...&lt;br /&gt;  Me explicó en donde encontrarnos y arguyó que ambos deberíamos llevar algo identificativo con lo que reconocernos.&lt;br /&gt;  - Pero tu ya sabes como soy - le repliqué acordándome de la multitud de fotos que le había enviado.&lt;br /&gt;  - Cierto, pero podemos seguir jugando.&lt;br /&gt;  - Claro.&lt;br /&gt;  Comentamos e ideamos varias maneras para revelarnos por primera vez, desechando por ridículas la mayoría, y nos quedamos quizás con la más estúpida: A las cinco en punto de la tarde Ricardo me llamaría con su teléfono móvil y yo, naturalmente, tras dejarlo sonar unos segundos, lo descolgaría.&lt;br /&gt;  - ¿Vale?&lt;br /&gt;  - Vale.&lt;br /&gt;  - Hasta mañana guapa.&lt;br /&gt;  - Hasta mañana corazón.&lt;br /&gt;  Y el gozo y la dicha revertieron por encima de mi propio ser y suspiré varias y alocadas y prolongadas veces. Recuerdo que estaba tan contenta, tan ilusionada, que esa noche incluso me olvidé de la obligada dosis de tequila o ron y me fui a la cama con una gran sonrisa plasmada sobre mi rostro. Aquello que sentía se llamaba felicidad y ningún erudito sabelotodo podría hacer cambiar o dudar siquiera del significado de tal acepción.&lt;br /&gt;  Ese sábado me preparé para la ocasión; es decir, tardé varias horas en decidirme, acudí a la peluquería y, finalmente, vestí mis diecinueve añitos con el modelo más caro que mis bolsillos se pudieron permitir.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Cuando entré en la vieja cafetería Bagdag ya supuse que él me estaba viendo. Apenas había media docena de clientes y yo, si hubiera querido, habría podido estudiarlos a todos con una rápida mirada. Sin embargo, por continuar con el juego, entré a ciegas, buscando únicamente una mesa en donde sentarme, y pedí una manzanilla para redomar los nervios que atenazaban mi estómago.&lt;br /&gt;  Miré el reloj, vi que pasaban un par de minutos de la hora señalada, revolví el azúcar en el agua caliente, y sonó el alegre tono de mi teléfono móvil.&lt;br /&gt;  - ¿Si?&lt;br /&gt;  - ¿Ya me has reconocido?&lt;br /&gt;  Levanté mi vista. Examiné uno por uno a todos los clientes de la cafetería, esperando ver a alguno con el teléfono apoyado en la oreja, y dije:&lt;br /&gt;  - No. Aquí no estás.&lt;br /&gt;  - ¿Seguro?&lt;br /&gt;  Noté que un escalofrío recorría vértebra a vértebra el cauce de mi espalda y al llegar la helada presencia de este junto a la nuca supe que su mirada se había clavado justamente allí, donde también nacía mi sorpresa, en la base de mis pensamientos. Me volví de inmediato y lo vi por primera vez: Me acababa de servir una manzanilla y ni siquiera me había fijado en la espléndida sonrisa que ahora lucía.&lt;br /&gt;  - Ricardo - creo que dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  De ojos saltones, rubio como un rayo de sol, y con una cintura de avispa que apretaba un nervioso cuerpo, no se me parecía en nada a la imagen que de él me había dibujado en mis ensoñaciones de todos los días. Era guapo, atractivo, y joven; es verdad, pero en esos breves instantes, me fue imposible acoplarlo sobre su nombre.&lt;br /&gt;  - Ricardo.&lt;br /&gt;  - Hola - dijo sin perder la sonrisa, agachándose junto a mi, y besando educadamente mi mejilla.&lt;br /&gt;  - Yo...&lt;br /&gt;  - Si - me interrumpió -. Soy uno de los dueños de este local y estoy esperando a mi socio, por Arturo, que me sustituirá dentro de unos minutos... ¿Diste bien con el sitio?&lt;br /&gt;  - Si. Un taxi me acercó hasta la esquina.&lt;br /&gt;  - Oye... Estás muy guapa.&lt;br /&gt;  Me sonrojé.&lt;br /&gt;  - De verdad. Muy guapa.&lt;br /&gt;  - Gracias - dije bajando la mirada.&lt;br /&gt;  De pronto, apareció un hombre, de su misma edad quizás, veinticinco, veintiseis años, me ojeó de arriba abajo, y a continuación se dirigió a Ricardo:&lt;br /&gt;  - ¿Así qué de marcha?&lt;br /&gt;  - Claro... Arturo, te presento a... Clara.&lt;br /&gt;  Dudó. Ricardo había dudado un instante para decir mi nombre y eso me dolió un poco.&lt;br /&gt;  - Encantado - dijo Arturo, estrechando mi mano y clavando sus profundos ojos negros en los míos.&lt;br /&gt;  - Lo mismo digo.&lt;br /&gt;  Tardó una décima de segundo demás en desprender su mano de la mía y fue entonces cuando caí en la cuenta del juego o el engaño que allí se estaba produciendo.&lt;br /&gt;  Fue una sensación, ni revelación ni otra cosa por el estilo. Sólo una sensación. Supe a ciencia cierta que estaba siendo vendida, que Ricardo era Arturo y Arturo....Ricardo... Y quise huir, escapar de allí en ese mismo instante.&lt;br /&gt;  - ¿A donde vas? - me retuvo la recia mano de Ricardo... de MGEST 27.&lt;br /&gt;  Volví a sentarme. Me estaba haciendo daño en la muñeca y empecé a tiritar de pánico.&lt;br /&gt;  Solo quedaba un cliente en una oscura esquina del local y parecía dormitar con la cabeza echada sobre la mesa.&lt;br /&gt;  - Quiero irme - logré balbucear.&lt;br /&gt;  - ¿No quieres un chupito? - me preguntó MGEST 27 con un sarcasmo tal como nunca se me habían dirigido antes.&lt;br /&gt;  - No - gemí. Seguía apretándome la muñeca y su rubio compañero sonreía divertido, mostrándome una dentadura que hasta hacía unos segundos me parecía atractiva.&lt;br /&gt;  - Cierra la puerta y trae una botella de vodka - le ordenó MGEST 27 a su compañero.&lt;br /&gt;  - ¿Y Peixoeiro? - dijo el rubio señalando a quien dormía en la esquina.&lt;br /&gt;  - Ese no se entera de nada. Lleva desde primera hora encañando y ya traía una buena moña.&lt;br /&gt;  - Déjame - supliqué yo entre el dolor.&lt;br /&gt;  Sin embargo, sin soltarme, MGEST 27 se sentó a mi lado, me refregó los pechos prosaicamente, y retiró un mechón que me caía sobre la frente para ver todo mi rostro.&lt;br /&gt;  - ¿Porqué te voy a dejar? ¿No era esto lo que buscabas? Una agradable fiesta... conocer la punta de mi polla... y amor.... un amor hasta darte por el culo...?&lt;br /&gt;  - Por favor. Quiero irme - lloré.&lt;br /&gt;  - Ponla ahí Turito - le dijo sobre la botella a su compañero -. Y busca en la cadena una poca música para encandilar a esta zorra.&lt;br /&gt;  La situación se estaba poniendo demasiado seria. No parecían nada nerviosos con los actos que estaban llevando a cabo, como si no fuera la primera vez, y la siniestra seguridad con la que parecían revolverse me hizo sospechar lo peor.&lt;br /&gt;  - Primero te iba a follar él - siguió hablando MGEST 27 -. Te llevaría a dar un paseo y, con la disculpa de cambiarse la ropa de trabajo, subirías a su casa y caerías como fruta madura en nuestro tiesto. Además, si me apetecía, hoy mismo, después de que bebieras un poco, yo mismo os haría una visita por la noche y como eres una hermosa hembra bien aguantarías de dos rabos... Eso, si me apetecía... Sino ya amañaríamos entre los tres....¿Verdad?&lt;br /&gt;  "Pero - prosiguió con una mueca de burla -, también eres muy zorra y te has puesto muy piripipí al descubrir el bonito juego que te teníamos preparado... el bonito juego de los nombres.... ¡Como en el chat! ¡Como en el chat, princesa! ¡Como en el chat, reina!"&lt;br /&gt;  Llenó de vodka un vaso grande de tubo y me lo puso en la mano.&lt;br /&gt;  - Anda, tomátelo... ¡Hummm, que rico!&lt;br /&gt;  Su compañero se bajó como en un tiro los pantalones y se puso a botar muy contento delante de mi.&lt;br /&gt;  - ¿Quieres coger el pajarito? ¿Quieres el pajarito? - decía el rubio apretando el bulto de sus calzoncillos.&lt;br /&gt;  Cerré los ojos, pues aquello no podía estar sucediendo, apreté con fuerza los dientes, y me puse a gritar con todas las fuerzas del mundo. Ipso facto, recibí un guantazo en la cara y perdí la noción de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cuando desperté, yacía desnuda sobre el suelo. A mi lado, los dos hombres dormían abrazados, también desnudos y con la satisfacción dibujada sobre sus relajados rostros. Me habían violado mientras estaba sin sentido y por mi cuerpo dolorido descubrí numerosos rasguños y cardenales que avalaban la violencia del acto.&lt;br /&gt;  Oí un ruido, me volví asustada hacia él, y vi al borracho que antes dormitaba sobre la mesa de la esquina. Solo que ahora estaba depie, relamiéndose los labios, mirándome asquerosamente, y meneando su pene de modo apurado.&lt;br /&gt;  Iba a gritar. Era lo que más deseaba hacer. Pero, un innato sentido de la supervivencia impidió que lo hiciera. Los dos individuos que me habían violado podían despertar de su letargo y yo, por supuesto, no quería que eso sucediese.&lt;br /&gt;  Me levanté muy despacio. El borracho acabó su trabajo, se subíó la cremallera del pantalón, se echó ligeramente hacia atrás y, ante mi confusión, recogió apurado la ropa que me habían quitado y me la ofreció extendiendo sus sucias manos.&lt;br /&gt;  Me vestí en silencio, sin perder de vista al borracho, olvidándome de la ropa interior, y me dirigí veloz hacia la puerta.&lt;br /&gt;  - Niña - me dijo entonces aquel el borracho al pasar por su lado.&lt;br /&gt;  Lo miré temerosa. Lo único que yo quería era salir de allí cuanto antes.&lt;br /&gt;  - ¿Te han pagado? - me preguntó con gran seriedad.&lt;br /&gt;  Abrí los ojos como nunca. El tipo suponía que yo era una puta que había satisfecho las insanas necesidades de aquellos dos individuos.&lt;br /&gt;  Me detuve.&lt;br /&gt;  - Esos perros... Esos perros me han violado - le susurré entre el mar de lágrimas que de repente descendió veloz por mis mejillas.&lt;br /&gt;  El hombre me miró con tristeza, bajó su mirada a la altura de las gastadas baldosas del suelo, donde yacían los dos y, finalmente, dijo:&lt;br /&gt;  - Entonces tienen que pagar.&lt;br /&gt;  Sacó una navaja del bolsillo, se agachó junto al rubio, le tapó la boca con la palma de su mano izquierda y con el afilado metal le rajó la garganta de un lado a otro, hasta oir su último y mudo estertor.&lt;br /&gt;  El borracho alzó lentamente su figura, mirando satisfecho el resultado de su trabajo, me miró de reojo, abrió su mano y me ofreció la navaja, manchada esta de la roja sangre de quien ya no vivía.&lt;br /&gt;  - Toma - me dijo.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Y tomé. Cogí la navaja y la hundí en el corazón del sorprendido cuerpo de MGEST 27.&lt;br /&gt;   Hasta el fondo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-114477199659261688?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/114477199659261688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=114477199659261688' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477199659261688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114477199659261688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/04/desde-su-orilla.html' title='Desde su orilla'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-25777888.post-114465941801458836</id><published>2006-04-10T10:54:00.000+02:00</published><updated>2007-12-08T11:49:48.023+01:00</updated><title type='text'>Un polvo difícil</title><content type='html'>Era como una obsesión enfermiza. Todo lo relacionado con ella se sobredimensionaba hasta elevarla en el trono más alto. Sus gestos, su pose, su voz: Todo me parecía maravilloso y no comprendía como aquella mujer no estaba desempeñando un trabajo mejor, pues era mi compañera y no merecía mi misma labor. ¿Es qué acaso nadie se daba cuenta de su enorme valía?&lt;br /&gt;  No podía mirarla de frente: Me derretía como un flan y luego pasaba el resto de la mañana pensando en si se habría dado cuenta de mi gran nerviosismo. Ponía las palabras en el sitio exacto, como si el castellano fuera un puzzle de piezas de uso exclusivo que resonaba en mis oídos como la gloria del cielo. &lt;br /&gt;  A su lado, ninguna mujer podía denominarse como tal; solo ella cubría por completo la acepción de la palabra. Las demás, podían darse por satisfechas con admirarla y, sobre todo, por aprender y contagiarse de su estilo.&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;  Elena estaba casada con un gilipollas. Si. No tenía otra forma para denominar a quien fuera tocado con tan grande suerte. Yo estaba seguro de que aquel tarugo era incapaz de hacerla feliz y uno de mis deseos más enfermizos era en que le tocara en suerte algún buen leñazo en la carretera, o un infarto de miocardio, o algo parecido, y que mi querida compañera enviudara de vez: Yo estaría dispuesto a consolarla, arroparla... Y casarme con ella y hacerme cargo de sus dos niñas... Y lo que hiciera falta... sería la mayor suerte del mundo.&lt;br /&gt;  En mis sueños más oníricos, me veía a su lado, compartiendo toda su vida, sus cosas y su aliento. Con solo pensar en que podía subirle la falda un par de centímetros, ya me corría sin remisión, llorando desconsolado al darme cuenta de cuan solitaria eran las masturbaciones en las que ella era la protagonista.&lt;br /&gt;   Mi obsesión llegaba al extremo que no había Audi rojo al que no mirara la matrícula cuando paseaba por la calle; pues podía ser ella con sus gafas de sol, su melena al viento... y yo me ponía rígido como una tabla: igual que cuando iba por su barrio y pensaba que me iba a ver desde su ventana, o cuando el ascensor del trabajo se retrasaba desde las plantas superiores y...podía llegar ella y compartir su aroma conmigo y.... Yo tenía un feroz miedo al ridículo... y supongo que ella no pensaba en mi para nada o solo suponía que era un poco tonto, pues, al fin y al cabo, ¿quién era él que aquí lo cuenta a su lado, al lado de ella?&lt;br /&gt;   Daba entonces el amor por imposible y trataba de desechar el sentimiento no correspondido... Era inútil que siguiera haciéndome ilusiones.&lt;br /&gt;   Y así desde hacía tres largos años, algo más, en que ella aterrizó en mi ofician, hasta que en una cena de empresa....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Todos los años, en ciertas fechas, y como la mayoría de las empresas, se celebra una cena en un restaurante o similar y las dos únicas premisas son las de pagar al contado después del café e ir solo, sin tu compañía habitual: y eso vale tanto para los casados, como para los arrimados, como para los libertino-sexuales. En el caso de mis compañeros, en las ocasiones en que se arrejuntaron matrimonios y o demás parejas, se había echado en falta la chispa habitual y solo con recordar la cortesía y los buenos modales allí vividos, a mas de uno se le podía indigestar la comida varios días antes de haberla probado siquiera.&lt;br /&gt;  En esa fecha, era una despedida de vacaciones. El que más o el que menos tenía los petates de viaje preparados y sólo había que bautizar el merecido descanso estival con los buenos deseos de los compañeros y amigos.&lt;br /&gt;  La cena era a las once en punto, yo mismo había buscado el local, y esta nimiedad, este último detalle, me había puesto un pelín nervioso. Si... ya se que el responsable o responsables del fracaso o el éxito de la velada no era yo ni dependía en su totalidad de mi, pero me sentía un poco como si fuera un auténtico anfitrión de festejos y, para calmarme, empecé demasiado pronto con la cervecita. Así, cuando llegó la hora de la cena tenía la camisa más arrugada que una uva pasa y, sin ser fumador, llevaba una pequeña faria de Gijón prendida de los labios.&lt;br /&gt;  - Por ahí - farfullé junto a la barra del bar, indicando el fondo de un pasillo que nos llevaría hasta el comedor.&lt;br /&gt;  - ¡Cómo te brillan los ojos Manolín! - me dijo Cecilia, la graciosilla de siempre, tirándome de los mofletes.&lt;br /&gt;  Haciéndome el serio, conté cuantos éramos: Cuarenta y uno conmigo.&lt;br /&gt;  - ¡ Qué puntualidad! Ya estamos todos - dije.&lt;br /&gt;  - Para comer siempre hay prisa - apuntó alguno mientras entrábamos en el comedor.&lt;br /&gt;  El salón era amplio y había además otro par de cenas en plena acción gustativa: Una de enfermeras del Hospital Público y otra de la liga de aficionados, amateurs, o de futboleros que ya visten canas.&lt;br /&gt;  Aun con tal amplitud, el ambiente ya estaba cargado, espeso, y fuimos recibidos con una sonora pita que nos hizo levantar alegremente los brazos, tal si fueramos estrellas de la NBA en campo ajeno.&lt;br /&gt;  - ¿Dejaríais algo no? - le dije a una rubicunda enfermera que había estado especialmente escandalosa.&lt;br /&gt;  - Para ti las sobras pelo de paja - respondió divertida.&lt;br /&gt;  Relamí los labios lascivamente, tal y como una ramera buscando clientes en su callejón, y recibí en la cara el golpe de una escuchimizada pinza de nécora. La carcajadas fueron épicas y yo emprendí una acelerada huida hacia nuestra mesa.&lt;br /&gt;  Esperé de pie a que todos mis compañeros se sentaran y busqué un sitio lo más alejado posible de Elena. No quería que se me cortase el ligero puntillo que llevaba encima y, con el miedo al ridículo que ella me provocaba, seguro que así sería.&lt;br /&gt;  La suerte (la buena o la mala) hizo que quedara colocado entre Higinio y Merce, dos auténticos abrevaderos vivientes del buen beber, y ya estábamos saboreando el dulce y aromático albariño antes de que colocaran la primera fuente de cigalas.&lt;br /&gt;  La que me esperaba... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Estaban acabando de servir el primer plato cuando me atreví a fijarme en ella por primera vez: Estaba radiante, espléndida, había alisado la melena para la ocasión y un pequeño pedrusco colgaba de su precioso cuello. Su busto, principesco, acababa sobre un vestido negro y ajustado que dejaba ver  los hombros al completo; sus manos eran las extremidades mas finas y delicadas que vi en mujer alguna y con un vaivén gracil y melódico acompañaban la conversación que mantenía en ese momento. Estaba situada en el extremo opuesto de la mesa y mi mirada quedo prendida sobre ella entre las copas, las botellas, y las fuentes de la comida.&lt;br /&gt;  - ¿... tienes huevos a hacerlo? - oí que me decían Higinio y después Merce.&lt;br /&gt;  Había perdido el hilo de la conversación pero, naturalmente, respondí que si; que me sobraban huevos.&lt;br /&gt;  - Pues venga - me animó Merce.&lt;br /&gt;  - Pero...¡qué? - respondí airado ante el empujón que me propino Higinio desde su silla.&lt;br /&gt;  - Hazte el despistado, hazte.&lt;br /&gt;  Me senté correctamente y mis dos compañeros pusieron la indignación sobre sus morros.&lt;br /&gt;  - ¿... ? - me encogí de hombros, aun no sabía de que iban.&lt;br /&gt;  Merce puso su airado índice enfrente de mis narices y, amenazante, siseó:&lt;br /&gt;  - O bailas esa cancioncilla tal y como lo hiciste el año pasado en el Tropezón o hago que el jefe te descuente todas las quedadas.&lt;br /&gt;  Tragué saliva. Mis quedadas, tal y como denominaba ella a mis llegadas tarde al trabajo, podían significar tranquilamente sobre seiscientos euros. La otra opción.... Y me acordé del antro nocturno que llamaban el Tropezón y de mi baile a ritmo de Zorba el griego a primeras horas ya de la mañana. Miré a mi alrededor:&lt;br /&gt; ¿Había llegado ya la hora de los escandalosos?&lt;br /&gt;  - Pero...&lt;br /&gt;  -No hay pero que valga. Ya sabes que ahora llevo las nóminas.&lt;br /&gt;  De sobras sabían que no hacía falta amenazarme.... aunque, en esta ocasión estaba Elena y... ¿que iba a pensar de mí? ¿qué que tonterías hacía el tonto cuando se emborrachaba!&lt;br /&gt;  - Esperar un poco - dije divertido.&lt;br /&gt;  - No - dijeron mis dos compañeros al unísono.&lt;br /&gt;  Higinio le dió un toque al camarero (siempre hay un camarero amigo) y empezó a sonar la melodía....&lt;br /&gt;  Me acordé entonces de mi teoría particular; esa que me decía que para ver una figura geométrica desde la misma hay que observarla desde una de las aristas. Teoría que me aplicaba a todos los asuntos de la vida; tanto cuando tenía un problema, tanteando dichos problemas incluso desde el lado equivocado, como con las conversaciones con los amigos, llevando mis opiniones al punto más extremo... Una forma de ver la vida que solía traerme más problemas que ventajas pero que consideraba enriquecedora desde el punto de vista intelectual.&lt;br /&gt;  Lo mismo me sucedía en las fiestas: Cuando notaba cierta relajación festiva entre quienes me acompañaban, se me aparecía un angelito con cuernos muy cerca de la mejilla y me decía (ordenaba mas bien):&lt;br /&gt;  - A hacer el payaso.&lt;br /&gt;  - ¿Cómo? - preguntaba por preguntar a mi lado sensato, pero ya sabía la respuesta.&lt;br /&gt;  - A montar el número del idiota.&lt;br /&gt;  Y yo solía obedecer. Eso sí , ayudado por mister Alcohol y sus efervescencias. Y, la verdad es que me encantaba.&lt;br /&gt;  Y ese día no iba a ser menos.&lt;br /&gt;  Así, sin llamar mucho la atención me acerqué hasta la única mesa libre del local y me subí encima de ella. La música de Zorba el griego, lenta y melodiosa al principio, apenas lograba apagar el murmullo y el ajetreo formado por las tres cenas. &lt;br /&gt;  Una de las enfermeras se dio cuenta de mi lento balanceo sobre el mantel y me señalo divertida a sus compañeras de mesa.&lt;br /&gt;  - ¿Bailando la jota "pelo de paja"? - me gritó la lanzadora de pinzas de nécora.&lt;br /&gt;  El volumen de la música se elevó de repente y el ritmo se hizo más rápido. Mis brazos colocados al principio en jarras fingieron abrazar entonces a unos cuantos amigos griegos y las palmas, con la paradiña típica a la que invitaba la melodía, comenzaron a sonar con alegría entre el público. Incluso los mas glotones se olvidaron del rodaballo que estaban bendiciendo y se volvieron hacia mí.&lt;br /&gt;  - ¡Venga Manolín!&lt;br /&gt;  Y yo, entusiasmado, cegado por mi enorme sonrisa, meneaba el cuerpo cada vez mas rápido, de forma vertiginosa.&lt;br /&gt;  - ¡Venga!&lt;br /&gt;  Había roto a sudar como un descosido y unos enormes lamparones adornaban los sobacos de lo que quedaba de mi camisa nueva.&lt;br /&gt;  Así, en el momento cumbre, cuando mi éxito estaba asegurado incluso entre los camareros del local, y la noche estaba prendida de mi frenética figura, me acordé otra vez de la consabida teoría de la arista y decidí aplicarla en su límite máximo: es decir, al límite físico; por lo que llevé el traqueteó de mis pies hasta el borde de la mesa  y... &lt;br /&gt;   ....perdí el equilibrio y me pegué una ostia digna de ser descrita por un sismógrafo.&lt;br /&gt;  - OOhhhhhhhhhhhh........ &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cuando desperté, estaba recostado en el asiento trasero de un coche y la inercia de las curvas me hacía balancear contra los costados del coche. Una música suave y relajada sonaba muy bajita desde los altavoces de la bandeja del maletero y un olor a perfume, perfume femenino, inundaba el ambiente.&lt;br /&gt;  -... y si se nos muere... - oí a lo lejos, como si quien hablara estuviera a cien metros de distancia.&lt;br /&gt;  - ... le iremos al entierro - resolvía otra voz, con desdén.&lt;br /&gt;  - Pudimos haber llamado una ambulancia - decía de nuevo la voz más preocupada.&lt;br /&gt;  - Y perderme esta oportunidad.&lt;br /&gt;  Silencio. Solo sonaba el ruido del motor, muy bajo, y la música, muy baja también.&lt;br /&gt;  - Sáltatelo - ordenaba la voz más arisca y autoritaria.&lt;br /&gt;  - ¿Y exponerme a una multa?&lt;br /&gt;  - Tranquila mujer. Llevamos la disculpa ahí atrás.&lt;br /&gt;  Me fijé por entre los respaldos de los dos asientos delanteros y a la derecha, en el asiento del copiloto, vi un par de piernas realmente hermosas .... que podían ser de... Pero no, aquellas piernas no eran las de Elena.&lt;br /&gt;  De repente, se me desentaponaron los oídos y el mundanal ruido inundó las cavernas de los mismos.&lt;br /&gt;  - ¿Voy por ahí? - preguntó quien conducía con toda la voz y la claridad del mundo.&lt;br /&gt;  Si. Esa era la voz de Ella. &lt;br /&gt;  Mi corazón despertó de su letargo y bombeó la sangre con más brío por entre las costillas.&lt;br /&gt;  - Si - respondió la otra voz, la voz autoritaria y que ahora si reconocí: Era Mayte (¡vaya piernas! La verdad es que nunca me había fijado), la jefa de personal, el coco de la oficina.&lt;br /&gt;  - En cuanto dejemos el paquete te vienes para mi casa - añadió -. El zoquete de mi marido está de viaje....ya no se si por Lisboa o por Porto... es igual.&lt;br /&gt;  - ¿Y los niños? - preguntó Elena.&lt;br /&gt;  - Con mis padres.&lt;br /&gt;  Vaya - pensé compungido -. Esto me empieza a oler a tortilla.&lt;br /&gt;  - Será idiota este Manolo - dijo Mayte.&lt;br /&gt;  - Pues a mi no me cae tan mal...&lt;br /&gt;  Ufff, suspiré por dentro.&lt;br /&gt;  - ... aunque tampoco lo conozco de nada... quizá tengas razón - añadió Elena, y a modo de estocada.&lt;br /&gt;  - No te pierdes nada. Si está soltero será por algo. Yo creo que no hay dios que lo aguante.&lt;br /&gt;  - A lo mejor es...&lt;br /&gt;  No vi los gestos que concluían la frase, pero la aseveración que implicaba el silencio, aun sin tener nada en contra de los gays, me dolió en lo más profundo. Estaba convencido de poseer una cierta fama de don Juan allende incluso de mi propio ambiente y el que las dos mujeres más atractivas de la oficina dudasen de mi virilidad masculina me hizo dudar de mi propia existencia.&lt;br /&gt;  - En fin - dijo Mayte -. Gracias a él nos escapamos de la cena, y ahora tenemos todo el tiempo para nosotras.&lt;br /&gt;  - Si - asintió Elena, soltando la palanca de marchas y colocando su mano sobre la rodilla de nuestra jefa de personal.&lt;br /&gt;  Mis ojos se abrieron como platos, el brío del corazón perdió fuelle y, sin saber porqué, si fue a causa de lo que estaba viendo o por pura casualidad, se me revolvió la cerveza y el albariño que llevaba dentro y vomité lo que quedaba de media docena de cigalas a la plancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  - Mierda.&lt;br /&gt;  Nunca había comprendido tan bien y de forma tan resumida lo que significaba cometer un sacrilegio. Aquella palabra tan inculta en boca de Elena me convirtió en un blasfemo y  a su coche en un gran templo sagrado.&lt;br /&gt;  - Perdón... - pude decir, con la voz ahogada y con un acento de lo más bobalicon.&lt;br /&gt;  El Audi en el que viajaba frenó su carrera y ambas mujeres se volvieron hacia mi con cara de desagrado.&lt;br /&gt;  - Lo siento... - musité de nuevo.&lt;br /&gt;  Las dos se cruzaron una mirada durante unas décimas de segundo y Mayte se hizo finalmente con la iniciativa:&lt;br /&gt;  - Abajo - ordenó.&lt;br /&gt;  - Pero...&lt;br /&gt;  - Ni pero ni ostias - me replicó al instante, apretando los dientes -. A pasear la mona por ahí.&lt;br /&gt;  Me incorporé y me senté correctamente. Tomé aliento y miré a través de la ventana, a la oscura noche. Al ver unos viejos edificios de la obra social del movimiento comprendí que estaba en el extrarradio de la ciudad. Palpé luego los bolsillos de la cazadora... la camisa... y comprendí que había perdido el teléfono móvil.&lt;br /&gt;  Me hice a la idea de lo que tendría que andar si me bajaba del coche y dije:&lt;br /&gt;  - No.&lt;br /&gt;  - ¿¡Cómo!?&lt;br /&gt;  - Qué no - repetí, de forma mofletuda y limpiándome después los labios -. No me bajo.&lt;br /&gt;  Silencio.&lt;br /&gt;  - Esto... - dije al cabo de un rato - Podéis acercarme hasta el centro.&lt;br /&gt;  Elena, finalmente, hizo el amago de encender el coche, pero su compañera la detuvo.&lt;br /&gt;  - ¿Quién cojones te crees que eres? - me dijo Mayte volviéndose hacia mi, mirándome de frente.&lt;br /&gt;  Me encogí de hombros. Ni sabía la respuesta y, si la supiera, ante tanto desprecio, me la callaría.&lt;br /&gt;  - Elena - dije pues -. Para en la primera gasolinera que veas y ya te limpiare todo esto -. Miré hacia bajo tratando de ver los deshechos de mi estómago, pero la oscuridad me lo impidió.&lt;br /&gt;  - Sal del coche - insistió la pelotuda.&lt;br /&gt;  - Elena ... - supliqué, viendo el silencio de quien conducía.&lt;br /&gt;  La autoridad de su compañera no debía de hacerla dudar demasiado y yo, que comprendí que quizás la estaba metiendo en un compromiso, eché la mano sobre la manilla de la puerta y me dispuse para la caminata, olvidándome incluso de pedirles que llamaran por un taxi.&lt;br /&gt;  Sin embargo, y para mi sorpresa, Elena levantó su gracil mano y, mirándome por el retrovisor, dijo:&lt;br /&gt;  - ¿Estás bien?&lt;br /&gt;  - Si - contesté.&lt;br /&gt;  - Durante el número de baile que montaste en la cena te caíste de espaldas sobre el suelo, te quedaste sin sentido, y ahora te llevábamos para Urgencias.&lt;br /&gt;  - Comprendo.&lt;br /&gt;  - ¿De verdad que te encuentras bien?&lt;br /&gt;  Que atención, pensé.&lt;br /&gt;  - Si - y añadí considerado - : Gracias Elena.&lt;br /&gt;  - ¿ A donde te llevo?&lt;br /&gt;  - A...&lt;br /&gt;  No pude concluir la frase. Mayte, cuya acentuada respiración había ido en aumento mientras Elena se interesaba por mi salud, se quitó el cinturón de seguridad en un acceso de rabia, se bajó del coche abatiendo la puerta con todas sus fuerzas, y con su apretado vestido de noche y con los elevados tacones que calzaban sus zapatos echó a andar por entre la oscuridad y sobre la derruida acera de ese viejo barrio.&lt;br /&gt;  Elena, extrañamente tranquila, la contempló en silencio mientras se alejaba.&lt;br /&gt;  Impaciente, esperé a que hiciera algo; arrancara el coche y tratara de alcanzarla... O cuando menos, que bajara la ventanilla y que le rogara a Mayte que volviera. El lugar, digamos, no era el más adecuado para que una señora paseara solitaria a esas horas de la noche y, sin embargo, a su compañera, no parecía importarle demasiado.&lt;br /&gt;  - Vamos a por ella - dije finalmente.&lt;br /&gt;  - ¿Porqué?&lt;br /&gt;  No podía ver el rostro de Elena. Sin embargo, el tono de su voz, el extraño tono de su voz, me hizo comprender que estaba disfrutando.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  No entendía la situación: Mayte ya había sido absorbida por la oscura noche y su compañera permanecía inalterada e impertérrita ante el acontecimiento.&lt;br /&gt;  - Voy a por ella - dije entonces.&lt;br /&gt;  - Espera - me detuvo Elena.&lt;br /&gt;  - ¿Qué?&lt;br /&gt;  - Ya hace tiempo que nos conocemos... ¿verdad?&lt;br /&gt;  - Si - asentí extrañado, confuso por su nuevo tono acaramelado y cariñoso.&lt;br /&gt;  - Veras... Manolo... Tengo un problema.&lt;br /&gt;  - ¿...?&lt;br /&gt;  - ¿Estarías dispuesto a ayudarme?&lt;br /&gt;  - Claro - respondí como un idiota, sin preocuparme de cual sería el problema.&lt;br /&gt;  Apagó el equipo de música, dejó de mirar por el retrovisor, y volvió su rostro angelical hacia atrás, hacia mi, sonriendo levemente.&lt;br /&gt;  - Eres cojonudo.&lt;br /&gt;  - ¿ Y...&lt;br /&gt;  - Atractivo... muy divertido.&lt;br /&gt;  Estaba coqueteando; engatusándome y, sin gran dificultad, convenciéndome de que tenía una oportunidad.&lt;br /&gt;  - Tu si que eres guapa - dije entre babas, sintiendo un despertar entre las piernas y olvidándome por completo de Mayte.&lt;br /&gt;   Me acarició entonces la mejilla con tal suavidad y dulzura que no pude menos que pensar en que por fin había alcanzado la gloria. Me convertí por un instante en una antorcha humana presa del mayor alumbramiento y ella, mi diosa y mi reina, el único objeto la vida.&lt;br /&gt;  Me abalancé hacia delante para besarla pero ella me detuvo cuando ya casi sentía sus labios.&lt;br /&gt;  Elena se puso a gimotear.&lt;br /&gt;  - ¿Qué te pasa ? - le pregunté.&lt;br /&gt;  - Estoy metida en un lío.&lt;br /&gt;  Se me encogió el corazón. No podía verla sufrir.&lt;br /&gt;  - ¿Qué lío?&lt;br /&gt;  - Necesito que te deshagas de los planos originales de la turbina del reactor chino.&lt;br /&gt;  Me quedé frito. Esperaba cualquier cosa menos eso.&lt;br /&gt;  - ¿Sabes que yo fui la encargada por Mitsubishi de pasar las pulgadas al sistema métrico?&lt;br /&gt;  Asentí. La dichosa conversión de medidas ocupaba el ochenta por ciento del trabajo de la oficina.&lt;br /&gt;  - Pues bien - continuó Elena -. Han surgido problemas con la caldera principal del reactor y quieren cargar el muerto en el origen, en los planos que recibieron de nosotros.&lt;br /&gt;  - ¿Con razón? - pregunté.&lt;br /&gt;  Elena, con pesar, bajó la cabeza.&lt;br /&gt;  - Mierda - dije, sin pesar ni un momento en lo zopenca que era y tratando de disculparla -. Eso nos pasa por trabajar con los chinos. En cualquier otro país se habrían dado cuenta del error en el banco de pruebas... Pero ahí nada... ¡Tienen prisa!&lt;br /&gt;   - Te necesito - dijo.&lt;br /&gt;  La cagada era monumental, pensé. Paralizar la construcción de un reactor nuclear por culpa de una turbina defectuosa eran palabras mayores. Mi empresa lo pagaría caro, muy caro: El director echaría más de una cagadita con la noticia y, finalmente, el perito o la perita que había realizado el trabajo de conversión podía dar por finiquitado su puesto.&lt;br /&gt;  - Pero... ¿para qué quieres los originales?&lt;br /&gt;  - Para destruirlos - me respondió Elena, tajante.&lt;br /&gt;  - Pero todo el mundo sabe que tu llevaste ese trabajo... Es inútil que intentes ocultarlo.&lt;br /&gt;  - Si, pero si intentan ponerme de patitas en la calle necesitan esos originales... Un juez nunca avalará un despido sin esos papeles.&lt;br /&gt;  Quise silbar, pero me salio un poco de aire. Mi admirada doncella era toda una señora pécora.&lt;br /&gt;  Señalé hacia el fondal, por donde se había alejado Mayte, y dije:&lt;br /&gt;  - ¿Entonces ella...&lt;br /&gt;  - Si - respondió Elena -. Ella tiene las llaves de la oficina del director y, además, es una de las tres personas que conoce la combinación de la caja.&lt;br /&gt;  Me bajé del coche. Necesitaba estirar las piernas.&lt;br /&gt;  La noche no estaba saliedo tal y como había esperado.&lt;br /&gt;  Elena también se bajó.&lt;br /&gt;  - Ayúdame Manolo - suplicó.&lt;br /&gt;  - ¿Estabas dispuesta a acostarte con Mayte para conseguir la combinación?&lt;br /&gt;  Se pegó a mi cuerpo, enfundándome como si fuera una cortina a la que el viento empujaba sobre mí, y, al oído, me musito:&lt;br /&gt;  - Estaba... Pero tu.. &lt;br /&gt;  Y me mordió el lóbulo de la oreja con tal arte que alteró por completo la nula defensa de mi líbido.&lt;br /&gt;  La besé. La besé con ganas. Era lo que más deseaba desde el día en que me fijé en ella y no iba a desperdiciar esa ocasión.&lt;br /&gt;  - Ayúdame.&lt;br /&gt;  ¿Cómo no iba ayudarla? Era imposible negarme. Su fuerza era muy superior a mi propia conciencia y me ofrecía mucho más de lo que me proponía cualquier resquemor (nada prudentes, por cierto).&lt;br /&gt;  -¿Cómo? - pregunté al fin.&lt;br /&gt;  Tensó su rostro al instante, sus labios se contrajeron hasta convertir el rictus de su boca en una fría linea de hielo, y dijo:&lt;br /&gt;  - Inflar de coca a esa estúpida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Dos horas más tarde, y estaba enfrente de la casa de Mayte. Elena se hallaba dentro, con ella, y no quería ni imaginarme lo que podía estar pasando entre las paredes del pequeño chalet. No obstante, era imposible abstraerme del todo y algún que otro pensamiento me trasladaba la imagen de dos mujeres desnudas en pleno acto amoroso. Aunque, extrañamente, en dicho abrazo lesbico, no era capaz de retratar el rostro de Elena, como si ya solo me perteneciera a mi.&lt;br /&gt;  Cuando por fin se abrió la puerta y vi a Elena, vestida con una larga y abrigosa bata verde, salí de detrás de un exhuberante rododendro y fui a su encuentro.&lt;br /&gt;  Nos metimos dentro, en el recibidor, y me dio un maravilloso regalo con su húmeda boca en forma de beso. Después, cuando se separó de mi, recobré el aliento y atisbé nervioso un ambiente cargado de olores, revestido por la psicodelia de un sonido extraño y lujurioso, música étnica quizás, que provenía de una de las puertas que pude ver desde donde estaba.&lt;br /&gt;  Quise saber de lo que había sucedido entre Mayte y Elena, pero esta última, al ver que me dirigía hacia el salón, me detuvo.&lt;br /&gt;  - Pero...&lt;br /&gt;  - Déjala, está durmiendo la mona.&lt;br /&gt;  - ¿Y las llaves de la oficina? - pregunté, intranquilo.&lt;br /&gt;  Sacó de uno de los bolsillos de la bata un manojo de llaves y dijo:&lt;br /&gt;  - Esta - y señaló una Tesa: una llave de seguridad -, es la del director. Esta otra - dijo sobre una más pequeña -, es muy importante... y desactiva las cámaras de seguridad.&lt;br /&gt;  Me dio otro beso, más apasionado aun si cabe, y continuó:&lt;br /&gt;  - La caja es la principal; ya sabes cual te digo: la que está detrás del cuadro del presidente, y la combinación está escrita en este papel.&lt;br /&gt;  Me pasó el papelito, lo guardé en la cartera, y cuando me dirigía hacia la salida, dispuesto a hacer el trabajo, me volví y le pedí que me dejara su coche.&lt;br /&gt;  Elena dudó: se lo pensó durante un segundo y dijo:&lt;br /&gt;  - Espera.&lt;br /&gt;  Desapareció en el interior de la casa y tres o cuatro minutos después regresó apurada.&lt;br /&gt;  - Toma - dijo dándome la tarjeta de un Renault -. Llévate el de Mayte. Ahora mismo no le hace falta.&lt;br /&gt;  Cogí la tarjeta y salí de la casa, hacia el garaje. Sin embargo, tuve suerte y encontré el Scenic fuera de su madriguera, dispuesto ya en la dirección de la calle. Encendí el diesel al primer intento y tres o cuatro kilómetros después lo aparqué en la parte trasera del edificio en el que yo trabajaba..&lt;br /&gt;  Eran casi las tres de la madrugada y todos mis compañeros debían disfrutar en esos momentos del punto más álgido de la fiesta.&lt;br /&gt;  Con mi pase personal abrí la puerta de la entrada. Me dirigí hacia el panel de alarmas y desactivé cualquier chivato cojonero que pudiera molestarme; ya fuera el anti-incendios o, más arriba, en la zona de seguridad, las anti-robo. En otro panel, oculto en un pequeño cuartucho situado en el mismo pasillo, desconecté las cámaras de vigilancia y me hice con la cinta que había grabado mi entrada en el edificio.&lt;br /&gt;  El resto del trabajo fue de una rotunda sencillez e incluso tuve la paciencia necesaria para hojear entre los papeles de la caja fuerte cual iba a ser mi ocupación y mi trabajo durante los próximos meses: El ajuste del diseño de una reductora para un ferry británico.&lt;br /&gt;  - Vaya por dios - musité para mis adentros, aburrido ya antes incluso de empezar con dicha tarea.&lt;br /&gt;   Tras comprobar que no había nadie por los alrededores del edificio, salí a la calle con los planos debajo del brazo y me dirigí al trote hacia el Renault Scenic. &lt;br /&gt;   Aun estaba colcándome sobre el asiento cuando las luces de un coche me deslumbraron por completo y tuve que colocar el envés de la mano sobre los ojos.&lt;br /&gt;  Era un Audi rojo.&lt;br /&gt;  - ¿Los tienes? - me preguntó Elena, tras colocarse a mi altura y después de bajar la ventanilla.&lt;br /&gt;  Asentí.&lt;br /&gt;  - Dámelos - dijo -. Yo me encargo de destruirlos.&lt;br /&gt;  Y le pasé el manojo de papeles.&lt;br /&gt;  Exhultante, Elena me guiño un ojo. Estaba muy contenta.&lt;br /&gt;  - ¿Y el coche de Mayte?  - pregunté.&lt;br /&gt;  No me respondió. Estaba hojeando los planos.&lt;br /&gt;  - Eh... - la avisé, urgiendo a que me respondiera.&lt;br /&gt;  Se volvió hacia mi, sonrió de nuevo, y, provocadora, muy provocadora, dijo:&lt;br /&gt;  - ¿A qué no soy un polvo fácil?&lt;br /&gt;  - ....&lt;br /&gt;  - Llévale el coche - me ordenó entonces - .Ya iré por ti dentro de un momento.&lt;br /&gt;  Y tan idiotizado estaba con esa mujer que ni siquiera me paré a pensar para que diantres había venido hasta junto mía. Así, regresé a casa de Mayte, aparqué el coche donde lo había cogido y cuando ya me iba hacia la acera en donde debía esperar a Elena me picó la curiosidad sobre lo que había pasado dentro y, tras encontrar la puerta abierta, me deslicé por el interior del chalecito.&lt;br /&gt;  Lo que encontré por culpa del curioso picor fue tan anodino que tardé un buen rato en acercarme junto a Mayte y comprobar si respiraba. Nervioso, traté de atisbar si latía su pulso, noté el frío del cuerpo desnudo de mi jefa,y tropecé con una mesa de cristal sobre la que había canutillos de cartón y algunos restos de cocaína. Busqué como un loco un teléfono con la intención de llamar al 061 de emergencias pero...&lt;br /&gt;  No hizo falta. Una pareja de la policía entró a saco aun no se por donde y, cuando quise abrir la boca, recibí un golpe en la cabeza que me dejó sin sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  Pocas veces en la vida se mezclan los sueños con la realidad. Muy pocas. Sin embargo, sucedió en esa memorable ocasión y el fin de mis anhelos se sobrepasó por completo.&lt;br /&gt;  Ella estaba allí, encima de mi, cabalgando sobre mi polla, y mi mente, omnibulada a todos los efectos, tiritaba de puro placer. Los dos éramos uno solo y ella, mi amor y mi reina, gozaba hasta absorverme, diluirme... alienarme por completo en sus calenturientas carnes.&lt;br /&gt;  El miedo y la impaciencia que se había instalado sobre mi persona al saber que ella me iba a visitar eclosionó en un brutal abrazo de cariño cuando la vi atravesar aquella puerta y, después, desnudos y en medio del más placentero coito que vivió hombre alguno, sonreía como un crío y dejaba que una solitaria lágrima rodara satisfecha por la mejilla abajo.&lt;br /&gt;  Era feliz.&lt;br /&gt;  Un único y solitario orgasmo compartido refulgió sobre nuestros cuerpos en el culmen de nuestro agónico encuentro y despacio, muy despacio, nos separamos y quedamos tendidos el uno junto del otro, agarrados de la mano y con la vista perdida sobre el desconchado blanco del techo.&lt;br /&gt;  Los pulmones, ajetreados por el derroche, reponían su aliento a la par que unas finas gotas de sudor perlaban nuestros torsos y los latidos del corazón acabaron por acompasarse al ritmo habitual del reposo. Por fin, por primera vez, me atreví a hablar:&lt;br /&gt;  - ¿Porqué llamaste a la policía?&lt;br /&gt;  Elena se revolvió inquieta y miró en su derredor, ojeando por completo la aseptica habitación.&lt;br /&gt;  - Tranquila - le dije -. Esto está limpio de micrófonos.&lt;br /&gt;  Se acurrucó entonces a mi lado y, al oído, me dijo:&lt;br /&gt;  - Yo no lo hice.&lt;br /&gt;  Mentía. O al menos eso supuse. No tenía forma de comprobarlo.&lt;br /&gt;  - Sabes - continué -. Los iraníes van muy avanzados con su central nuclear.&lt;br /&gt;  - .... Ah !&lt;br /&gt; - ¿Cuánto te pagaron por los planos de la turbina "defectuosos"? - le pregunté remarcando irónicamente la última palabra.&lt;br /&gt;  - Por la secuencia completa... dos millones y medio de francos suizos - me respondió, esta vez sí, abiertamente.&lt;br /&gt;  - ¿Y Mayte? ¿Había necesidad de acabar con ella?&lt;br /&gt;  - Fue un desgraciado accidente - dijo sin mucha convicción.&lt;br /&gt;  - El forense que la examinó no pensaba lo mismo - le repliqué.&lt;br /&gt;  Se hizo un silencio: muy corto; aunque sí lo suficientemente largo como para que me entrara un cierto pánico al pensar que Elena podía irse de mi lado. Sin embargo, no se movió, y dijo:&lt;br /&gt;  - Gracias por no citar mi nombre durante el juicio.&lt;br /&gt;  Abrí la boca.. y la cerré. Iba a decirle que si no la había implicado era porque no había ningún tipo de prueba en contra de ella y a mi, el imbécil que acababa de metérsela, lo habían cogido en casa ajena,  junto al muerto, y con una cinta de video en el bolsillo que evidenciaba el movil del robo y... del crimen. Solo con la confesión podía rebajar la pena, y eso fue lo que hice: confesar su delito en mi nombre.&lt;br /&gt;  - Gracias - insistió.&lt;br /&gt;  Me las guardé, y dije:&lt;br /&gt;  - A pesar de que no contabas conmigo al principio de la noche, y que incluso tuviste que improvisar, te salió todo perfecto... Aun mejor si cabe.&lt;br /&gt;  - No te creas - dijo con gracia -. Tuve que limpiar yo misma los restos de tu cena.&lt;br /&gt;  Sonreí. Me era imposible catalogarla: Fría...no, no era nada fría; distante....bueno.... ¡me estaba comiendo la oreja!; inteligente... si, muy inteligente, y guapa, y....&lt;br /&gt;  - ¡Jefa de personal! - exclamé de repente , tras atar un último cabo no se donde, y como si descubriera un nuevo continente.&lt;br /&gt;  - Por supuesto, Manolo - respondió Elena erguiéndose en toda su altura, plena, empezando a vestirse.&lt;br /&gt;  La contemplé embobado, tal cual fuera ella fuera una aparición divina y, cabizbajo y muy triste, le pregunté:&lt;br /&gt;  - ¿Vas a volver a visitarme?&lt;br /&gt;  Me abordó como una loba a su presa, tirándo de mi cabellera sin compasión, y me dio un apasionado beso al que me abandoné entre temblores.&lt;br /&gt;  Luego, como había llegado, se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Sin embargo, regresó otra vez, y otra, y otra. Cada quince días se acercaba hasta la carcel de Nanclares de la Oca y allí tenía lugar el bis a bis más apasionado del centro... Tanto, que hasta considero que era el único preso que no llevaba cuenta de los días que me restaban para cumplir la condena.&lt;br /&gt;  Y es que estaba tan enamorado de la mujer que cambió mi historia y mi geografía que hasta el significado de la palabra libertad feneció ahogándose en el brillo de sus maravillosos ojos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/25777888-114465941801458836?l=rapatundas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://rapatundas.blogspot.com/feeds/114465941801458836/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=25777888&amp;postID=114465941801458836' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114465941801458836'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/25777888/posts/default/114465941801458836'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://rapatundas.blogspot.com/2006/04/un-polvo-difcil.html' title='Un polvo difícil'/><author><name>Suso</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
